Cuando hace unas semanas desde el Pentágono estadounidense se presentó la Estrategia de la Gran Norteamérica, en realidad se estaba rescatando la estrategia de seguridad nacional que los Estados Unidos activó durante la Segunda Guerra Mundial. Una aspiración tan antigua como la propia independencia de las 13 colonias británicas de Norteamérica que se produjo en 1776, que en este 2026 celebra su 250 aniversario. El origen de los Estados Unidos de América está íntimamente ligado a la aspiración de dominar todo el continente, pero además con una visión excluyente de otros pueblos o comunidades que no fueran de raza blanca anglosajona. En toda esta idea de dominación hay una raíz claramente racista y clasista que contempla al mundo como un espacio de explotación para obtener el máximo poder.
Durante la expansión de los Estados Unidos hacia el oeste para alcanzar las costas del Pacífico, además de arrebatar a México más de la mitad de su territorio heredado del antiguo Virreinato de Nueva España, se desplegó una política de gran agresividad contra los pueblos indígenas. En este sentido podemos hablar claramente de uno de los mayores genocidios que se hayan cometido en la historia, no solo ocupando territorios, sino acabando con las formas de vida y con las culturas de cientos de tribus indígenas de Norteamérica. Este proceso expansionista se completó durante la segunda mitad del siglo XIX con la ocupación de Hawái en mitad del océano Pacífico, con la compra de Alaska a Rusia y con la conquista de los restos del Imperio Español (Filipinas, Cuba y Puerto Rico).
En lo que respecta a Centroamérica, se iniciaron diversos planes de ocupación en el momento de que los Estados Unidos forzaron a México para reconocer sus actuales fronteras. Fue entonces cuando estalló la llamada “fiebre del oro” en las montañas de California, entre los años 1848 y 1855. En realidad, esta fue la excusa para hacer un llamamiento de colonos con el fin de ocupar un extenso territorio poblado mayoritariamente por tribus indígenas, pero también con importante presencia de población mestiza de la antigua ocupación española. Para los colonos anglosajones procedentes de la costa atlántica de los Estados Unidos, realizar este viaje por tierra suponía afrontar grandes peligros y dificultades. Por este motivo se empezaron a organizar viajes en barco hacia los puertos del Caribe de México y de Centroamérica, y desde estos puntos por tierra y por la costa del Pacífico para alcanzar California. No fue casualidad, pues, que entre 1856 y 1857 se produjera un grave conflicto en la actual frontera del río San Juan entre Nicaragua y Costa Rica, protagonizado por un ejército de mercenarios norteamericanos bajo el mando del líder William Walker. Este personaje pretendía controlar la ruta que remonta el río San Juan desde la costa del Caribe hasta el gran lago de Nicaragua, que era una de las que se utilizaban para llegar a California, conocida como la “Vía del Tránsito”. Un plan con el fin último de crear una nueva república que con el tiempo pasase a estar controlada por los Estados Unidos.
La campaña de la “Vía del Tránsito” que durante 2 años enfrentó al ejército de William Walker con fuerzas militares de Costa Rica y Nicaragua, se saldó con la muerte de unos 1.000 mercenarios invasores y unos 4.000 soldados centroamericanos. La frontera del río San Juan entre Costa Rica y Nicaragua quedó marcada para siempre, pero ambos países salvaguardaron sus respectivas soberanías. En cualquier caso, este primer intento de ocupación estadounidense en Centroamérica inauguró su creciente interés por controlar el importante espacio geoestratégico de la región. Entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, los Estados Unidos forzaron la independencia de Panamá que hasta entonces pertenecía a Colombia, y con ello adquirieron el control del conocido canal interoceánico que se construyó en ese tiempo. El Canal de Panamá inaugurado en 1914, estuvo bajo la administración estadounidense hasta el último día de 1999.
El caso de Costa Rica en su relación con los Estados Unidos, sí que empezó a tener un camino de entendimiento y colaboración a partir de la presencia de empresarios del comercio agrícola. Concretamente, el empresario Minor Keith establecido en Costa Rica a partir de 1871, fue quien puso las bases de la gran empresa que a partir de 1899 empezó a conocerse como la United Fruit Company. Esta empresa compró gran cantidad de tierras para el cultivo del banano en todo el país y en el resto de los países centroamericanos, y además se encargó de construir líneas de ferrocarril para mover sus mercancías. El poder de la United Fruit Company llegó a ser tan grande en toda Centroamérica durante el siglo XX, que todos los gobiernos estuvieron siempre muy condicionados por esta compañía. La revolución producida en 1948 que dio lugar a la Segunda República de Costa Rica no puede entenderse sin la participación de la United Fruit Company. Del mismo modo, las guerras civiles y dictaduras que se dieron en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá, tampoco pueden entenderse sin la influencia norteamericana, no solo empresarial, sobre todo de sus servicios de inteligencia después de la Segunda Guerra Mundial.
