Para muchas organizaciones, incorporar la sostenibilidad a la información financiera puede resultar nuevo porque implica conectar temas ambientales, sociales y de gobernanza con cifras, riesgos, decisiones de inversión y expectativas de los usuarios de la información financiera. Las normas internacionales de divulgación, como NIIF S1 y NIIF S2 del ISSB, buscan precisamente que las empresas expliquen de forma clara cómo los riesgos y oportunidades de sostenibilidad pueden afectar sus flujos de efectivo, su acceso a financiamiento, su costo de capital y su capacidad de crear valor en el corto, mediano y largo plazo. En Costa Rica, este proceso ya tiene una ruta normativa definida. El Colegio de Contadores Públicos de Costa Rica ha adoptado las normas y estableció una fecha de reporte para las empresas con obligación pública de rendición de cuentas, es decir, Grandes Contribuyentes, supervisadas y reguladas por el CONASSIF, a partir del cierre fiscal al 31 de diciembre de 2027, inclusive.
Aunque desde 2024 se han incluido revelaciones en los estados financieros que, en la mayoría de los casos, indican que no existen riesgos significativos asociados a temas de sostenibilidad, se aproxima la necesidad de sustentar esas conclusiones con análisis documentados. Ante preguntas frecuentes de los gobiernos corporativos, como qué debemos hacer o por dónde debemos empezar, muchas organizaciones descubrirán que ya han tomado decisiones relacionadas con sostenibilidad; el reto será ordenar, justificar y condensar esa información en reportes consistentes.
Para empezar, estas normas se estructuran alrededor de cuatro pilares de divulgación: gobernanza, estrategia, gestión de riesgos, y métricas y objetivos. Estos pilares permiten explicar cómo la organización identifica, supervisa y gestiona riesgos y oportunidades relacionados con sostenibilidad, los cuales pueden surgir de factores ambientales, sociales y de gobernanza, conocidos como ESG por sus siglas en inglés. La dimensión ambiental incluye asuntos como emisiones, energía, agua, residuos, biodiversidad y riesgos climáticos. La dimensión social abarca temas como salud y seguridad, talento humano, derechos laborales, comunidades, clientes y cadena de suministro. La gobernanza se refiere a la forma en que la empresa toma decisiones, supervisa riesgos, define responsabilidades, establece controles y comunica información confiable.
Es viable diseñar un proceso de implementación por fases que aborde, al menos, diagnóstico, levantamiento de información, medición, divulgación y mejora continua. Esta secuencia ayuda a ordenar el trabajo porque parte de entender qué información existe, avanza hacia la medición y el control de los datos, y culmina con revelaciones útiles para inversionistas, acreedores y otros usuarios de los reportes financieros. Para ello, es importante comprender que el propósito de las NIIF S1 y S2 es que la información sobre sostenibilidad muestre qué riesgos y oportunidades podrían afectar los flujos de efectivo, el acceso a financiamiento, el costo de capital o la resiliencia del negocio.
En esa lógica, NIIF S1 establece los requisitos generales para revelar información financiera relacionada con sostenibilidad: permite identificar qué temas de sostenibilidad podrían afectar a la empresa y cómo se gestionan. NIIF S2 se enfoca específicamente en riesgos y oportunidades relacionados con el cambio climático, incluyendo riesgos físicos y de transición que podrían afectar la estrategia, los activos, los costos, los ingresos y las metas de la compañía. A partir de esa base, la implementación puede generar retos complejos para las organizaciones.
La lógica de implementación, entonces, no debería partir de preparar un reporte aislado, sino de construir progresivamente un sistema de información y control que conecte sostenibilidad, riesgos y desempeño financiero. Desde esa perspectiva, los principales retos aparecen cuando la compañía debe pasar de iniciativas dispersas a información trazable, comparable y útil para la toma de decisiones.
La información financiera tradicional se apoya en sistemas contables consolidados, controles internos y procesos de cierre establecidos. En cambio, los datos de sostenibilidad suelen originarse en áreas operativas, proveedores, recursos humanos, compras, mantenimiento, logística o terceros externos. Esto genera brechas en consistencia, periodicidad, documentación y responsabilidad sobre los datos.
Otro desafío es determinar qué asuntos de sostenibilidad son materiales. Bajo un enfoque de materialidad financiera, la empresa debe revelar aquello que razonablemente podría influir en las decisiones de inversionistas, acreedores y otros usuarios de la información financiera.
Integrar sostenibilidad no consiste únicamente en añadir un capítulo al informe anual. Requiere demostrar cómo los riesgos y oportunidades ESG se incorporan en la estrategia, el presupuesto, la gestión de riesgos, las inversiones y los indicadores de desempeño. Por ejemplo, un riesgo de transición climática puede afectar costos energéticos, activos intensivos en carbono, contratos con clientes o acceso a financiamiento sostenible.
La implementación exige nuevas competencias en equipos de finanzas, sostenibilidad, auditoría interna, tecnología y gestión de riesgos. El gobierno corporativo también adquiere un rol central: la junta directiva y la alta gerencia deben supervisar la calidad de la información, aprobar políticas, definir responsabilidades y asegurar que los incentivos internos estén alineados con los compromisos de sostenibilidad.
A medida que la información de sostenibilidad se acerca al nivel de exigencia de la información financiera, aumenta la necesidad de controles, revisión independiente y evidencia robusta. La falta de comparabilidad entre marcos, metodologías y periodos puede afectar la confianza de inversionistas y otros usuarios. Por ello, las organizaciones deben avanzar hacia modelos de reporte integrados, con datos consistentes y reconciliables.
Es relevante considerar que no todas las entidades cuentan desde el inicio con información completa, datos consistentes o controles maduros en las áreas que generan información de sostenibilidad. Por eso, conviene abordar la implementación de manera gradual, como un proyecto con responsables, cronograma, fuentes de información, controles y acciones concretas de mejora.
El mayor reto no es únicamente cumplir con nuevas normas, sino incorporar la sostenibilidad al lenguaje financiero de la organización. Las empresas que logren integrar datos ESG confiables, análisis de riesgos, controles internos y visión estratégica estarán mejor preparadas para responder a reguladores, inversionistas, clientes y entidades financieras. En ese sentido, la sostenibilidad no debe verse como una carga adicional de reporte, sino como una herramienta para anticipar riesgos, identificar oportunidades y fortalecer la resiliencia empresarial.





































