Shermine Elizondo Soto
Gerente de la Práctica de Aduanas
Comercio Exterior y Zonas Francas de KPMG
La competencia global por la inversión extranjera directa (IED) está entrando en una nueva etapa. La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el aumento de medidas comerciales restrictivas, la reconfiguración de las cadenas globales de suministro y las crecientes tensiones geopolíticas están obligando a las empresas multinacionales a replantear dónde invertir. Para Costa Rica, estos cambios representan tanto una oportunidad como una advertencia: atraer inversión en los próximos años dependerá menos de los incentivos tradicionales y más de la capacidad del país para fortalecer su competitividad.
El contexto internacional es cada vez más desafiante. Según la CEPAL, la rivalidad geopolítica y tecnológica entre las principales economías del mundo ha impulsado un incremento de los mecanismos de control y revisión de inversiones por motivos estratégicos. Paralelamente, las empresas buscan cadenas de suministro más resilientes y seguras, priorizando destinos que ofrezcan estabilidad institucional, talento humano y capacidad de adaptación.
Costa Rica parte de una posición favorable. La CEPAL ubica al país entre los principales receptores de IED de América Latina en relación con el tamaño de su economía, con niveles cercanos al 6% del PIB. Además, durante las últimas décadas ha logrado consolidar sectores altamente competitivos como dispositivos médicos, manufactura avanzada, servicios empresariales y tecnologías digitales.
Sin embargo, las señales del entorno no deben ignorarse. Aunque la IED en América Latina registró un ligero crecimiento en 2025, los anuncios de nuevos proyectos disminuyeron un 34%, reflejando una mayor cautela de las empresas multinacionales frente a la incertidumbre global. Esto significa que cada nuevo proyecto de inversión será objeto de una competencia más intensa entre países que buscan posicionarse como destinos atractivos para la producción y los servicios globales.
En este escenario, México continuará siendo un competidor fuerte gracias a su cercanía geográfica con Estados Unidos, su integración industrial y los beneficios asociados al T-MEC. República Dominicana ha fortalecido su modelo de zonas francas y atracción de inversiones, mientras que Panamá sigue aprovechando sus ventajas logísticas y financieras. La competencia regional por la IED es cada vez más sofisticada y agresiva.
No obstante, el futuro de Costa Rica no dependerá exclusivamente de factores externos. La propia CEPAL concluye que los determinantes de la inversión extranjera van mucho más allá de los aranceles y los acuerdos comerciales. Variables como la calidad institucional, la disponibilidad de talento humano, la infraestructura, la productividad y la existencia de ecosistemas empresariales dinámicos continúan siendo decisivas para las estrategias de inversión de largo plazo.
Precisamente ahí se encuentran los principales desafíos del país. La creciente demanda de ingenieros, técnicos especializados y profesionales bilingües está poniendo presión sobre el mercado laboral. Sectores como dispositivos médicos, manufactura avanzada y servicios intensivos en conocimiento requieren talento cada vez más sofisticado, y la capacidad para formarlo será un factor determinante para atraer nuevas inversiones.
La infraestructura constituye otro reto pendiente. Las limitaciones en conectividad vial, logística y costos de transporte continúan afectando la competitividad nacional. En un contexto donde las empresas buscan eficiencia y resiliencia en sus operaciones, estas brechas pueden influir cada vez más en las decisiones de localización de inversiones.
Asimismo, Costa Rica enfrenta el desafío de profundizar los encadenamientos productivos entre las empresas multinacionales y los proveedores locales. La CEPAL señala que las políticas de atracción de inversiones deben integrarse con estrategias de desarrollo productivo para maximizar la transferencia de conocimiento, la innovación y la generación de valor agregado nacional. No basta con atraer empresas; también es necesario ampliar el impacto de su presencia sobre el resto de la economía.
La revisión del T-MEC y los cambios en las políticas comerciales de Estados Unidos podrían generar oportunidades para Costa Rica, especialmente en un contexto donde muchas empresas buscan diversificar riesgos y fortalecer la resiliencia de sus cadenas de suministro. Sin embargo, aprovechar esas oportunidades requerirá algo más que estabilidad macroeconómica o incentivos fiscales. Exigirá una estrategia nacional orientada a fortalecer el talento humano, mejorar la infraestructura, impulsar la innovación y consolidar una visión de competitividad de largo plazo.
En definitiva, la verdadera prueba para Costa Rica no se definirá en las negociaciones comerciales de América del Norte ni en los cambios arancelarios de las grandes potencias. Se definirá en la capacidad del país para responder a un entorno internacional más incierto, más competitivo y más exigente. En el nuevo orden económico global, la inversión extranjera seguirá llegando a aquellos países capaces de combinar estabilidad, conocimiento, productividad y visión estratégica. Costa Rica tiene importantes fortalezas para lograrlo; el desafío será no dar esas ventajas por sentadas.





































