Después de siglos en los que el ser humano ha explotado los territorios de manera intensa, no cabe duda de que buena parte del calentamiento global tiene mucho que ver con la desforestación. Según un informe de las Naciones Unidas, la desertificación lleva décadas acelerándose en todo el mundo, un fenómeno que afecta especialmente a áreas propensas a ser áridas y con climas secos. En total, el planeta ha perdido un tercio de su tierra cultivable y uno de los países más afectados es China, donde el 27% de su superficie es desierto, afectando a unos 400 millones de personas. Sin embargo, para frenar la amenaza constante de la desertificación, China ya inició en el año 1978 su gran proyecto conocido como la “Gran Muralla Verde”, considerado el plan de reforestación más grande del mundo con un horizonte de actuación hasta el año 2050.
El primer objetivo en China fue frenar la expansión del desierto de Gobi y proporcionar madera a la población local. Actualmente, el Gobierno chino trabaja en la plantación de una línea de árboles de unos 4.500 kilómetros de largo que une varias ciudades, mientras que por otro lado se trabaja en estabilizar miles de dunas en movimiento que hoy en día ha reducido el riesgo de tormentas de arena en un 80%. Todos estos trabajos son dirigidos por el Instituto de Ecología de la Academia China de Ciencias, el cual ha determinado que las áreas boscosas en el país han aumentado en más de 150.000 kilómetros cuadrados (tres veces el tamaño de Costa Rica). El número de árboles plantados ronda los 70.000, una reforestación capaz de absorber el 5% de las emisiones totales de CO2 de China entre los años 1980 y 2020. Un esfuerzo que forma parte de toda una estrategia para extender la superficie natural en el país a través de leyes como la “devolución de parte de las tierras de cultivo y de pastos a los bosques y praderas”.
Tramo de la Gran Muralla China entre abruptas montañas que han ganado verdor en los últimos años gracias a la restauración ecológica. Foto Sergi Lara
En el caso de Costa Rica, su historia con la desforestación ha sido muy diferente a la de China, pues tanto los terrenos como el clima del país son muy fértiles y lluviosos. A mediados del siglo XX se calcula que el territorio costarricense estaba cubierto por bosques en un 75% de su superficie, pero justo hacia el año 1950 se inició una desforestación masiva que no finalizó hasta el año 1980. Durante esos 30 años, en Costa Rica se redujo la masa forestal hasta quedar en un 25% de la superficie total, una bestialidad absoluta. El objetivo de aquella política de “tierra quemada” tuvo varios motivos. Por un lado, la creencia de que talar los bosques para dedicarlos a la ganadería extensiva sería muy beneficioso económicamente, ya que desde los Estados Unidos se demandaba gran cantidad de carne para su consumo interno. Por otro lado, el Gobierno costarricense incentivó constantes planes de “colonización de tierras salvajes” que atrajo a muchas personas de pueblos y zonas urbanas, quienes pudieron conseguir grandes propiedades a precios bajísimos. Algunas de estas personas estaban relacionadas con explotaciones agrícolas ya existentes como bananeras y cafetales, que aumentaron así su extensión a medida que se talaban árboles. Otra de las grandes actuaciones de aquellos años fue la construcción de la carretera Panamericana a través del Cerro de la Muerte, que tumbó bosques primarios de roble centroamericano donde todavía se conservaban gran cantidad de ejemplares de tamaño gigantesco. Dentro del mismo contexto histórico también destacó el auge del turismo en zonas costeras del Pacífico costarricense, especialmente en la provincia de Guanacaste que hoy sufre escasez de agua en terrenos que se han tornado áridos de manera irreversible.
Zona de bosque repoblado en un lugar de la Cordillera Volcánica Central de Costa Rica. Foto Sergi Lara
Cuando hacia 1980 gran cantidad de científicos alertaron de la situación alarmante en Costa Rica, se inició un cambio drástico en las políticas de conservación medioambiental del país. La gran suerte para Costa Rica gracias a sus condiciones geográficas y climáticas ha sido que la restauración ecológica puede llegar a ser muy rápida, únicamente dejando de explotar los suelos. Al mismo tiempo, la demanda de naturaleza ligada al valor incalculable que significa la biodiversidad hizo que Costa Rica se especializara en el llamado “ecoturismo” que durante los años 80 del siglo XX eclosionó de manera muy potente. Además de la creación de una extensa red pública de áreas protegidas, muchas propiedades privadas vieron la oportunidad de especializarse como destinos de “ecoturismo”. Actualmente, Costa Rica ha recuperado su superficie forestal que alcanza el 60% del total del país, con un 35% del territorio protegido entre Parques Nacionales y Reservas Naturales.
Aunque China y Costa Rica son países completamente diferentes en su tamaño y en sus características generales, a ambos les une hoy el camino de la restauración ecológica para garantizar progreso social a sus respectivos ciudadanos. En el caso chino, el freno a la desertificación también ha permitido extender las infraestructuras ligadas a las energías renovables de manera impresionante. Asimismo, contemplar el verdor en las montañas y ver correr el agua cristalina en los ríos se ha convertido en todo un símbolo nacional que el mismo presidente Xi Jinping se encarga de recordar en muchos de sus discursos. Por su parte, Costa Rica sigue siendo todo un referente de destino ligado a la biodiversidad y al “ecoturismo” en general. En este terreno, en compartir experiencias relacionadas con la conservación de la naturaleza y el “ecoturismo”, China y Costa Rica pueden explorar muchas oportunidades conjuntas, que de este modo sirva de modelo de cooperación en un mundo que demanda más que nunca la restauración ecológica como único camino posible para la paz y la prosperidad. El mundo del futuro y la generación de oportunidades para las personas, bien seguro que solo puede pasar por este camino.





















