Consultar a una herramienta de inteligencia artificial (IA) sobre una norma tributaria puede tomar apenas unos segundos y, en muchos casos, la respuesta parece suficientemente clara y fundamentada como para darla por correcta.
Sin embargo, esta facilidad plantea una pregunta importante: ¿qué tan confiables son las respuestas de la IA cuando se trata de interpretar normas tributarias?
Desde la práctica de la asesoría fiscal, cada vez es más frecuente recibir consultas cuyos planteamientos se basan en respuestas obtenidas mediante herramientas de IA. Lo llamativo es que, en algunos casos, dichas respuestas incluso incluyen referencias a leyes, reglamentos u otras fuentes tributarias y, aun así, la conclusión obtenida resulta incorrecta.
Esto plantea un riesgo importante. Una respuesta puede estar bien redactada, utilizar términos técnicos y citar una norma aparentemente relacionada con la consulta, pero esto no significa necesariamente que la interpretación sea correcta.
Por ejemplo, si una persona solicita a una herramienta de IA que determine el cálculo del Impuesto al Salario con base en una norma específica o incorporándole instrucciones imprecisas, podría recibir una respuesta incorrecta o incompleta, como indicar que las cargas sociales patronales deben deducirse antes del cálculo del impuesto. Asimismo, podría no contemplar reducciones a la base imponible por pensión complementaria, lo cual constituiría un error adicional. Si cuenta con experiencia en la materia, un profesional puede identificar fácilmente que lo anterior corresponde a un error en el análisis. Pero ¿qué ocurre cuando quien realiza la consulta no tiene los conocimientos necesarios para detectarlo?
Estas situaciones no son hechos aislados, sino que se presentan de manera recurrente entre los usuarios de herramientas de IA, quienes en determinadas ocasiones deben recurrir a expertos en la materia para revisar o corregir las respuestas obtenidas. Esto evidencia que el criterio y la experiencia profesional siguen siendo indispensables para la adecuada interpretación y aplicación de las normas tributarias.
Este fenómeno se debe a que, a lo largo de los años, quienes se dedican al análisis tributario desarrollan criterios a partir del estudio de casos concretos, interpretaciones administrativas y situaciones que no necesariamente se encuentran recopiladas de manera estructurada en una única fuente. Otra razón estriba en que la interpretación tributaria no siempre puede realizarse de manera estrictamente literal o sin un contexto que pueda darle distintos matices a dicha interpretación.
Lo anterior no significa que la inteligencia artificial no tenga un lugar dentro de la práctica tributaria. Por el contrario, puede ser una herramienta muy útil para organizar información, resumir documentos, identificar conceptos o facilitar determinadas tareas. La clave está en entender que la IA debe ser un punto de partida y no necesariamente el punto final del análisis.
Antes de tomar una decisión basada en una respuesta generada por IA, resulta recomendable verificar las fuentes utilizadas, confirmar que las normas se encuentren vigentes, revisar si existen otros criterios y analizar si la respuesta realmente concuerda con la normativa aplicable.
La inteligencia artificial continuará evolucionando y, probablemente, tendrá cada vez mayor participación en el ámbito tributario. No obstante, mientras estas herramientas pueden facilitar el acceso y procesamiento de información, el criterio profesional continúa siendo esencial para determinar cómo debe interpretarse y aplicarse una norma.





































