Lunes, 22 de junio de 2026

105 años del Partido Comunista Chino y su legado para la humanidad

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Lunes, 22 junio 2026
105 años del Partido Comunista Chino y su legado para la humanidad

Ximena Madrigal Amador
Historiadora (UCR), comunicadora social y analista internacional.
@rabot_rants

Estamos ante el 105 aniversario de la fundación del Partido Comunista Chino, ocurrida un 1 de julio en Shanghái. Para ese momento, tanto Shanghái como el resto de China ya habían sufrido, y lo seguirían haciendo por algunas décadas más, las invasiones extranjeras británicas, francesas y japonesas que condicionaron a un pueblo entero a la humillación constante y a la imposibilidad de consolidarse como una nación próspera y fuerte. Setenta y siete años después de proclamada la República Popular China, el gigante asiático sigue, a su propio ritmo, edificando ese camino. Resulta significativo que, mientras buena parte del mundo ya habla de China como una superpotencia, su propia dirigencia comunista se resista a aceptar esa etiqueta, reconociéndose todavía como una nación en desarrollo que no ha completado sus objetivos máximos.

Esta autora, como observadora de una pequeña nación centroamericana que ha tenido la fortuna de pisar el suelo de esta civilización milenaria, me atrevo a decir que el término "superpotencia" le queda corto, no bajo los parámetros burgueses, liberales o imperialistas de los que China precisamente busca distanciarse, y con buena razón, sino en el sentido de que representa un faro de luz, un ejemplo digno para el Sur Global: la prueba de que se puede reducir la desigualdad, ampliar la economía y el desarrollo tecnológico de punta sin pisotear a las naciones más débiles, sin doblegar a los aliados ni intervenir en sus asuntos internos. Vista así, la fundación del Partido y, después, la fundación de la República Popular, no son solo logros locales: son, en buena medida, un regalo a la humanidad.

Basta recordar que China ha sacado a más de 800 millones de personas de la pobreza extrema, que ha sostenido la estabilidad económica frente a sucesivas crisis globales y que ha logrado un acceso multidimensional a servicios básicos, educación, vivienda y salud para una población que hace un siglo era sinónimo de hambruna y semicolonialismo. A ello se suma un giro hacia el desarrollo de tecnología verde del que el resto del mundo, en particular las naciones que hoy reducen su huella de carbono gracias a paneles solares, baterías y vehículos eléctricos fabricados en China, debería sentirse beneficiado. Lo más relevante, sin embargo, es que estos logros no son hechos aislados: responden a una continuidad de principios diplomáticos que arranca en 1921 y que sigue viva hoy en la forma en que China se relaciona con el mundo.

Esa continuidad tiene su primera piedra en Mao Zedong, cuya comprensión de las relaciones internacionales estuvo marcada por la experiencia china de intervención extranjera y humillación nacional. Para Mao, el imperialismo era el obstáculo central a la independencia de los pueblos oprimidos, y de ahí nació el principio del zili gengsheng, la autosuficiencia, como condición de toda soberanía real. Aunque Xi Jinping ya no recurre al lenguaje revolucionario de la era maoísta, su insistencia en denunciar el hegemonismo, las sanciones unilaterales y la política de bloques es, en el fondo, la misma preocupación de fondo: impedir que las potencias dicten las decisiones políticas y económicas de los países más débiles.

Fue Zhou Enlai quien tradujo ese antiimperialismo en una doctrina diplomática operativa. En la Conferencia de Bandung de 1955 nacieron los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica (respeto mutuo a la soberanía y la integridad territorial, no agresión, no interferencia en los asuntos internos, igualdad y beneficio mutuo, y coexistencia pacífica), que se convertirían en el cimiento de la diplomacia china. Durante su gira por África y Asia de 1963-1964, Zhou Enlai sostuvo que todos los países del mundo, grandes o pequeños, fuertes o débiles, son iguales, y de esa misma gira surgieron los Ocho Principios para la ayuda exterior china: cooperación entre iguales, sin condicionalidades políticas, orientada a fortalecer la autosuficiencia del país receptor en lugar de generar dependencia. El ferrocarril Tazara, construido por China entre Tanzania y Zambia en plena Guerra Fría sin exigir alineamiento ideológico ni reformas internas a cambio, sigue siendo el ejemplo más citado de ese principio en la práctica.

