Dentro del contexto geopolítico internacional, la pasada semana entre los días 13 y 19 de abril ha tenido como protagonista destacado al actual presidente de España, el señor Pedro Sánchez. El líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), también lidera el progresismo global gracias a sus iniciativas y posicionamiento político en contraposición a lo que representa un personaje como Donald Trump. Y todo esto ha ocurrido en un corto espacio de tiempo en el que cada día son más y más las voces que resuenan en todo el mundo reclamando la amenaza que representan los Estados Unidos de América bajo la presidencia de una persona que de ninguna manera es apta para asumir un cargo de tanta responsabilidad. En cualquier caso, tampoco hay que poner el foco únicamente en el presidente norteamericano, pues lo que realmente supone una amenaza es el modelo socioeconómico de la principal potencia del planeta. Un país donde hay 50 millones de personas que malviven como vagabundos tirados en las calles de todas las ciudades, mientras su gobierno gasta el 50% de todo el presupuesto militar mundial para mantener un imperialismo psicópata.
¿Es normal que un país de 350 millones de habitantes condicione la vida de los 8.000 millones de habitantes del planeta? Es evidente que no, pero además esta situación ya se ha vuelto insostenible incluso dentro de la propia sociedad estadounidense en la que a la sombra de rascacielos que son propiedad de negocios multimillonarios, se produce la degeneración humana más terrible. En este sentido, no debe extrañar a los lectores que las matanzas que se perpetran en el mundo bajo el lema de “Make America Great Again” (MAGA), tenga conexión con el consumo de drogas de millones de personas en los Estados Unidos y con el sistema que controla todo esto. Estamos hablando claramente de un país dirigido por una mafia criminal, dispuesta a cualquier cosa para favorecer a un pequeño porcentaje de población norteamericana.
Una vez puesta en este artículo la fotografía del contexto al que nos referimos, volvamos a la semana triunfal del presidente Pedro Sánchez, la cual comenzó en China con una visita oficial. Una visita de Estado que desde la posición española se ha calificado como la más importante de los últimos 53 años entre los dos países, la cual ha elevado la interlocución política al nivel más alto, para con ello conseguir una “relación mucho más estrecha, sana y equilibrada”. Esta visita del presidente español, la cuarta en los últimos cuatro años se cerró con numerosos acuerdos y con las palabras del presidente chino, Xi Jinping, que ya se han convertido en una afirmación imperativa. El líder del Partido Comunista Chino (PCCh), aseguró que las actuales relaciones entre China y España se sitúan en “el lado correcto de la Historia”. Estas palabras, lógicamente se enmarcan en este contexto global de creciente inestabilidad y de violencia provocada por el imperialismo estadounidense.
Los presidentes Xi Jinping y Pedro Sánchez durante la reunión celebrada en Beijing el pasado 14 de abril. Foto Gobierno de España
¿Pero qué es estar “en el lado correcto de la historia”? Durante muchos siglos, las principales potencias europeas y ahora los Estados Unidos de América, desarrollaron un imperialismo basado en el supremacismo étnico y religioso. En nombre de Dios se han matado a seres humanos, comenzando por la propia España, y actualmente el gobierno que preside el señor Donald Trump afirma que el “Destino Manifiesto” de los Estados Unidos es un verdadero mandato divino. Pero hoy, los hombres de negocios de raza blanca del capitalismo más salvaje en su enloquecida carrera hacia el éxito empresarial son los principales responsables de la insostenible desigualdad social que se vive en todo el planeta, y sobre todo son los principales responsables de la degradación medioambiental en todos los países. De este mal provocado por la avaricia humana tampoco se escapa la Iglesia Católica que sigue dando amparo a las más poderosas oligarquías locales, especialmente en América Latina. Valga de ejemplo el caso de Colombia, donde el 1% de la población es propietaria del 40% de la tierra del país, causa principal del fenómeno de las guerrillas.
