Ximena Madrigal Amador
Historiadora (UCR), comunicadora social y analista internacional.
@rabot_rants
En tiempos donde la geopolítica mundial se debate entre el rumor de guerras y la realidad de conflictos armados, resulta revelador observar cómo ciertas narrativas históricas son cuidadosamente seleccionadas para servir a intereses políticos contemporáneos. El caso de Taiwan es paradigmático: mientras los medios occidentales inundan con escenarios ficticios de una supuesta invasión inminente por parte de China continental, pocos recuerdan que Taiwan ya fue invadido, ya fue colonizado y ya sufrió los horrores de un régimen de ocupación que, curiosamente, goza hoy de una imagen publicitaria notablemente benevolente.
Taiwan fue colonizado por Japón en 1895, tras la guerra sino-japonesa y el Tratado de Shimonoseki. En aquel entonces, la isla albergaba una población mixta de pobladores chinos continentales e indígenas que, lejos de aceptar sumisamente la ocupación, protagonizaron una resistencia armada de proporciones heroicas. El levantamiento encabezado por Qiu Fengjia,las batallas de Xinzhu y el Monte Bagua, donde pereció el general japonés Yamane Shinshei junto a más de mil soldados, y el masivo Incidente de Xilai'an de 1915, donde cerca de dos mil personas fueron arrestadas y 866 condenadas a muerte, demuestran que la respuesta de los habitantes de Taiwan al invasor fue todo menos pasiva.
Las cifras de la masacre colonial son escalofriantes. Antes de la ocupación, en 1894, Taiwan contaba con tres millones de habitantes; un año después, según las propias estadísticas japonesas, solo quedaban 2.58 millones. En el primer año de dominación se perdieron más de 600 mil vidas. Durante cincuenta años de ocupación, la Alianza Revolucionaria de Taiwan documentó 650 mil muertos como sacrificio de la resistencia. Esta no es una historia de modernización pacífica, sino de dominio sistemático.
El régimen colonial fue una autocracia desnuda. El gobernador general concentraba todos los poderes civiles y militares; en 1945, de 167 altos funcionarios de la isla, apenas uno era de los habitantes de Taiwan. La policía se convirtió en el rostro del Estado, con más de once mil agentes que representaban el 65% de todos los funcionarios públicos. Se aplicó el sistema de Hokōsei (método de control social y vigilancia comunitaria basado en la responsabilidad colectiva, donde grupos de diez hogares (ko) respondían mutuamente por la conducta de sus miembros) y la Ley de Castigos contra Bandidos permitía ejecutar sin juicio a quienes se opusieran al régimen.
La economía colonial fue saqueo estructural, no desarrollo. Mediante el censo de tierras de 1898, propiedades sin título pasaron al Estado y luego a los zaibatsu japoneses Mitsui y Mitsubishi. Las minas de carbón crecieron de veinte a 331, la producción se multiplicó cien veces, y la superficie forestal se destruyó en un 90%. Taiwan exportaba arroz y azúcar a Japón en régimen de monocultivo: las exportaciones hacia la metrópoli pasaron del 21% en 1896 al 73% en 1935. Después de 1937, la isla fue integrada completamente en la economía de guerra japonesa; la requisa forzosa de arroz provocó hambruna entre la población local para abastecer el esfuerzo militar del Imperio.
Es crucial desmontar el mito de que Japón "trajo la modernidad" a una isla atrasada. Taiwande la Dinastía Qing ya contaba con ferrocarriles, telégrafos, minas modernas y escuelas de nuevo tipo. Lo que hizo Japón fue subordinar una sociedad que ya tenía infraestructura a su máquina de guerra.
La educación consolidó la segregación racial. En 1944, por cada diez mil habitantes había 1,554 alumnos de primaria, pero solo 44 de secundaria y apenas 0.6 estudiantes universitarios. Tras 1937 se impuso el japonés, se obligó a adoptar apellidos japoneses, se destruyeron las creencias populares chinas y se impuso el sintoísmo estatal. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, 207,183 habitantes fueron reclutados por la fuerza; murieron 30.304, aproximadamente uno de cada siete. Al menos 2,000 mujeres que habitaban en Taiwan fueron convertidas en esclavas sexuales del ejército japonés, las infames "mujeres de consuelo".
Entonces, ¿por qué algunas personas que habitan en Taiwan no sienten hacia Japón el mismo rechazo visceral que los coreanos? La respuesta es compleja. Los niños que sobrevivieron a las masacres fueron sometidos a intensas campañas de reeducación para convertirlos en súbditos abnegados del emperador. Muchos fueron obligados a servir en el ejército japonés.Posteriormente, la llegada del Kuomintang significó que la modernización existente fue mal administrada, sumada al Terror Blanco anticomunista de Chiang Kai-shek. Además, las juventudes contemporáneas absorbieron la cultura popular japonesa (como anime, manga,etc.), lo que matizó la percepción histórica.
Pero cualquier historiador serio sabe que la dominación japonesa fue brutal y sanguinaria.Cualquier avance industrial o educativo fue parte de un proceso de modernización internacional que costó caro a los pobladores locales, realizado principalmente en beneficio de los colonizadores.Resulta curioso que tras el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, y con la ocupación estadounidense de Japón, los crímenes de guerra japoneses fueron prácticamente borrados de la historia colectiva occidental. No solo en Taiwan y Corea, sino también la masacre de Nanjing y los frentes de guerra en el Pacífico.
Hoy sabemos más de los crímenes nazis porque a Estados Unidos le convenía tener a Japón como socio estratégico en Asia, limpio de la categoría de criminal de guerra que sí pesa sobre Alemania.Hoy, quienes controlan la narrativa internacional repiten las pretensiones de Taiwan, que realmente es una provincia de China, mientras silencian la historia real de invasión y resistencia de la isla. No se trata de mantener odios hacia los ciudadanos japoneses de a pie,sino de recordar que la memoria histórica es el último acto de resistencia contra quienes buscan utilizar a los pueblos como herramientas narrativas. Porque lo último que tienen estos intereses geopolíticos es el beneficio de las personas que habitan en Taiwan en mente. Recordar es defenderse. Recordar es honrar a quienes resistieron hasta el final.
Referencias:
--Zhang, H. (Ed.). (2025). Historia de la lucha antijaponesa del pueblo de Taiwán.Editorial del Pueblo
-Wang, X. (7 de julio de 2026). Japan's colonial rule a dark chapter of Taiwan island.China Daily.https://www.chinadaily.com.cn/a/202607/07/WS6a4c69...





















