Hasta hace menos de dos décadas, China tenía una presencia marginal en la región. La mayoría de los países mantenían alianzas con Taiwán, mientras que Estados Unidos era la potencia hegemónica indiscutible. En la actualidad, salvo Guatemala y Belice, el resto de los países centroamericanos han establecido relaciones con la República Popular China, cuya condición imprescindible es reconocer a Taiwán como parte de una sola China. Costa Rica en 2007 fue el primer país, seguido de Panamá en 2017, El Salvador en 2018, Nicaragua en 2021 y Honduras en 2023. En su conjunto, Centroamérica representa para el gigante asiático un mercado de unos 55 millones de consumidores con un PIB per cápita en torno a los 8.000 dólares. Si se compara con el mercado de América del Sur, con unos 450 millones de habitantes y un PIB per cápita de 10.000 dólares, la diferencia podría hacer pensar en una falta de interés, pero es en la parte de la geoestrategia en la cual Centroamérica suscita un gran interés para una potencia como China.
De entrada, para China ha sido muy importante que Taiwán haya perdido apoyos en la región, un objetivo reforzado desde la llegada de Xi Jinping a la presidencia china en 2013. Paralelamente, el Canal de Panamá tiene para China un valor geoestratégico de máxima relevancia, de ahí el interés por desarrollar una gestión eficaz de la infraestructura, un contexto que ha creado recientes tensiones entre Estados Unidos y el Gobierno panameño. La creciente presencia china en la zona parece estar en sintonía con el objetivo de mejorar su proyección política, económica y militar a través del océano Pacífico, un espacio que es fundamental para las aspiraciones de la República Popular China, algo que sin duda es muy comprensible si pensamos en el control establecido por los Estados Unidos con apoyo de aliados tradicionales como Japón, Corea del Sur, Filipinas o Australia.
El presidente chino Xi Jinping visitando el Canal de Panamá en 2024. Foto Xinhua Net.
Aunque el mercado centroamericano es mucho menor respecto a lo que representa México y América del Sur, lo cierto es que en los últimos 20 años ha habido un crecimiento exponencial de las relaciones comerciales de China con todos los países de Centroamérica. Sin embargo, es en la parte más política donde China está realizando los mayores esfuerzos, pues la región todavía no está suficientemente madura como para tener una relación mucho más fluida y cohesionada respecto al gigante asiático. En este sentido las políticas de cooperación son una parte esencial para la diplomacia china, de ahí que la presencia en Costa Rica del director de la Agencia de Cooperación para el Desarrollo Internacional de China en la toma de posesión de la presidenta Laura Fernández, haya sido un claro mensaje que el Gobierno chino ha enviado hacia Centroamérica. Unas políticas que China piensa seguir fortaleciendo como la mejor vía de entendimiento, ya no solo de cara a las relaciones políticas bilaterales, también para luchar contra los muchos prejuicios y desconocimiento que muchos ciudadanos centroamericanos tienen sobre la cultura china.
Más allá del Canal de Panamá en lo que respecta a áreas geográficas concretas, China está poniendo un especial interés en la costa del Pacífico donde confluyen las fronteras de Nicaragua, Honduras y El Salvador, el llamado Golfo de Fonseca, con planes de inversión en puertos, aeropuertos y carreteras. De momento ha quedado aparcado el faraónico proyecto de canal interoceánico en Nicaragua, una obra que ya tenía un estudio muy avanzado pero que los años de la pandemia del coronavirus obligaron a paralizar. En este momento, pues, se impone un mayor pragmatismo a la hora de ejecutar proyectos concretos, y los analistas chinos están centrando sus esfuerzos en áreas locales que permitan resultados realistas y con incidencia directa en la economía regional. En la parte política los gobiernos del presidente Bukele en El Salvador y del presidente Ortega en Nicaragua, están facilitando mucho el buen entendimiento con las autoridades chinas, pero un caso muy diferente es el de Honduras después de la pérdida de la presidencia de Xiomara Castro.
En los casos de Panamá y Costa Rica, aunque a priori sus presidentes han dado apoyo explícito a las políticas trumpistas relacionadas con la Estrategia de la Gran Norteamérica, la realidad es que la presencia china se mantiene firme de una u otra manera, ya sea en la parte comercial o en la parte política, y este hecho demuestra que hoy China es un actor imprescindible. Esto es algo que entendió muy bien el guatemalteco Bernardo Arévalo, que a pesar de presidir uno de los pocos países que todavía no tienen relaciones diplomáticas formales con la República Popular China, sí que ha manifestado el interés por seguir trabajando en la relación a todos los niveles entre Guatemala y el gigante asiático. De entre todos los países centroamericanos, Guatemala es con sus casi 20 millones de habitantes el país más poblado, el cual representa la mayor metáfora de la tendencia que se vislumbra en el horizonte, a pesar de la presión estadounidense. Una metáfora que pivota entre dos realidades. Por un lado, la cercana reunificación de Taiwán con el resto de China para acabar con posiciones políticas insostenibles. Por otro lado, la fuerza comercial y tecnológica china que obliga a todos los países a entenderse con la potencia que está llamada a liderar el mundo del futuro.





