Pero volvamos a Costa Rica y al porqué de su estrecho vínculo con los Estados Unidos. La realidad es que el principal factor de peso es la pura geografía física, el hecho de que ambos países comparten espacio continental. Hay una distancia demasiado corta como para escapar de la influencia de una superpotencia tan hegemónica. En Costa Rica, actualmente el 70% de las empresas extranjeras que operan en el país son estadounidenses, mientras que el 60% de los turistas que visitan cada año el país también son de nacionalidad estadounidense. Si a estos datos sumamos el hecho de que desde hace más de un siglo muchos políticos y empresarios costarricenses se han formado en escuelas y universidades de los Estados Unidos, es evidente que desde el punto de vista ideológico la relación es inevitable.
Uno de los ejemplos más claros de personajes que fueron clave para la relación moderna entre Costa Rica y los Estados Unidos lo representa la figura de José Figueres Ferrer, el líder de la revolución que triunfó en 1948, quien se había formado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts de Boston en los años 20. En aquel tiempo durante la primera mitad del siglo XX, la penetración de la influencia estadounidense en Costa Rica fue muy grande, principalmente a través de la United Fruit Company, una multinacional que trajo a gran cantidad de técnicos y gerentes que en muchos casos compraron tierras y decidieron quedarse a vivir en un país que ofrecía mucha paz y bienestar. Asimismo, tanto estos nuevos colonos como otros grupos de colonos estadounidenses que fueron llegando durante la segunda mitad del siglo XX, tuvieron todas las facilidades para conseguir tierras casi vírgenes que con el paso del tiempo se convirtieron en santuarios naturales o en destinos de ecoturismo y agroturismo. Esta base de población estadounidense fue fundamental para la consolidación de las infraestructuras turísticas que actualmente hacen de Costa Rica el principal referente de ecoturismo en Centroamérica, que de paso ha convertido a este país en un destino muy cotizado para la compra de propiedades destinadas a segundas residencias de ciudadanos con pasaporte estadounidense. Este contexto también ha favorecido al blanqueo de capitales a través de la compra y venta de tierras.
Puede decirse claramente, que dentro de un proceso de 150 años Costa Rica se acabó convirtiendo en un “protectorado” de los Estados Unidos. El propio José Figueres Ferrer, que ostentó el cargo de presidente de Costa Rica en diferentes etapas, entre 1948 y 1949, entre 1953 y 1958, y entre 1970 y 1974, estuvo casado con dos mujeres estadounidenses que reforzaron esta influencia norteamericana en sus políticas. Uno de sus hijos, José María Figueres Olsen, también llegó a ser presidente de la República de Costa Rica entre 1994 y 1998, quien en los años 70 recibió formación en la famosa Academia Militar de los Estados Unidos en West Point. Tanto en lo político, como sobre todo en lo económico, Costa Rica guarda una relación de máxima proximidad respecto a los Estados Unidos. En todos los bancos del país es posible tener una cuenta personal en dólares estadounidenses, y de igual modo es posible pagar en efectivo con dólares estadounidenses en la mayoría de los negocios turísticos.
Un país como Costa Rica también ha servido de plataforma para las operaciones de los servicios de inteligencia estadounidenses, tal como se demostró en los años 80 del siglo XX con las acciones de la guerrilla denominada “La Contra”, financiada directamente por el Gobierno de los Estados Unidos. Esta guerrilla que operaba para sabotear la revolución sandinista en Nicaragua tenía una de sus principales bases en el lado costarricense de la frontera del río San Juan. Desde entonces, el narcotráfico en la región centroamericana se ha convertido en un potente negocio que genera un movimiento económico extraordinario, siendo Costa Rica una conexión central para la gestión de las operaciones que triangulan entre México, República Dominicana y el propio territorio costarricense. Todo este contexto no solo proporciona grandes beneficios económicos a muchas personas, sino que de paso sirve para financiar las campañas políticas en Centroamérica y el Caribe. Los excedentes económicos de esta actividad también son utilizados para la inversión en extensos cultivos de piña que han convertido a Costa Rica en el primer productor mundial de esta fruta.
En definitiva, Costa Rica es un socio clave de Estados Unidos en Centroamérica por ubicación y relación histórica, lo cual explica que en los últimos 2 años se anularan visados estadounidenses a funcionarios costarricenses que negociaban diversos acuerdos con representantes de empresas chinas. De todos modos, hay también suficientes voces de peso en Costa Rica que reclaman seguir reforzando los lazos con la República Popular China. La mejor prueba se dio en la reciente toma de posesión de la presidenta Laura Fernández, a la cual acudió el director de la Agencia de Cooperación para el Desarrollo Internacional de China, el señor Chen Xiaodong, quien fue recibido en primera instancia por Rebeca Grynspan, la destacada economista costarricense que se postula como candidata para presidir las Naciones Unidas. Sin duda, será el marco del humanismo y la lucha contra la pobreza donde China y Costa Rica podrán encontrar su encaje definitivo sin injerencias.





