Deng Xiaoping heredó esta tradición y la adaptó a un nuevo momento histórico: sin abandonar la soberanía ni la no interferencia, concluyó que la modernización económica era la tarea central de la nación, y que el desarrollo mismo era una forma de liberación nacional. La apertura china a la inversión, el comercio y la tecnología no fue, en este sentido, una ruptura con Mao y Zhou, sino la búsqueda de los mismos fines (soberanía, dignidad, autonomía) por otros medios.

Xi Jinping, en esa lectura, no inventa: profundiza y continúa. La "Comunidad de Destino Compartido para la Humanidad" amplía la coexistencia pacífica de Zhou a una visión de gobernanza global; el llamado a la multipolaridad continúa la insistencia de Zhou en que los asuntos internacionales no pueden ser monopolio de unas pocas potencias; y la Iniciativa de la Franja y la Ruta, lanzada en 2013, globaliza la diplomacia del desarrollo que Zhou ya practicaba en los años sesenta. El propio Xi ha explicado en varias ocasiones la razón de ser de esta iniciativa en términos que recuerdan directamente los Ocho Principios de Zhou: ha insistido en que la Franja y la Ruta es "un camino público abierto a todos, no una vía privada que pertenece a una sola parte" , y ha subrayado que todos los países interesados son bienvenidos a participar en la cooperación y a compartir sus beneficios, que esta cooperación está orientada al desarrollo y al beneficio mutuo, y que transmite, en sus propias palabras, un mensaje de esperanza para el mundo en desarrollo (Xi Jinping, "Construir una asociación más estrecha para la Franja y la Ruta" , 20 de abril de 2021). Y al recordar el origen de ese espíritu de cooperación, Xi ha trazado explícitamente la línea histórica que este ensayo defiende: ha señalado que "del ferrocarril Tazara a la Iniciativa de la Franja y la Ruta" , China ha hecho lo posible por ayudar a otros países en desarrollo, ofreciendo al mundo nuevas oportunidades a través de su propio desarrollo, en un discurso pronunciado con motivo del cincuentenario de la restitución del escaño legítimo de la República Popular China en las Naciones Unidas (Xi Jinping, "Restauración del escaño legítimo de la República Popular China en las Naciones Unidas" , 25 de octubre de 2021).

El Foro de Cooperación China-África (FOCAC), fundado en el año 2000, los acuerdos comerciales preferenciales con países africanos como Mauricio, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (creado en 2016) y el Foro China-CELAC con América Latina y el Caribe son la expresión institucional contemporánea de aquellos Ocho Principios: préstamos para infraestructura, como puertos, ferrocarriles, presas y redes eléctricas, generalmente sin condicionalidades políticas internas, a diferencia del modelo de ajuste estructural impuesto históricamente por el FMI y el Banco Mundial a cambio deprivatizaciones y austeridad. La diplomacia de las vacunas durante la pandemia, con donaciones de Sinopharm y Sinovac a decenas de países del Sur Global cuando las potencias occidentales acaparaban las primeras dosis, puede leerse en la misma clave de cooperación sur-sur.

La propia retórica oficial reconoce esta filiación: cuando Zhou Enlai afirmaba en su gira africana que todos los países, grandes o pequeños, son iguales, y cuando décadas después Xi Jinping sostiene que el futuro del mundo debe decidirse entre todos los países en conjunto, ambas frases, separadas por más de medio siglo de historia, expresan el mismo compromiso de fondo con la igualdad soberana y con la oposición a la dominación de las grandes potencias. Esa misma convicción es la que Xi reafirmó en abril de 2022, al proponer ante la comunidad internacional su Iniciativa Global de Seguridad. En ese discurso sostuvo que el mundo debe comprometerse con una visión de seguridad común, integral, cooperativa y sostenible, y enumeró como primer principio de esa visión la necesidad de "respetar la soberanía y la integridad territorial de todos los países" , oponerse a la interferencia en los asuntos internos de cualquier nación y reconocer el derecho de cada pueblo a elegir de manera independiente su propio camino de desarrollo y su propio sistema social (Xi Jinping, "Mantener la paz y la estabilidad mundiales" , 21 de abril de 2022). Esta formulación es, palabra más, palabra menos, el segundo y el tercer Principio de Coexistencia Pacífica enunciados por Zhou Enlai en Bandung casi setenta años antes.

