Con el eslogan de “servir al pueblo”, el poderoso Partido Comunista de China (PCCh) fue fundado el 1 de julio de 1921 en la ciudad de Shanghái. Sin embargo, no fue un camino nada fácil el que tuvieron que recorrer los comunistas chinos para consolidar un partido con capacidad de gobierno, el cual actualmente se considera una de las mayores organizaciones políticas del mundo con casi 100 millones de miembros. Si nos remontamos a aquella misma fecha en la que se fundó este partido, el contexto de entonces era el de una China que unos pocos años antes, en 1912, había puesto punto final al régimen monárquico que gobernó el país durante siglos. El derrocamiento de la Dinastía Qing fue un hito histórico que dio paso a la República de China bajo el liderazgo del Partido Nacionalista Chino, más conocido por el nombre chino de Kuomintang (KMT). Este partido fue creado en 1894, y tras la fundación del Partido Comunista de China los dos partidos colaboraron en la gobernabilidad del país, pues a ambos les unía la aspiración de crear estructuras de Estado fuertes y modernas, que permitiera superar la grave crisis social y económica que se arrastraba desde la época de las Guerras del Opio de mediados del siglo XIX. Un contexto que exponía a China a la invasión permanente de potencias extranjeras.
Pero los problemas para China resurgieron a partir de 1927, cuando estalló una guerra civil enfrentando a bandos de los dos partidos. El bando de partidarios del Partido Comunista creó el llamado Ejército Popular de Liberación, el cual protagonizó entre 1934 y 1935 una retirada desde el sur del país hacia el norte, operación conocida como la “Larga Marcha”, con 12.500 kilómetros de recorrido para consolidar posiciones libres del dominio del Ejército del Kuomintang. Durante este repliegue de las fuerzas comunistas emergió el liderazgo de Mao Zedong, llamado a dirigir el país en el futuro.
La disputa entre el Kuomintang y el Partido Comunista cesó por un tiempo a causa de la invasión de Japón a partir de 1937, lo cual volvió a unir a ambos partidos en la lucha por la liberación del país hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Pero tras la derrota japonesa se reinició la guerra civil entre los dos partidos hegemónicos de China, que finalmente concluyó en 1949 con el triunfo definitivo del Ejército Popular de Liberación. El bando del Kuomintang se refugió en la isla de Taiwán, todavía hoy el territorio insular chino que se resiste a aceptar la reunificación de “una sola China”. Durante el mes de septiembre de 1949 se constituyó la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, integrada por representantes del Partido Comunista de China, otros partidos democráticos, organizaciones de masas, varias localidades, el Ejército Popular de Liberación, minorías étnicas, chinos de ultramar y grupos religiosos. El objetivo de esta conferencia no fue otro que la definitiva fundación del Estado moderno chino bajo el liderazgo del Partido Comunista de China, que desembocó en la proclamación de la actual República Popular China el 1 de octubre de 1949, con Mao Zedong reconocido como “líder supremo” hasta su muerte en 1976.
El inicio de la República Popular China puso fin al “Siglo de la Humillación”, el país consolidó la unidad territorial a excepción de Hong Kong, Macao y Taiwán, y al mismo tiempo se impulsó todo un proceso de transformaciones sociales con muchos sacrificios. Un aspecto destacado fue la creación de cientos de universidades públicas en toda China que hoy son imprescindibles para generar miles de ingenieros. Otro aspecto fue el inicio de los Planes Quinquenales de economía planificada socialista para desarrollar el país a corto, medio y largo plazo. Tras la etapa de Mao y una corta etapa de transición llegó el liderazgo de Deng Xiaoping en el Partido Comunista y en la presidencia de la República Popular China, entre finales de 1978 y finales de 1989. Esta etapa de apertura hacia el resto del mundo se considera clave en la evolución de China para convertirse en la segunda potencia económica del planeta, pues se adoptó un nuevo modelo de “socialismo de mercado”, también conocido como “capitalismo de Estado”.
Demostración de fuerza del Partido Comunista de China durante el desfile de Conmemoración del Fin de la Segunda Guerra Mundial en la capital de Beijing, en septiembre de 2025. Fotos Sergi Lara
Bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, el objetivo prioritario fue mejorar considerablemente las condiciones de vida de la población china. A este carismático líder se le atribuye una célebre cita: “No importa de qué color sea el gato, lo que importa es que cace ratones”. Con esta frase se quiso subrayar que a partir de entonces China iba a experimentar un modelo híbrido propio, una combinación de capitalismo y socialismo bajo las directrices del Partido Comunista. Por un lado, seguir transformando la economía de manera más profunda para adaptarla a la realidad de las mayores potencias occidentales, y con ello impulsar la competitividad de las industrias chinas a todos los niveles, tanto de cara al comercio exportador como de cara a la modernización del país mediante la construcción masiva de infraestructuras de primer nivel. Por otro lado, asegurar en todo momento el carácter popular de las estructuras del Estado chino como protector de las garantías sociales básicas para toda la población del país sin dejar a nadie atrás.
