La percepción positiva sobre China aumenta en todo el mundo, pero todavía queda mucho margen de mejora para que el mundo entienda a China
En los últimos años, la irrupción de China en el panorama internacional ha supuesto a mi juicio el cambio de paradigma geopolítico más importante desde la caída del Muro de Berlín. La última década del siglo XX significó el fin de todos los regímenes socialistas de Europa y también la desintegración de la Unión Soviética, pero mientras esto sucedió la República Popular China siguió adelante en su proceso de modernización y apertura. Hoy pocos son los que recuerdan en informaciones sobre la China de hace 40 años, que la mayoría de los ciudadanos chinos de entonces se desplazaban por las ciudades utilizando sencillas bicicletas. Pero transcurrido este tiempo, el salto hacia adelante del gigante asiático en términos de desarrollo y progreso social ha sido colosal, y con ello la imagen de un país donde la alta tecnología se ha convertido en una seña de identidad. Pero lo más impactante es que la actual modernidad de China se ha logrado sin renunciar a sus tradiciones milenarias, dando lugar a una combinación única de cultura ancestral y crecimiento económico.



