Joaquín Mejía
Managing Partner, Costa Rica, McKinsey
medios_latam@mckinsey.com
Para sorpresa de nadie, la era de la inteligencia artificial ya está aquí. ¿Cuál es la novedad? Que se está desarrollando de forma distinta en cada industria: en 2026, la tecnología en los hospitales no se parece mucho a la banca, ni a la creación de aplicaciones digitales, mucho menos a la industria del entretenimiento. La tecnología es la misma, pero los flujos de trabajo, los riesgos y las barreras para su adopción son diferentes.
La adopción está en ascenso: 80% de las compañías usan IA de una u otra forma, 57% de las actividades en el campo laboral ya pueden automatizarse, y el valor potencial de la IA generativa en la economía global es de US$4,4 trillones. Analizamos en McKinsey cinco industrias distintas como ciencias de la vida, banca, bienes raíces, entretenimiento y desarrollo de software, y en todas aparece el mismo patrón: la IA está dejando de ser una herramienta para convertirse en una nueva forma de operar.
Industria por industria, con la mirada puesta en Costa Rica
En ciencias de la vida, el cambio va mucho más allá del descubrimiento de nuevos medicamentos. Durante años, el aprendizaje automático ayudó a optimizar procesos específicos; ahora la IA tiene el potencial de conectar investigación, desarrollo clínico, manufactura y atención al paciente dentro de un mismo ecosistema. Cerca del 80% de los flujos de trabajo podrían convertirse en procesos gestionados por agentes, con mejoras estimadas de entre 5% y 10% en crecimiento y entre 3% y 5% en márgenes cuando la IA se implementa a escala.
Esto tiene una lectura especial para Costa Rica: somos uno de los principales exportadores de dispositivos médicos de América Latina, con un ecosistema de manufactura médica consolidado en zona franca. Mi lectura es que ese músculo industrial no debería quedarse solo en el ensamblaje y las aplicaciones de AI en productividad; hay una oportunidad real de evolucionar hacia servicios habilitados por IA —como, por ejemplo, el análisis de imágenes, generación de datos clínicos, monitoreo remoto— y de extender ese potencial a el sistema de salud pública, donde la telemedicina apoyada en IA podría cerrar brechas de acceso en zonas rurales.
La segunda industria que quiero abordar es la banca, uno de los temas que sigo más de cerca, y que ofrece una lección igualmente poderosa. Durante años, la transformación digital se tradujo en una sucesión de iniciativas para mejorar la experiencia del cliente, muchas valiosas, pero pocas con impacto transversal. La IA cambia esa lógica: permite rediseñar procesos completos, desde los centros de atención hasta el conocimiento del cliente y las campañas comerciales, mediante agentes capaces de ejecutar tareas de principio a fin. Localmente veo venir un cambio concreto en los próximos años: algunos clientes empezarán a ser atendidos por agentes de IA entrenados de forma prácticamente individual, capaces de conocer su perfil financiero y sus necesidades con el detalle suficiente para servirles de la mejor manera, con cada vez menos interacción humana en el proceso. Aun con ese avance, algunos índices regionales todavía ubican a Costa Rica por debajo de países como Chile, Brasil, Uruguay o Colombia en adopción de IA, lo que me dice que hay margen para acelerar el paso.
Algo similar ocurre en bienes raíces. Existe una enorme expectativa alrededor de herramientas capaces de leer contratos o responder solicitudes de mantenimiento, pero esas aplicaciones representan apenas una fracción del potencial. Estimamos que la IA podría generar entre US$430.000 y US$550.000 millones de valor anual a nivel global en la cadena de bienes raíces, construcción y desarrollo, cuando las empresas rediseñen dominios completos —arrendamiento, operación, administración de activos— mediante agentes coordinados; ya vemos mejoras de entre 10% y 30% en ingresos operativos, costos y tiempos de ciclo. En nuestro mercado, tan ligado al turismo y a la inversión extranjera en zonas como Guanacaste y el Valle Central, creo que las oportunidades más inmediatas están en automatizar trámites, mejorar el análisis predictivo de precios de vivienda y profesionalizar la gestión de propiedades vacacionales, un nicho donde el país ya cuenta con una base sólida de plataformas digitales de alquiler.
En un entorno en el cual las organizaciones están redefiniéndose, la verdadera ventaja competitiva va más allá de la adopción, buscando traducirla en mejores resultados financieros. En mi siguiente artículo abordaré la industria del entretenimiento y la de desarrollo de software, desde el punto de vista de la transformación que está generando la IA en cada una. También abordaré de un tema del que se ha hablado poco: el costo de la IA, ya que sin una estrategia de escalamiento o rediseño de procesos, el gasto podría superar el potencial ahorro estimado.





































