En el último minuto del juego entre Haití y Costa Rica, a Gerson Torres le quedó el balón picando, solo frente al portero Alexandre Pierre y remató desviado. Como se dice popularmente, “botó un gol muerto”.
El delantero, que dio un poco de vida a la pálida zona ofensiva del equipo, cuando ingresó al segundo tiempo, simple y llanamente no tuvo capacidad para meter el gol.
Y esa es la Selección Nacional: un grupo de futbolistas sin capacidad, igual sean dirigidos por Fernando Matosas, Luis Fernando Suárez, Gustavo Alfaro, Miguel Herrera o Fernando Batista.
Bora Milutinovic, muy inteligente, les quitó la presión de competir en un primer Mundial, con la frase: “vayan a divertirse, millones de personas los estarán mirando, no tienen nada que perder”. Y en competencia, emergió Luis Gabelo Conejo parándolo todo.
Con Alexandre Guimaraes, para el Mundial de Corea y Japón 2002, la Tricolor jugó una eliminatoria brillante y ocupó el primer lugar por encima de México y Estados Unidos.
¡Y llegó Brasil 14!
¡Y llegó Jorge Luis Pinto!
Un técnico clase A, quien impuso una disciplina táctica desgarradora para convertir a un grupo de futbolistas comprometidos, sacrificados y profesionales en una constelación que brilló con luz propia en la competencia, terminó en el octavo lugar del mundo.
¡Qué tristeza!
¡Qué frustración!
¡Qué impotencia!
No fue en época prehistórica; solo han transcurrido 12 años, un lapso corto, para pasar de ser los octavos del planeta a un eventual descenso al Grupo B de la Concacaf, donde solo compiten selecciones nacionales mediocres.
Personalmente, nos parece el sitio más justo e indicado, dada la baja calidad que exhiben nuestros seleccionados de quinto mundo, que ahora descienden un peldaño más.
Pero después de este drama, de este desastre, de este fracaso que hoy lidera Fernando Batista, existen personajes nefastos a nivel de dirigencia, que mientras la Selección Nacional se cae en pedazos en diferentes coliseos del mundo, ahí están la mayoría, luchando por la reelección y continuidad en la casa de los sustos, como siempre, puñal en mano, para traiciones, negociaciones, ética y valores morales a la basura, convirtiendo el Comité Ejecutivo en un culebrero, un minuto después de que finalizó el Mundial brasileño.
Dirigentes corruptos, pegados a una teta por 16 o 12 años y que no la sueltan, a pesar de la cadena de fracasos de las selecciones nacionales que supuestamente ellos “supervisan”.





































