Las relaciones internacionales de un país y específicamente, la política exterior de un Gobierno, no son materias nada rudimentarias, pero sí que están condicionadas al pragmatismo, hoy son relaciones más que políticas, comerciales y ambientales. Al decir de uno de los más destacados diplomáticos costarricenses, don Gonzalo Facio Segreda, "la política exterior no es sino la prolongación en el plano internacional, de la política interna de un país”. Cuando en la casa, la política interna está polarizada y ha caído en un relato de chabacanería e irrespeto, entonces, no esperemos milagros en la política exterior.
Para mis colegas de las prestigiosas Escuela de Relaciones Internacionales de la UNA y de la Academia Diplomática Manuel Marìa Peralta y para quienes por más de tres décadas enseñamos las claves cambiantes de las relaciones internacionales, es penoso haber ilusionado a miles de estudiantes que hoy están en el mercado laboral y de pronto encontrarnos con un descrédito de todo lo actuado a lo largo de una construcción de muchos gobiernos. Desde hace algunos años somos una sombra de lo que fuimos en materia internacional con comportamientos como la adhesión a la guerra contra Irak, las incongruencias ambientales, la falta de contundencia ante las dictaduras y los más recientes acontecimientos, vamos en picada.
Costa Rica depende de su presencia en el mundo y de la habilidad de convertir nuestras debilidades de tamaño, nuestro desarme y la economía en desarrollo, en verdaderas ventajas y oportunidades basadas en el derecho internacional público y en la cooperación. En las relaciones internacionales contemporáneas, un error relativiza una trayectoria y rebaja nuestro peso internacional, que ha sido grande. Hoy no son relaciones entre países, hay actores no estatales, regímenes internacionales y ONG que son clave para entender el mundo del desarrollo. Ya hace varias décadas se dejó atrás el llamado realismo político, donde las relaciones internacionales políticas, de fuerza militar y de conflicto. Eso le puede interesar a varios gobiernos populistas de extrema derecha, pero jamás a la Costa Rica democrática, pluralista, creyente en los derechos humanos y en la paz.
Las Naciones Unidas son clave en las relaciones internacionales de Costa Rica. Además, falta conocimiento en algunos personajes del Gobierno, las Naciones Unidas no son solo el edificio en Nueva York ni tampoco la Asamblea General ni mucho menos un discurso: en un sistema que integra a cientos de organizaciones de cooperación multilateral.
El desprecio por la Organización de las Naciones Unidas de parte de Costa Rica es inadmisible a estas alturas del Siglo XXI. Las Naciones Unidas y Costa Rica contemporánea nacieron en el mismo parto de libertad, democracia y soberanía que caracterizó la posguerra y una nueva era global. Costa Rica fue de las 26 naciones que estuvieron de primeras negociaciones de la llamada Declaración de las Naciones Unidas firmada el 2 de enero de 1942 bajo el liderazgo del presidente Franklin D. Roosevelt, eran los tiempos precursores de Bretton Woods. Ese fue una muestra inobjetable de compromiso internacional que dio como resultado la firma de la Carta de las Naciones Unidas que confirmó su creación en junio de 1945, representados en esa ocasión por el expresidente Julio Acosta García. Más adelante en la primera Asamblea realizada en Londres el 10 de enero de 1946, la delegación de Costa Rica fue liderada por el ilustre diplomático Fernando Soto Harrison. Todavía, en diciembre de 1948, en Paris se adopta la Declaración Universal de los Derechos Humanos, con la representación luminosa de Costa Rica por parte del gran intelectual Alberto Cañas Escalante.
La clara ausencia de política exterior de Costa Rica, el ridículo de despedir al Canciller en media Asamblea General, la poca importancia de la participación en las conferencias de las partes (COPs) de las principales convenciones ambientales, el abandono de los ODS anunciado por la señora Presidente, el nombramiento de una persona con cero experiencia en el máximo organismo mundial de la ONU, un discurso menguado en la 81 Asamblea General cuando ya fenecía la agenda. Hay desconocimiento, no hay prioridades, no hay estrategia, poco intelecto, pero también poco pragmatismo.
El Gobierno de la Presidente Laura Fernández no debe echar a la borda el vínculo internacional de Costa Rica más importante. Su desprecio afecta los negocios, la economía, el turismo y el comercio. Podemos debe tener una política exterior del más alto nivel, existe el material y el legado, un país sin ejército, una trayectoria inigualable por los derechos humanos, un grupo destacadísimo de dignatarios y lo más importante: un ser costarricense que lleva la paz a cualquier rincón del planeta. Es tiempo de rectificar.
Ricardo Sancho Chavarrìa
ricardosanchoch@gmail.com





































