En los últimos años, la irrupción de China en el panorama internacional ha supuesto a mi juicio el cambio de paradigma geopolítico más importante desde la caída del Muro de Berlín. La última década del siglo XX significó el fin de todos los regímenes socialistas de Europa y también la desintegración de la Unión Soviética, pero mientras esto sucedió la República Popular China siguió adelante en su proceso de modernización y apertura. Hoy pocos son los que recuerdan en informaciones sobre la China de hace 40 años, que la mayoría de los ciudadanos chinos de entonces se desplazaban por las ciudades utilizando sencillas bicicletas. Pero transcurrido este tiempo, el salto hacia adelante del gigante asiático en términos de desarrollo y progreso social ha sido colosal, y con ello la imagen de un país donde la alta tecnología se ha convertido en una seña de identidad. Pero lo más impactante es que la actual modernidad de China se ha logrado sin renunciar a sus tradiciones milenarias, dando lugar a una combinación única de cultura ancestral y crecimiento económico.
En cualquier caso, la narrativa china en Europa y en América Latina sigue siendo deficitaria, no solo porque los medios occidentales están centrados en la información de sus respectivas zonas geográficas, sino también porque se sigue observando a todo lo que proviene de China como algo ajeno y lejano. Sin embargo, el despliegue global de China está impactando en casi todos los países, principalmente gracias al gran proyecto de la Franja y la Ruta. Es a través de esta vasta red de infraestructuras que China consigue poco a poco penetrar en el imaginario de las personas para cambiar los viejos estereotipos por otros nuevos sobre la idea de este país. El esfuerzo de China de las dos últimas décadas por explicarse con su obra y sus exportaciones es ahora cuando empieza a dar los frutos para conseguir una percepción positiva en el mundo, que incluso ha conseguido superar en muchos países a la percepción positiva que se tiene sobre los Estados Unidos, tal como demuestran diversos estudios de opinión.
No obstante, en los estudios de opinión juega un papel fundamental el peso ideológico del medio encargado en elaborarlos, pues nunca se obtendrán los mismos resultados si dicho medio es progresista o es conservador. Y lo cierto es que, si tomamos una foto de la situación actual en los países europeos en cuanto al perfil ideológico de sus respectivos gobiernos, se observa una clara mayoría hacia posiciones conservadores en consonancia con el actual gobierno de los Estados Unidos. Lo mismo está pasando en América Latina con el auge fulgurante de gobiernos de ultraderecha que reciben un apoyo enorme por parte del gobierno estadounidense presidido por un personaje como Donald Trump. Es muy revelador que cuando todo el mundo ve la actitud irrespetuosa, agresiva e incluso violenta de este presidente, en algunos estudios de opinión se diga que el presidente chino Xi Jinping es igual de malo. En esta comparativa entre los dos presidentes de los dos países más poderosos del mundo, es muy obvio que el ciudadano consultado está muy poco informado sobre las propuestas chinas para el planeta y sobre el respeto que muestran siempre los dirigentes chinos hacia cualquier país por grande o pequeño que sea.
No me cabe duda de que la batalla por el relato es una cuestión clave para configurar una percepción, y en este terreno China está actuando de manera muy prudente para no cometer errores, evitando entrar en la disputa frente al modelo imperialista estadounidense. Lamentablemente, los casi cien años de cultura americana extendida por todo el planeta a través del cine, la televisión y la música, sigue dominando en el imaginario colectivo de las sociedades occidentales respecto al concepto de “derechos y libertades”. Para un ciudadano medio occidental, el modelo americano de “derechos y libertades” es visto todavía como una realidad más sólida que el modelo chino de “derechos y libertades”. En esta visión desaparecen cuestiones de enorme gravedad que ocurren en todos los países occidentales, como son la inseguridad ciudadana, el consumo de drogas, la corrupción política o la presión de los lobbies empresariales. Al final, parece que sea más importante para un ciudadano occidental la falsa idea de libertad basada en el entretenimiento o en el ocio antes que vivir en una sociedad sana y bien organizada. Únicamente la persona que viaja a la China de hoy puede darse cuenta del bienestar alcanzado por este país gracias al rigor de la gestión pública.