Después de Deng Xiaoping, los sucesores Jiang Zemin hasta 2002, Hu Jintao hasta 2012 y Xi Jinping desde 2012, han mantenido las líneas maestras del “socialismo con características chinas” para garantizar en todo momento el desarrollo industrial y tecnológico, así como el progreso social y económico que ha permitido en un proceso de cuatro décadas situar a la República Popular China en la vanguardia del mundo. Asimismo, las políticas dirigidas por el Partido Comunista de China han sido fundamentales en estas mismas décadas para sacar de la pobreza a unos 800 millones de ciudadanos chinos de un total de 1.400 millones de la población del país, un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad. En este momento, el último horizonte previsto para los dirigentes comunistas chinos es alcanzar la mítica fecha del 1 de octubre de 2049, cuando se conmemorará el centenario de la fundación de la República Popular China, con el objetivo de que la gran mayoría de la población china se convierta en una “sociedad modestamente acomodada”. Este concepto sería el equivalente al de una clase media en general, con las principales garantías sociales y la igualdad de oportunidades aseguradas por el Estado.
En este sentido, en el de garantizar al mismo tiempo el progreso social y el progreso económico, es donde el papel del Partido Comunista de China es absolutamente fundamental. Si comparamos este modelo con el de las llamadas “democracias liberales”, la nota destacada es la fortaleza del Estado chino frente a los poderes económicos privados. Un choque de modelos que hoy queda más evidenciado que nunca cuando vemos la gran cantidad de población marginal o excluida que vive en los países occidentales, entre un 30% y un 50% del total de población de cada país, algo que en la actual República Popular China es impensable. Por lo tanto, este papel regulador de la economía y protector de los derechos más elementales se percibe como un factor imprescindible del “socialismo con características chinas”. Un modelo que hoy por hoy se analiza en todo el mundo, ya sea por parte de economistas, sociólogos, geógrafos, urbanistas o politólogos, pues se trata de un fenómeno capaz de adaptarse año tras año a la acelerada transformación de la humanidad del siglo XXI.
En este momento los retos que afronta la humanidad para la gobernanza global y para la gobernanza local, exigen de una manera muy clara tanto una planificación rigurosa como una dirección desde la cúpula de un Estado sólido. Es por lo que los 105 años de recorrido del Partido Comunista de China deben considerarse muy seriamente. Más allá de la ideología política, el modelo chino expresa otros aspectos de mayor calado. Aquí ya estamos hablando de valores culturales y sociales de una civilización milenaria que ya no acepta la vergüenza frente a los enemigos externos, y en cambio, exige dignidad para todo el país sin exclusiones. El alcance actual del desarrollo humano en China, tecnológico y social, está llegando a tal dimensión que el liderazgo del Partido Comunista es identificado por la población como una pieza imprescindible para el buen funcionamiento del país. En este contexto, conceptos como el clasismo y el elitismo excluyentes quedan al descubierto como las principales amenazas del modelo de Estado chino. En Occidente, pues, los analistas deberían tomar buena nota sobre el valor indiscutible de una organización política que funciona con rigor para “servir al pueblo” con toda la determinación.
Centro urbano e interior de una sala del Museo del Partido Comunista de China en Shanghái, la ciudad china más poblada y capital económica del gigante asiático. Fotos Sergi Lara
El XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China, celebrado el año 2017, marcó un punto de inflexión para hacer balance entre el pasado y el presente de esta organización, desde sus principios fundacionales hasta los principios que hoy rigen la política de la actual dirección del partido. Un balance que de manera explícita sirvió para conectar a las tres principales generaciones de dirigentes del comunismo chino con sus tres principales líderes a la cabeza (Mao Zedong, Deng Xiaoping y Xi Jinping), quienes representan el inicio de nuevos rumbos políticos que han servido para impulsar el partido y adaptar el país a cada momento histórico. De lo que se publicó al finalizar dicho Congreso he seleccionado unos fragmentos:
“El Partido Comunista de China es la vanguardia de la clase obrera china, del pueblo chino y de la nación china. Es el núcleo dirigente de la causa del socialismo con características chinas y representa las demandas de desarrollo de las fuerzas productivas avanzadas de China, la orientación de la cultura avanzada china y los intereses fundamentales de la mayor mayoría posible del pueblo chino”.
