Así como resulta inverosímil concebir una sociedad donde no existan escuelas, hospitales o un sistema judicial, de la misma forma es indisputable cuestionar la existencia del sistema bancario. La banca es la única institución que resguarda los depósitos de dinero de los ciudadanos; distribuye recursos mediante el crédito y la inversión; facilita los medios de pago; y sirve como medio de política.
Nuestro mercado bancario es muy particular debido a la presencia de dos sistemas bancarios: la banca estatal y la banca privada. Ambos sectores tienen objetivos y sistemas y procesos diferenciadores. Los primeros procuran aumentar el desarrollo económico y social y democratización del acceso a la banca mediante una mayor presencia física en el país. En contraste, la banca privada, busca aumentar su participación en el mercado y utilidades, gracias a una mayor eficiencia operativa, servicio al cliente y avance tecnológico. Esta diversidad, genera beneficios múltiples a nuestra sociedad, tanto por la mayor oferta de productos y servicios y eficiencia, como por el fomento al desarrollo económico y social costarricense y la disminución en el margen de intermediación financiera (diferencia entre la tasa activa de créditos y la tasa pasiva de depósitos/ahorros).
Corresponde a la Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF), en conjunto con el Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero (CONASIFF) la regulación, vigilancia, control del sistema bancario.
Sin embargo, la banca tradicional enfrenta una transición importante y nuevos retos. Los avances tecnológicos, el abaratamiento de los acceso al internet, el cambio en los patrones laborales y modo de vida post COVID, el cambio climático y la necesidad de organizaciones y sociedades sostenibles, así como el aumento de la Inteligencia Artificial, han cambiado los patrones de consumo de productos y servicios financieros de forma acelerada.
El sistema bancario internacional moderno ha adaptado sus sistemas, productos y procesos para responder a esta acelerada digitalización de la economía y el consecuente aumento en el número de transacciones digitales.
La banca moderna ofrece una banca en la red (online), banca desde el teléfono celular (aplicaciones móviles), transacciones por video llamada, sucursales bancarias sobre ruedas, puntos de contacto en lugares de alto transito humano, y especialistas comunitarios que sirven de enlace entre la comunidad y el banco, entre otros.
Paralelamente, la banca del futuro enfrenta una disyuntiva; o continúa su modelo de banca tradicional, o evoluciona hacia una su presencia híbrida, con la suficiente capacidad de blindar sus sistemas tecnológicos ante los ciberataques, fraudes y estafas.
La banca se transforma a una presencia digital 24/7, ofrece servicios electrónicos simplificados y seguros, mediante diversos canales de acceso, tales como: banca por internet (online banking), por teléfono celular (mobile banking), video llamadas, y más. Además, ofrece al consumidor la digitalización total en sus productos clave, a saber, apertura de cuentas bancarias, certificados de inversión, depósitos de cheques, transferencias nacionales e internacionales, pago de servicios, cargos automáticos, compra de seguros; reclamos por transacciones no reconocidas; apertura de tarjetas de crédito, y más.
Adicionalmente, las oficinas y sucursales se reducen de tamaño y se ubican en lugares estratégicos del alto tránsito de consumidores (footfall) y elevadas actividades económicas. Las sucursales avanzadas ofrecen un menor número de cajeros humanos, pero a su vez, un aumento en los cajeros automáticos multifuncionales, donde el cliente realiza casi todas las funciones normales.
Valga decir, que nuestro país está dando pasos hacia esta transformación, puesto que existe un amento en la suscripción y uso del internet y el teléfono móvil. Asimismo, los pagos electrónicos ya superan al efectivo como método preferido.
Por contraste, si bien el incremento en el uso del internet y el cambio tecnológico han acortado el tiempo de las transacciones bancarias, los fraudes, estafas y ciberataques representan una amenaza real para toda la economía y sociedad. Por tanto, no solo basta con construir un banco físico con sistemas de seguridad eficientes, sino, mucho más crítico, es la construcción de un blindaje en la presencia digital del banco, en sus aplicaciones móviles y, sobre todo, en sus bases de datos. Asimismo, efectuar evaluaciones de riesgo para identificar la efectividad de sus controles que mitiguen las estafas bancarias mediante Autorice Push Payments (Pagos Automáticos por Estafas).
Nuestro país muestra un incremento importante en el número de denuncias por fraudes. Según datos del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), existieron 33.153 denuncias de casos de fraude para el año 2025. Otro dato importante se refiere al tipo de fraude, ya que, del total denunciado, una tercera parte se clasificó como estafas informáticas, lo cual representó un aumento muy significativo desde los últimos cuatro años.
La banca del futuro necesita superar el reto de su modernización hacia una banca híbrida, eficiente, sostenible y segura digitalmente, a la vez que satisface las necesidades de los consumidores cada vez más sofisticados digitalmente.
Viviana Machado Barquero,
Economista,
Agente de Seguros. machadobv@gmail.com





































