El Estrecho de Ormuz es uno de los focos más estratégicos del sistema internacional. Su posición permite controlar el acceso al Golfo Pérsico y al Océano Índico. Es el clásico chokepoint geopolítico, es decir un punto geográfico desde el que una potencia puede alterar o interrumpir el comercio mundial.
Ormuz tiene un peso excepcional para el mercado energético mundial y por allí transitan las exportaciones de petróleo y gas natural de países tales como Arabia Saudita, Irak, Kwait, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Irán y Qatar hacia sus importadores en Asia y Europa.
Para la República Islámica de Irán, Ormuz es un escudo estratégico y una carta de negociación frente a los Estados Unidos e Israel. Para los Estados Unidos mantener abierto Ormuz representa un interés nacional estratégico con repercusiones en la evolución de los precios internacionales del petróleo. Para Washington la libertad de navegación en Ormuz es un asunto de su seguridad nacional. Y entre las metas de su gobierno se incluye tanto mantener a Teherán sin acceso a las armas nucleares como mantener hacia abajo los precios del petróleo y las tasas de inflación en la economía estadounidense.
La geopolítica del siglo XXI está marcada por varios chokepoints: Ormuz, Bab el-Mandeb, Malaca, el Canal de Panamá, entre otros. Ormuz es al mismo tiempo el principal corredor marítimo y energético entre el Golfo Pérsico y el Océano Índico, un escenario militar, un punto de estrangulamiento comercial y una frontera geopolítica entre Oriente y Occidente.
Con las elecciones de medio término a la vista en los Estados Unidos, el presidente Trump ha decidido dar un viraje en política exterior y ahora está apostando a las sanciones y al estrangulamiento económico de Irán, en vez de las operaciones militares. Casi al mismo tiempo está suspendiendo o posponiendo la vía militar en Cuba y retomando el camino de las sanciones y la presión diplomática con el activo papel de su Secretario de Estado Marco Rubio.
Con Nicaragua ha optado Trump por la vía de la presión diplomática, el aislamiento y las sanciones en coordinación con los cancilleres de los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la nominación ante el Senado de la diplomática de carrera Natasha Franceschi como nueva embajadora de Estados Unidos en Nicaragua, por cierto con un “expertise” en países en conflicto, seguridad, Siria y asuntos de Medio Oriente. El punto de inflexión se produjo en julio cuando Daniel Ortega anunció que en Nicaragua “no volverá a haber elecciones”. Desde entonces la posición de Washington se activó contra el régimen Ortega- Murillo pero sin recurrir a la vía militar.
En Venezuela, la administración Trump le está dando continuidad al proceso de transición tutelada por el Secretario de Estado Marco Rubio y en ejecución por la presidente Delcy Rodríguez, aunque sin recurrir a la utilización de la fuerza militar.
También en el contexto de la campaña electoral Trump anunció la reducción de los ejercicios militares conjuntos entre los Estados Unidos y Corea del Sur porque al parecer se lleva muy bien con el mandatario de Corea del Norte Kim Jong-un”.
Al mismo tiempo ordenó el traslado del portaaviones estadounidense USS George Washington desde el Indo-Pacífico hasta el Medio Oriente. Debido a la guerra con Irán la prioridad inmediata de Washington se desplaza desde el Pacífico hasta el Medio Oriente. Mientras tanto se alista para recibir al mandatario chino Xi Jing-ping en Washington el próximo 26 de setiembre y está hablando de un posible encuentro con Kim Jong-un en noviembre.
En ese contexto, el presidente Trump ha declarado su interés de convertir el Estrecho de Ormuz en territorio estadounidense.
Más aún, el martes pasado desde su propia red social, Trump proclamó ya a Ormuz como nuevo territorio de los Estados Unidos publicando un mapa con el nuevo status del estrecho. Es decir que está dando como un hecho consumado que Ormuz es ya parte del territorio estadounidense.
Para que Trump convierta ese objetivo en realidad puedo percibir de manera muy general varios obstáculos.
En primer lugar, desde luego, el derecho internacional, pues una declaración unilateral del presidente no le permitiría eliminar la soberanía que tienen Irán y Omán sobre las aguas del Estrecho.
El segundo obstáculo sería por supuesto el mismo gobierno de Teherán que ya ha manifestado que no acepta la pretensión de Trump.
El tercer obstáculo sería el gobierno de Omán, el otros estado ribereño, que se sentiría afectado en su soberanía territorial. Por cierto un estado árabe que mantiene buenas relaciones con Trump y ha contribuido como mediador en el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.
La aspiración de Trump es mucho más viable como empresa militar y como instrumento de presión geopolítica que como proyecto jurídico de anexión territorial.
Controlar Ormuz, incluso con medios militares, tiene algún grado de probabilidad, pero convertir a Ormuz en territorio estadounidense es extremadamente improbable.
Con las elecciones de medio término a la vista para el martes 3 de noviembre de este año, la declaración del presidente Trump de adjudicarse a Ormuz como territorio estadounidense puede entenderse también como una narrativa geopolítica de campaña electoral y como uno de los medios para entusiasmar y consolidar el voto de los republicanos para el Senado y la Cámara de Representantes. Trump siempre ha sido muy creativo y a la vez muy disruptivo en sus métodos de lucha política y electoral.
Con el precio del petróleo superando nuevamente los $90 dólares el barril, la declaración del presidente Trump también se propone tranquilizar a los mercados, bajar los precios del petróleo y a lo mejor las tasas de inflación en los Estados Unidos.
Hoy día el petróleo continúa subiendo, impulsado principalmente por la incertidumbre geopolítica en torno a Irán y el estrecho de Ormuz. Al escribir esta columna el Brent está en alrededor de US$91,62% por barril. Y el WTI (West Texas Intermediate) está alrededor de US$85,83% por barril.
Impedir que Irán se convierta en una potencia nuclear, garantizar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, mantener hacia abajo los precios internacionales del petróleo y ganar las elecciones de noviembre próximo con el partido Republicano. Tales son algunos de los dilemas actuales del presidente Trump.




























