Ximena Madrigal Amador
Historiadora (UCR), comunicadora social y analista internacional.
El 8 de mayo del 2026, en el Estadio Nacional de San José, la joya de La Sabana, Costa Rica celebra uno de sus rituales más arraigados: el traspaso de poderes del ejecutivo. Gratuito, abierto a todos, con mandatarios internacionales como testigos. Y el escenario no es un detalle menor: ese estadio fue construido y donado íntegramente por la República Popular China, valorado en más de cien millones de dólares, como gesto concreto de cooperación tras el establecimiento de relaciones diplomáticas en junio del 2007, durante la administración de Óscar Arias Sánchez. Costa Rica fue entonces el primer país centroamericano en dar ese paso, una decisión que abrió posibilidades que aún no se han aprovechado en su totalidad.
Entre los invitados de honor se encuentra Chen Xiaodong, presidente de la Agencia China de Cooperación Internacional para el Desarrollo (CIDCA) y enviado especial del presidente Xi Jinping. Su visita comenzó el 7 de mayo, un día antes de la ceremonia, con una reunión bilateral con la presidenta electa Laura Fernández —una señal clara de que este viaje tiene una dimensión que va más allá del protocolo y refleja el interés de China en fortalecer vínculos con la nueva administración desde el primer día. Chen es un experimentado diplomático que desde abril de 2025 encabeza la CIDCA y ha presidido acuerdos de cooperación con decenas de países en los últimos meses.
¿Qué es la CIDCA y por qué importa para Costa Rica?
Creada en 2018 y adscrita directamente al Consejo de Estado chino, la CIDCA coordina la política de ayuda exterior y cooperación al desarrollo de la República Popular China. Opera bajo los principios de la Cooperación Sur-Sur: inversión en infraestructura, transferencia de tecnología, formación técnica y ayuda no reembolsable, sin imponer condicionalidades de política interna a los países receptores. Es, en la práctica, el instrumento central a través del cual China avanza en la construcción de lo que el presidente Xi Jinping denomina una comunidad de destino compartido de la humanidad: la idea de que el desarrollo sostenible y la prosperidad no son un juego de suma cero, sino un proyecto que se construye en conjunto, desde el beneficio mutuo y el respeto a las distintas realidades nacionales. En 2024, la CIDCA ejecutó más de 1.700 programas de capacitación en todo el mundo, entrenando a más de 48.000 personas en sectores que van desde salud pública hasta agricultura de precisión.
Su huella en la región es ya concreta y diversa. En varios países de América Latina y el Caribe, la CIDCA ha financiado proyectos de vivienda social, ampliación de capacidad eléctrica, modernización de aeropuertos y carreteras, sistemas de agua potable y saneamiento, y equipamiento hospitalario. En el ámbito educativo, ha instalado los llamados "Luban Workshops" —talleres de formación técnico-vocacional integrados a universidades locales, equipados con maquinaria china de última generación— en países de Asia, África y América Central. En Panamá, trabajó directamente con la Caja del Seguro Social y el Instituto de Acueductos y Alcantarillados en proyectos de salud pública e infraestructura básica. En Chile, colaboró con el PNUD en modelos de alianza público-privada para la reducción del riesgo de desastres. El financiamiento en todos estos casos se ofrece bajo condiciones altamente concesionales: tasa cero, no reembolsable o con plazos extendidos.
Lo que Costa Rica puede poner sobre la mesa
El portafolio de lo que Costa Rica podría negociar tiene precedentes regionales en cada sector, y coincide con algunas de las brechas más documentadas del país.
La infraestructura vial es quizás la más visible, ya que acumula años de retrasos; la conectividad de la zona sur y del Caribe sigue siendo un freno al desarrollo regional. Son proyectos de alto impacto y amplia demanda ciudadana.
Los colegios técnicos profesionales (CTP) son otro terreno fértil. El sistema costarricense es sólido en cobertura, pero enfrenta rezagos en equipamiento. Un "Luban Workshop" instalado en el CTP de La Carpio, Limón o Puntarenas podría transformar la formación en manufactura avanzada, electrónica e inteligencia artificial aplicada, exactamente los perfiles que demandan las empresas instaladas en zonas francas como Coyol.
En energía, Costa Rica cuenta con una matriz casi cien por ciento renovable, pero con necesidades reales en almacenamiento, modernización de redes y resiliencia climática. China es hoy el mayor productor mundial de baterías de almacenamiento y tecnología de redes inteligentes, áreas donde la cooperación técnica tendría impacto directo en el sistema eléctrico nacional.
La agricultura de valor agregado abre otra oportunidad. Costa Rica exportó en 2024 millones de dólares en productos hacia China, con un alto crecimiento porcentual en un solo año. Apoyo técnico en trazabilidad, procesamiento y acceso al mercado chino podría beneficiar directamente a productores de piña, café especial, carne y productos del mar, ampliando esa cifra de manera sostenida.
Finalmente, el transporte urbano del Gran Área Metropolitana es uno de los pendientes más sentidos por la ciudadanía. Otros países de la región han renovado sus flotas de autobuses mediante esquemas de cooperación con China. Costa Rica tiene un sistema de transporte público con décadas de rezago que ninguna administración ha logrado modernizar de manera integral.
Una conversación que ya comenzó
Costa Rica llega a esta relación con activos claros: estabilidad institucional, capital humano calificado, una posición geográfica estratégica y un intercambio comercial bilateral que alcanzó un récord histórico en 2024. Dieciocho años de relaciones diplomáticas han demostrado que la asociación es posible y mutuamente beneficiosa.
La reunión del 7 de mayo entre Chen Xiaodong y Laura Fernández, un día antes de su toma de posesión, marca el inicio formal de esa conversación. Lo que venga después dependerá de con cuánta claridad y preparación técnica el nuevo gobierno decida continuarla.





