Para quienes seguimos de cerca esta continuidad desde el Sur Global, lo que está en juego es algo distinto a lo que nuestras generaciones anteriores conocieron de las potencias de turno: no bombas ni garrotes, sino la promesa, sostenida en el tiempo, de una diplomacia de beneficio mutuo en la que el Sur también pueda construir su propia política. No se trata de copiar un modelo, algo que traicionaría el espíritu mismo de autodeterminación que el Partido proclama, sino de reconocer sus logros y de preguntarnos qué principios (la planificación orientada al bienestar social, el arraigo en las tradiciones locales, la exigencia de que el más fuerte responda por el más vulnerable) pueden inspirar otras construcciones, propias y distintas, en nuestras propias sociedades.

Este gran gigante no viene con bombas ni con un gran garrote: ofrece ayuda mutua, ofrece un ganar-ganar, y ofrece nuevas perspectivas de una diplomacia equitativa en la que el propio Sur puede construir su política y sus alternativas de enriquecimiento, sin que los países pequeños sean pisoteados por los más grandes. Es un país que, en su historia más reciente, reconoce en carne propia las cicatrices del imperialismo y de la guerra, y que por eso mismo no desea emularlas, sino ofrecer una gobernanza que muchos en Occidente creíamos extinta antes y que, sin embargo, sigue muy viva, y hasta rejuvenecida, en Asia. Para la generación de jóvenes nacidos desde finales de los noventa, que hemos crecido ya con la certeza de que China es un gigante, frente al declive social que observamos en Occidente, cada vez nos cuesta menos voltear hacia el Pacífico, donde un gran sol se levanta.

Por qué China no es imperialista: análisis empírico

Esta misma continuidad diplomática se sostiene, además, en una base estructural que algunos análisis económicos recientes han examinado con detalle. En un estudio publicado en 2021 en la Review of Radical Political Economics, los economistas Zhongjin Li y DavidM. Kotz se preguntan, desde la propia tradición marxista, si China es o se está convirtiendo en una potencia imperialista, y concluyen que no (Li y Kotz, 2021). Partiendo de la definición clásica de Lenin, según la cual el imperialismo supone la dominación económica y política de un país por la clase dominante de otro, ejercida a través del Estado para extraer beneficios extraordinarios, los autores sostienen que esa dominación solo puede sostenerla un Estado controlado por una clase capitalista con interés en imponerla.

China, explican Li y Kotz, combina una base económica capitalista (en 2018 más del 80 por ciento del empleo industrial se concentraba ya en empresas privadas) con un Estado que sigue dirigido por el Partido Comunista, una organización que no responde a los intereses de esa clase capitalista sino a un conjunto distinto de objetivos: el desarrollo económico, el avance tecnológico, una mayor influencia internacional y, más recientemente, la sostenibilidad ambiental. Como esa clase capitalista no controla al Partido ni al Estado, no existe la presión estructural que en otros países ha llevado históricamente a transformar la expansión económica en dominación política sobre otros pueblos: para Beijing resulta simplemente más barato y más eficiente buscar acuerdos de beneficio mutuo que asumir los enormes costos políticos y militares que exige sostener un imperio.

La evidencia empírica que reúnen los autores respalda esa conclusión. Buena parte de los préstamos e inversiones chinas en el extranjero no proviene de capitalistas privados en busca de ganancias, sino de dos bancos estatales de desarrollo, el Banco de Desarrollo de China y el Banco de Importación y Exportación de China, que operan según los objetivos del Partido y no según la lógica de la rentabilidad privada (Horn, Reinhart y Trebesch, 2019, citado en Li y Kotz, 2021). Muchos de esos créditos se otorgan a tasas de interés cercanas a cero, se pagan en ocasiones con recursos naturales y en otros casos terminan condonados (Brautigam, 2009, citado en Li y Kotz, 2021). Para 2019, China había entregado cerca de 56,480 millones de dólares en asistencia para el desarrollo a más de 160 países y había desplegado a más de 600,000 cooperantes (Xinhua, 2019, citado en Li y Kotz, 2021), una escala de cooperación sur-sur que contrasta con las condicionalidades de ajuste estructural que históricamente ha impuesto el llamado Consenso de Washington.

Estudios de campo independientes confirman este patrón sobre el terreno. Investigadores de la School of Oriental and African Studies, tras años de trabajo comparativo en Angola y Etiopía, encontraron que las empresas estatales chinas han sido más receptivas que otros inversionistas extranjeros a las solicitudes de los gobiernos anfitriones en materia de creación de empleo y condiciones laborales (Oya y Schaefer, 2019, citado en Li y Kotz, 2021). Casos como la transición de la cooperación agrícola china en Zambia, que pasó de proyectos de ayuda a relaciones comerciales sin convertirse en control territorial o político (Yan y Sautman, 2010, citado en Li y Kotz, 2021), apuntan en la misma dirección. Desde esta perspectiva económica, la misma conclusión que se desprende de la historia diplomática del Partido, de Zhou Enlai a Xi Jinping, encuentra respaldo en el análisis estructural de su economía: China crece y se proyecta hacia el mundo sin que ello implique, hasta ahora, una dinámica de dominación imperialista sobre otros pueblos.