Por lo tanto, estar “en el lado correcto de la historia” significa alejarse de la avaricia humana y de la dominación de unos pueblos sobre otros para trabajar por el “bien común”. Esta auténtica declaración de principios es compartida hoy por algunos de los más influyentes líderes políticos, desde Xi Jinping hasta Pedro Sánchez, pasando por el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Es por ello mismo que la semana triunfal del señor Pedro Sánchez continuó en la ciudad de Barcelona entre los días 17 y 18 de abril después de regresar del viaje a China. En la capital catalana, mi ciudad de origen, se celebró esos días el llamado Global Progressive Mobilization que reunió a un centenar de ponentes de más de 40 países entre presidentes, partidos políticos, pensadores, activistas y opositores de izquierda. Paralelamente se celebró la cumbre España-Brasil con el presidente Sánchez y el presidente Lula como protagonistas de una firma histórica de 15 acuerdos entre los dos países en todas las áreas. Los mismos protagonistas lideraron un foro paralelo llamado Encuentro en Defensa de la Democracia, que congregó a otros presidentes como el colombiano Gustavo Petro y la mexicana Claudia Sheinbaum.
De entre todo este encuentro de líderes del progresismo internacional en Barcelona, destacó especialmente la ya clásica vehemencia del presidente Lula da Silva, quien arremetió sin contemplaciones contra Donald Trump, al denunciar que “no podemos ir a dormir cada día pendientes del tuit de un presidente”. Una crítica que aún fue más allá por parte del presidente de Brasil, cuando se refirió a las constantes publicaciones que realiza el actual presidente de los Estados Unidos en las redes sociales sobre el hecho de “querer definir el futuro de las naciones” como Venezuela y Cuba, o amenazar con “borrar del mapa” a otras naciones como Irán. Asimismo, el presidente Lula afirmó que “la ONU no puede permanecer en silencio ante lo que pasa en el mundo”, proponiendo que se convoquen reuniones extraordinarias para tratar asuntos de enorme importancia para todo el planeta. Una afirmación que apunta claramente hacia una reforma profunda de las Naciones Unidas en sus órganos de gobernanza global.
Los presidentes Lula y Sánchez durante la cumbre España-Brasil celebrada el 17 de abril en Barcelona. Foto Gobierno de España
En la misma línea de dura crítica hacia Donald Trump también destacó el discurso del gobernador de Minnesota durante el acto final del Global Progressive Mobilization, el demócrata Tim Walz, reclamando “que no se pierda la fe en el pueblo americano” y que todos los que crean en un mundo mejor condenen “la monstruosidad que ocupa la Casa Blanca”. El mismo Tim Walz tampoco tuvo reparos al denunciar que las políticas trumpistas son de “puro fascismo”, tanto en el mundo como en los Estados Unidos. En este sentido recordó las acciones de los policías de inmigración en el estado de Minnesota, calificándolos como “fuerzas paramilitares para aterrorizar a los ciudadanos”. El gobernador de Minnesota completó su emotivo discurso afirmando que “los políticos progresistas deben ser capaces de cumplir sus promesas con alternativas creíbles para mejorar rápidamente la vida de los ciudadanos”. Para finalizar, el político norteamericano también quiso dejar claro que la proclamación trumpista del “América primero”, debe ser sustituida por la proclamación de “la humanidad primero”.
Desde Beijing a inicios de la semana pasada hasta Barcelona para concluir la misma semana, el eco que más ha resonado frente a la barbarie y la estupidez es el de estar “en el lado correcto de la Historia”. Sería bueno que, en el actual gobierno de Costa Rica, pero especialmente en el nuevo gobierno que se va a configurar en los próximos días, tomen buena nota de todo esto para que salgan de la “zona de confort” en la que se encuentran y para que entiendan que el mundo es inmensamente más grande que el país de la “pura vida”. También es muy importante que se entienda en Costa Rica, que actuar con mala educación y favorecer las prácticas corruptas es exactamente lo que está en la misma línea del “fascismo trumpista” que busca arrasar el mundo entero para beneficio de unos pocos. Obviamente, esto no lo va a permitir la gran mayoría de pueblos del mundo, pues nos va la vida en ello. La gran pregunta que cabría hacerse en Costa Rica es si se va a querer o no se va a querer estar “en el lado correcto de la Historia”.





















