Que se pongan a trabajar, los costarricenses estamos hartos y preocupados.
"La democracia es el peor sistema de gobierno, exceptuando todos los demás que se han probado", advertía Winston Churchill, consciente de que su fragilidad no reside en sus mecanismos, sino en la calidad humana de quienes la habitan y la ejercen. Esa fragilidad es, precisamente, la que hoy se asoma en Costa Rica
Desde febrero de 2026, Costa Rica parece inmersa en un ciclo interminable de polarización y caos político que ha transformado la democracia en un espectáculo de confrontación y desinterés por las problemáticas más urgentes que enfrenta la nación. Concluida ya la campaña electoral, el clima político actual sugiere que el oficialismo no ha cesado en su búsqueda de popularidad, mientras que la oposición, desbordada y agresiva, se ha convertido en un eco de la misma vulgaridad que señala.
La política, como espectáculo desde el oficialismo, en un esfuerzo desesperado por mantener la relevancia, ha estado utilizando las redes sociales como plataforma para lo que parece ser una campaña perpetua. Ministros que, en vez de centrarse en la gestión y el avance de políticas públicas, graban sus visitas de trabajo y ensayan discursos que, en ocasiones, más que inspirar, intentan agitar a los seguidores. Esta práctica se ha vuelto común, y los pleitos públicos con la oposición suelen tener más eco en la esfera digital que las iniciativas de desarrollo económico o social.
Por otra parte, el expresidente y actual Ministro de Presidencia y Hacienda, con un estilo que oscila entre lo ofensivo y lo vulgar, se ha sobrepasado al participar en actos públicos donde su comportamiento deja dudas sobre su sobriedad, y siquiera su idoneidad, como líder. Un país que se enfrenta a problemas como la pobreza, la desigualdad y la corrupción no debería representarse a sí mismo en un espectáculo tan lamentable.
La oposición y el Legislativo: una batalla de egos y vulgaridades. El panorama se torna aún más sombrío considerando que el oficialismo, que actualmente controla el Congreso, no es ajena a comportamientos igualmente desafortunados. Las riñas entre diputados del oficialismo y la oposición se han transformado en confrontaciones de bajo nivel, donde el lenguaje soez, los chiflidos a colegas, el acoso sexual y la falta de respeto son moneda corriente, y muy devaluada. En lugar de buscar soluciones a problemas graves como la educación, la economía y la seguridad, los legisladores parecen dedicarse más a construir un muro divisorio que a poner sus esfuerzos en el progreso del país. Dijo don Alberto Cañas: ¨Se nos metió al Congreso la gradería de sol.” Tenía razón, y me avergüenza!
El eco del autoritarismo. Este clima de animosidad y polarización no es un mero accidente; es una tendencia preocupante que tiende a desdibujar el marco democrático. En contextos históricos, los países que convierten la discusión política en espacios de lucha ideológica extrema han mostrado un deslizamiento hacia formas autoritarias de gobierno. La ausencia de diálogo, el desprecio hacia la oposición, el insulto y el fomento de una narrativa de 'enemigos' se relacionan con un aumento en los índices de violencia y persecución. En este sentido, es importante recordar que la calidad de la democracia de un país se mide no solo por la celebración de elecciones, sino por el respeto a las instituciones y la capacidad de resolver disputas de manera civilizada. Costa Rica, que históricamente se ha distinguido en Centroamérica y ante el mundo por su estabilidad política, enfrenta hoy el riesgo de perder ese estatus y somos el asombro para muchos y la burla para otros países.
La crisis económica y social, y los impactos de esta crisis política, se manifiestan en todos los ámbitos: el costo de vida en Costa Rica es alarmante, con un índice de precios al consumidor que ha incrementado de forma sostenida en los últimos años. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el costo de la canasta básica ha crecido un 15% en comparación con el año anterior, mientras que los salarios no han experimentado un incremento correspondiente. El colón continúa con una revaluación preocupante para importantes sectores de la economía, las arcas del Banco Central están inundadas de dólares, pero Hacienda continúa recortando presupuestos por falta de dinero, mientras las autoridades muestran alegremente algunos datos económicos francamente sospechosos. Las listas de espera de la CCSS siguen aumentando y van llegando al millón y medio. La educación enfrenta un alarmante fracaso, con un 40% de los estudiantes en la educación secundaria que no logra culminar su formación, una cifra que pone a Costa Rica en los últimos lugares del índice de educación en la región.
La inseguridad es otro punto crítico; el país ha visto un aumento dramático en los índices de criminalidad, con reportes de crímenes violentos que han aumentado en un 25% en el último año. Las denuncias de persecuciones políticas y sociales han comenzado a surgir, creando un clima de miedo que atormenta a los ciudadanos que buscan expresarse sin repercusiones.
La necesidad de un cambio. Es urgente que tanto el oficialismo como la oposición entiendan que el verdadero trabajo radica en buscar el bienestar del país, de los costarricenses . El desdén con que se miran la economía, la educación y la seguridad, temas que afectan y preocupan a los ciudadanos, no puede continuar. Costa Rica no puede seguir siendo un escenario de conflictos e intereses personales que atentan contra la unidad y el progreso de su pueblo. Los ciudadanos ya no quieren más palabrerías vacías, ni un espectáculo político que solo contribuye a ahondar la brecha de un país dividido. Es hora de que se priorice el trabajo serio, la búsqueda de consensos y la atención a las verdaderas necesidades del país. La responsabilidad recae en todos los actores políticos, y es el momento de reencauzar esta nación hacia la senda del desarrollo y la paz social. ¿Podrán las autoridades y políticos escuchar el grito desesperado de una población hastiada y preocupada por su futuro? ¿O seguirán irresponsablemente tronando sus tambores de guerra? Solo el tiempo lo dirá, pero la paciencia de los costarricenses se está agotando. Esto me preocupa mucho. ¿Y a usted no?





