En los aspectos que tienen que ver con la geopolítica global, es interesante constatar las alianzas hacia uno u otro bando. Mientras que países como Japón, Corea del Sur, Israel o Suecia, tienen una percepción mayoritaria de que Estados Unidos contribuye mucho más que China para la estabilidad mundial, en países como Hungría, Grecia, Nigeria o México se piensa justo lo contrario. Un caso singular es el de Polonia, donde se considera que tanto China como Estados Unidos contribuyen por igual a la estabilidad mundial. En los casos de países como España, Italia, Francia o Brasil, la percepción ciudadana sobre las dos superpotencias en líneas generales se mantiene de momento en un empate técnico. En cuanto a la injerencia política y militar de Estados Unidos y de China en asuntos externos a su propia soberanía, sí que hay una percepción mayoritaria en todo el mundo de que la actitud americana es mucho más intervencionista. En cambio, sobre liderazgo económico es donde países como España, Italia, Alemania o Australia ven a China como el principal referente de la actualidad, en paralelo al gran desarrollo tecnológico chino.
Donde de momento Estados Unidos saca clara ventaja a China dentro de la percepción que tienen la mayoría de los países, es en 4 cuestiones tan estratégicas como son la cultura del entretenimiento, la educación universitaria, los estándares de vida y el respeto por las libertades personales. En todas estas cuestiones no hay duda de que el modelo de vida americano que se forjó a lo largo del siglo XX sigue siendo el faro que ilumina a todo Occidente. En lo que respecta a la cultura del entretenimiento y a la educación universitaria, actualmente es donde China está volcando grandes esfuerzos, no solo en clave de creación propia, también captando talento extranjero en buena parte de los países del Sur Global, e incluso en países europeos. Pero ciertamente, el margen de mejora que todavía tiene China para aumentar sus estándares de vida y las libertades personales mucho tiene que ver con su retraso respecto a las potencias occidentales en la cuestión de la modernidad, sobre lo cual los propios analistas del Partido Comunista de China son muy conscientes. Hay que recordar que no fue hasta el año 2020 que el Gobierno Chino declaró la erradicación de la pobreza extrema en todo el país, un dato claro sobre su retraso socioeconómico.
Para completar el análisis de la comparativa entre China y Occidente, la cuestión sobre el desbloqueo de las plataformas internacionales de internet y de los medios de comunicación en general, es un debate que está sobre la mesa en el camino de la modernización china. Es justo esta cuestión la que hace restar más puntos al modelo chino, si bien hay que tener en cuenta que para las autoridades chinas es primordial tener el control sobre el consumo de contenidos para sus ciudadanos. Todas las personas de países occidentales sabemos por propia experiencia que muchas proclamas sobre la libertad personal van completamente en contra de construir sociedades sanas, justas y equilibradas, pues toleran cosas tan dañinas como los contenidos basura al alcance de menores de edad o las políticas económicas especulativas que dinamitan la justicia social. En el contexto de las llamadas “libertades personales” en Europa y en las Américas, lo que se observa es que la degradación social en todos los ámbitos ya ha alcanzado el nivel de auténtica alarma para la salud pública, con millones de personas excluidas y enfermas que son incapaces de conocer otro modelo político y económico alternativo como puede ser el modelo chino. Es por lo que la percepción sobre China en temas sociales y económicos es muy incompleta.
En el caso particular de la percepción que se tiene en América Latina sobre China, es obligado diferenciarlo respecto a la percepción que se tiene en los países europeos, pues la condición de espacio en vías de desarrollo hace que los países latinoamericanos sean más favorables a la penetración china. De entrada, es muy remarcable decir que en líneas generales se ha pasado de percibir más positivamente a Estados Unidos hace 10 años que no en este momento, cuando es China la potencia que hoy se percibe más positivamente. La ola de gobiernos progresistas que se han sucedido en los países latinoamericanos durante el primer cuarto del siglo XXI ha ido acompañada por el auge económico y las inversiones de China en la región. El tradicional intervencionismo estadounidense ya es visto por muchos ciudadanos como un hecho que no proporciona beneficios sociales o económicos. Por el contrario, China es ya el principal socio comercial de toda América del Sur, al mismo tiempo que Estados Unidos ha eliminado su cooperación para el desarrollo en la región, un escenario que bien seguro va a favorecer a la estrategia china basada en la construcción de una “comunidad de futuro compartido para toda la humanidad”. Como todo en la vida, es una cuestión de tiempo.





