El propio discurso oficial chino se hace cargo, una y otra vez, de esta misma pregunta. En la ceremonia por el centenario del Partido, en julio de 2021, Xi Jinping repasó la historia de humillación nacional sufrida por China desde la Guerra del Opio y, al hablar del futuro, fue explícito al afirmar que "la nación china no lleva en sus genes el rasgo de la agresión o lahegemonía" , añadiendo que el Partido se preocupa por el futuro de toda la humanidad y desea avanzar junto con todas las fuerzas progresistas del mundo, comprometiéndose a salvaguardar la paz mundial, contribuir al desarrollo global y preservar el orden internacional (Xi Jinping, "Discurso en la ceremonia conmemorativa del centenario del Partido Comunista de China" , 1 de julio de 2021). Meses después, en septiembre de 2021, ante la Asamblea General de la ONU, sostuvo en el mismo sentido que "China nunca ha invadido ni abusado de otros, ni ha buscado la hegemonía" , presentándose como constructor de la paz mundial, contribuyente al desarrollo global, defensor del orden internacional y proveedor de bienes públicos para la comunidad de naciones (Xi Jinping, "Discurso ante el 76. º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas" , septiembre de 2021). Y al dirigirse específicamente a sus vecinos del sudeste asiático en noviembre de 2021, con motivo del trigésimo aniversario de las relaciones de diálogo entre China y la ASEAN, fue todavía más concreto, prometiendo que "China nunca buscará la hegemonía, y mucho menos abusará de los países más pequeños" , al tiempo que defendía un modelo regional construido sobre el diálogo en lugar de las alianzas militares y las confrontaciones de bloque (Xi Jinping, "Construir un futuro espléndido para las relaciones entre China y la ASEAN" , 22 de noviembre de 2021). Estas declaraciones, leídas junto con la evidencia empírica de Li y Kotz sobre la estructura de la inversión y el crédito chinos, sugieren que la autodefinición no imperialista de China no es solo una postura retórica, sino una descripción razonablemente consistente con el comportamiento observado de su Estado en el mundo.

Por todo ello, en este 105 aniversario de la fundación del Partido Comunista Chino, vaya una felicitación sincera, no solo al pueblo chino, sino a la idea misma que representa: la de que el desarrollo y la dignidad de los pueblos no tienen por qué construirse sobre la sumisión de otros. Ciento cinco años después de aquel 1 de julio en Shanghái, la coherencia entre lo que el Partido prometió y lo que ha ido construyendo, de Mao a Zhou, de Deng a Xi, es en sí misma motivo de celebración, y una invitación abierta para que el Sur Global, cada uno desde su propia historia y sus propias tradiciones, encuentre en este ejemplo no un molde que copiar, sino un camino que seguir.

Referencias

Li, Zhongjin, y David M. Kotz. (2021). ¿Es China imperialista? Economía, Estado e inserción en el sistema global. Review of Radical Political Economics.
https://doi.org/10.1177/04866134211018868

Xi Jinping. (2023). La gobernación y administración de China, Volumen IV. Beijing: Foreign Languages Press.

Discursos citados:

-Xi Jinping. Discurso en la ceremonia conmemorativa del centenario del Partido Comunista de China. 1 de julio de 2021.

-Xi Jinping. Discurso ante el 76. º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Septiembre de 2021.

-Xi Jinping. Restauración del escaño legítimo de la República Popular China en las Naciones Unidas. 25 de octubre de 2021.

-Xi Jinping. Construir un futuro espléndido para las relaciones entre China y la ASEAN. 22 de noviembre de 2021.

-Xi Jinping. Construir una asociación más estrecha para la Franja y la Ruta. 20 de abril de 2021.

-Xi Jinping. Mantener la paz y la estabilidad mundiales. 21 de abril de 2022.

Referencias citadas indirectamente en el texto: Horn, Reinhart y Trebesch (2019); Brautigam (2009); Xinhua (2019); Oya y Schaefer (2019); Yan y Sautman (2010), todas referenciadas según aparecen en Li y Kotz (2021).

TIPO DE CAMBIO

Fuente:
Banco Central de Costa Rica
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