“Bajo la guía del Pensamiento de Mao Zedong, el Partido Comunista de China condujo al pueblo chino de todos los grupos étnicos en la larga lucha revolucionaria contra el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático, asegurando la victoria en la nueva revolución democrática y fundando la República Popular China”.
“Tras la Tercera Sesión Plenaria del XI Comité Central del Partido Comunista de China, los comunistas chinos, con el camarada Deng Xiaoping como su principal representante, analizaron las experiencias, tanto positivas como negativas, vividas desde la fundación de la República Popular, liberaron la mente y buscaron la verdad en los hechos. Reorientaron el trabajo de todo el Partido hacia el desarrollo económico e introdujeron la reforma y la apertura, inaugurando así una nueva era de desarrollo del socialismo”.
“Desde el XVIII Congreso Nacional del Partido, los comunistas chinos, con el camarada Xi Jinping como su principal representante, en respuesta a los acontecimientos contemporáneos e integrando la teoría con la práctica, han abordado sistemáticamente la cuestión fundamental de nuestro tiempo: qué tipo de socialismo con características chinas exige la nueva era y cómo debemos defenderlo y desarrollarlo”.
“China se encuentra actualmente en la etapa primaria del socialismo y permanecerá así durante mucho tiempo. Esta es una etapa histórica ineludible, ya que China, que solía estar rezagada económica y culturalmente, avanza en su modernización socialista; este proceso durará más de un siglo. El desarrollo del socialismo en China debe partir de sus propias circunstancias y seguir el camino del socialismo con características chinas. En la etapa actual, la principal contradicción en la sociedad china radica en la relación entre las crecientes necesidades de la población por una vida mejor y un desarrollo desequilibrado e insuficiente. Debido a factores internos e influencias internacionales, cierta lucha de clases persistirá durante mucho tiempo, e incluso podría acentuarse en determinadas circunstancias”.
“El Partido debe comprometerse con una filosofía de desarrollo centrada en las personas y perseguir la visión de un desarrollo innovador, coordinado, verde y abierto para todos. El punto de partida general y los criterios para evaluar cada acción del Partido son que debe beneficiar el desarrollo de las fuerzas productivas socialistas, contribuir al fortalecimiento general de la China socialista y ayudar a mejorar el nivel de vida de la población. El Partido debe respetar el trabajo, el conocimiento, el talento y la creatividad, y asegurar que el desarrollo y sus frutos sean para el pueblo y dependan del pueblo”.
“Un compromiso continuo con la reforma y la apertura es el camino hacia una China más fuerte. Solo mediante la reforma y la apertura podemos desarrollar China, el socialismo y el marxismo”.
“El Partido Comunista de China liderará al pueblo en el desarrollo de la economía de mercado socialista. Se mantendrá firme en la consolidación y el desarrollo del sector público de la economía y se mantendrá constante en el fomento, el apoyo y la orientación del desarrollo del sector no público”.
“El Partido se esforzará por desarrollar iniciativas educativas, científicas y culturales, promover la evolución creativa y el desarrollo innovador de la refinada cultura tradicional china, impulsar nuestra cultura revolucionaria, desarrollar una cultura socialista avanzada y fortalecer el poder blando cultural de nuestro país”.
“El Partido Comunista de China guiará al pueblo en la construcción de una sociedad socialista armoniosa. De acuerdo con las exigencias generales de la democracia y el estado de derecho, la equidad y la justicia, la honestidad y la fraternidad, el vigor y la vitalidad, la estabilidad y el orden, y la armonía entre la humanidad y la naturaleza”.
“El Partido fortalecerá la filosofía que sustenta la civilización ecológica, según la cual la naturaleza debe ser respetada, adaptada y protegida; comprenderá plenamente que las aguas cristalinas y las montañas exuberantes son bienes invaluables; seguirá la política nacional de conservación de los recursos y protección del medio ambiente”.
“En asuntos internacionales, el Partido Comunista de China defenderá la justicia de intereses comunes, salvaguardará la independencia y la soberanía de China, se opondrá al hegemonismo y a la política de poder, defenderá la paz mundial, promoverá el progreso humano, trabajará para construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad y promoverá la construcción de un mundo armonioso de paz duradera y prosperidad común”.
Clase en una escuela pública de la región del Tíbet. Foto Sergi Lara
Grupo de adultos practicando taichí en un parque público de Beijing. Foto Sergi Lara





















