Desde mediados del siglo XX, en el momento que se inició la llamada “Guerra Fría”, los ideólogos del bloque occidental empezaron a utilizar el concepto de “mundo libre” para referirse a los países gobernados por democracias liberales que garantizaban el derecho a la propiedad privada y a la autonomía del libre mercado frente a cualquier imposición estatal. Y ciertamente, ese “mundo libre” prosperó en lo económico como nunca en la historia, consiguiendo que el bloque soviético sucumbiera bajo su incapacidad de reforma. De este modo, a finales del mismo siglo XX el concepto de “mundo libre” se proclamó como el único modelo posible para toda la humanidad, y por lo tanto su imposición en todos los rincones del planeta debía ser una misión histórica y civilizatoria.
Pero el “mundo libre” que durante todo este tiempo ha estado liderado por los Estados Unidos de América, oculta que su modelo crea desigualdades socioeconómicas monstruosas, y al mismo tiempo provoca adicciones en la población que llevan a un problema colosal de salud pública y de seguridad pública. En este sentido, no es casual que cuando finalizó la Guerra de Vietnam a mediados de los años 70, el consumo de las mismas drogas que se habían hecho servir para que los soldados afrontaran dicha guerra anestesiados, se empezase a extender en gran parte de la población de los Estados Unidos. Este consumo, lógicamente, ha ido acompañado por el auge del narcotráfico a gran escala que ha consolidado una vasta red de crimen organizado internacional y una delincuencia callejera sin control en todos los países occidentales. El “mundo libre” en el que unos pocos pueden pagarse las mejores universidades frente a un gran sector de población que vive en la más absoluta marginalidad, resulta que se sostiene a través de un mecanismo de poder absolutamente perverso e insostenible.
A inicios del siglo XXI, cuando un hermoso país llamado Costa Rica ya se había convertido en referente del turismo internacional, la llegada de turistas occidentales iba también acompañada por un consumo y un tráfico de drogas que año tras año no ha dejado de crecer. Incluso en los lugares más rurales del país, la apacible vida de tiempos pasados se ha transformado en una vida de inseguridad física y económica en la que los jóvenes son las principales víctimas a manos del narcotráfico sin escrúpulos. Un narcotráfico que actúa impunemente mientras el poder político sigue proclamando que el “mundo libre” es la única garantía de progreso.
Sin embargo, el proceso de degradación social en el “mundo libre” hasta el día de hoy, ha venido acompañado por la emergencia de un modelo alternativo liderado por la República Popular China. El gigante asiático también tuvo que afrontar hace unos 20 años atrás problemas de orden público por acción de bandas de delincuencia urbana, pero cuando el poder político empezó a depurar responsabilidades y a reorganizar sus sistemas de control y seguridad ciudadana, en poco tiempo se logró erradicar la inseguridad en las calles chinas. El resultado hoy es que en China las personas pueden pasear tranquilamente por cualquiera de sus grandes ciudades a cualquier hora del día sin tener que preocuparse por su seguridad. Y esto lo afirmo después de pasar 4 meses en China, donde he sentido una seguridad impresionante que iba acompañada por la ausencia total en las calles de personas en estado marginal o bajo los efectos de las drogas.
En la comparativa entre el llamado “mundo libre” con miles de personas enfermas y drogadas que amenazan la seguridad de toda la población de un país, frente a la tranquilidad y la seguridad en la que se vive en la República Popular China que planifica su futuro cada 5 años, yo me pregunto, ¿en qué se basa el verdadero concepto de libertad? Desde mi punto de vista, si un régimen político es incapaz de garantizar la salud y la seguridad para todos sus ciudadanos, la “libertad” desaparece por completo, como demuestran las rejas y las alambradas de metal que protegen las casas en Costa Rica.
Que nadie se engañe con esto, si por un lado se nos dice que somos “libres” para manifestar nuestra orientación sexual, por otro lado, el sistema político y económico nos va recortando más y más derechos sociales. Y todo esto pasa en paralelo al triunfo imparable del socialismo con características chinas, el cual no solo garantiza los principales derechos sociales y la seguridad ciudadana en cualquier rincón de la China milenaria, sino que año tras año permite el progreso económico de toda una población de unos 1.450 millones de habitantes que ya tiene una renta per cápita similar a la de Costa Rica. Una renta per cápita que en pocos años alcanzará a los principales países de Europa para recordarnos que el progreso y la libertad van de la mano de la seguridad que solo un Estado fuerte y soberano puede garantizar.





















