El pasado 16 de julio, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, convocó en Washington a representantes de más de 60 países para coordinar todo un plan de persecución contra lo que se ha calificado como “terrorismo de extrema izquierda”. ¿Tendrán el valor de incluir en esta lista a la República Popular China?
En este momento, la estrategia principal de los poderes que controlan el mundo occidental se centra en señalar como dañina a la ideología política que respalda a la clase trabajadora internacional, reeditando así la histórica “caza de brujas” perpetrada durante los años 40 y 50 del siglo XX. En aquel tiempo el enemigo a combatir fue el modelo soviético y el fantasma del comunismo, pero hoy la cruzada se extiende a través de un concepto mucho más amplio y difuso contra la llamada “extrema izquierda transnacional”. Una izquierda internacionalista, que además del comunismo, incluye al socialismo, al marxismo, al anarquismo, al anticapitalismo, al ecologismo o al antifascismo. Incluso se ha llegado al extremo de incluir dentro de esta lista a organizaciones políticas con décadas de gobierno, como pueden ser el Partido Liberación Nacional en Costa Rica (PLN) o el Partido Socialista Obrero Español en España (PSOE). En este sentido, tanto en el caso costarricense como en el caso español, las figuras políticas de Óscar Arias y de Pedro Sánchez, que para nada se les puede calificar de radicales ni de poner en cuestión el sistema económico capitalista, se han erigido en los últimos meses en un azote contra la administración Trump, simplemente por manifestar públicamente que no están de acuerdo con la actitud imperialista y agresora del actual inquilino de la Casa Blanca.
Desde que se inició el segundo gobierno presidido por Donald Trump en los Estados Unidos, la agresividad de las medidas políticas ha ido en aumento con el objetivo principal de justificar la vigilancia masiva hacia la población en general, con especial interés en los opositores internos y en los movimientos “izquierdistas” de Europa y América Latina. Para nada extraña que en estos dos últimos años se hayan instaurado gobiernos de derecha y ultraderecha en casi todo el continente americano, siendo los casos más recientes el de Perú y el de Colombia. En el caso colombiano la situación generada en las últimas elecciones para la presidencia del país ha estado a punto de desembocar en un conflicto civil, pues la sospecha de fraude electoral fue denunciada por el propio presidente Gustavo Petro. Este contexto muestra a las claras el alto nivel de intervención de los Estados Unidos sobre las estructuras de Estado de todos los países latinoamericanos, que se diseña desde las propias embajadas convertidas en centros de operaciones de los poderosos servicios de inteligencia norteamericanos.
¿Qué importa que los obreros de Bolivia, los estudiantes de Chile o las mujeres de Colombia se manifiesten en las calles contra las políticas de ultraderecha? ¿Qué importa que se siga generando más conflicto, más desigualdad y más injusticia social en todas partes? Lo que importa para quienes tienen el monopolio de la violencia con armamento militar norteamericano es tener el control de los gobiernos y los recursos, apelando a la política de “seguridad nacional”. Es decir, el enemigo principal para este poder transnacional y fascista es el concepto de la redistribución de la riqueza, así de sencillo y así de claro. En referencia a esto, el presidente de Brasil, Lula da Silva, dijo recientemente algo que debería crear preocupación en todas aquellas personas con mínima sensibilidad social. El popular líder brasileño dejó esta frase para la historia: “Nunca pensé que poner un plato de comida en las mesas de todos los brasileños generase tanto odio”. Tomen esta frase y vayan a explicársela a los dirigentes de la República Popular China, para mostrarles que a lo que se enfrentan no es a una simple rivalidad económica o comercial, sino a todo un sistema de poder genocida, ecocida y psicópata que solo busca beneficio por encima de los seres humanos y del vasto patrimonio natural del planeta.
Pero volvamos a la reunión convocada por el señor Marco Rubio, la cual estuvo coordinada desde diversas embajadas estadounidenses. Una propuesta de lucha contra la “izquierda global” que se sustenta en cuatro ejes.
- Intercambio de inteligencia: Crear una red global para rastrear a activistas como si fueran células terroristas.
- Sanciones financieras: Aplicar el sistema “follow-the-money” para perseguir el financiamiento de organizaciones sociales y políticas.
- Designaciones terroristas: Expandir a nivel global la lista negra de grupos, especialmente de Estados Unidos y de Europa.
- Contrapropaganda: Una ofensiva mediática para criminalizar el discurso de izquierda, que también incluye al socialismo chino.
Esta situación, la cual alarma incluso a gobiernos aliados de los Estados Unidos, en mi opinión debería inquietar profundamente a cualquier persona con un poco de pensamiento crítico, pues se trata de un intento clarísimo de internacionalizar la represión, utilizando el terrorismo como excusa para silenciar voces contestatarias. Hay que pensar que cuando el imperialismo habla de “luchar contra el terror”, lo que viene después son bombardeos sobre países y persecución de disidentes. Pero ahora, la vuelta de tuerca que decide quién es un “terrorista”, busca someter a todo movimiento social, político o sindical que cuestione el orden establecido. Llegados a este punto, si la persona que está leyendo este artículo se sitúa en el lado ideológico de la izquierda o del socialismo de amplio espectro, que incluye incluso a la “socialdemocracia” que tanto defendió Don Pepe Figueres en Costa Rica, debe tener claro que esta ofensiva también va en contra de usted. Es decir, alzar la voz contra cualquier forma de injusticia puede llevar a cualquiera a ser acusado de no se sabe qué. Hay que tener muy claro que este tema va de poder y de quién ejerce ese poder en las sociedades. El modelo chino del “poder del pueblo” es el principal enemigo del “poder de las grandes corporaciones americanas”. Y en este debate ya no hay medias tintas, la humanidad se juega su futuro entre uno u otro modelo.





















