Estos días se celebra el Año Nuevo Chino, equidistante entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera en el hemisferio norte. Es por lo que en China se conoce como la Fiesta de la Primavera, el tiempo en el que la luz solar se alarga hacia la gran eclosión de vida que culmina a mitad de año. No extraña que el Carnaval de nuestro calendario cristiano también coincida con esta fecha, una celebración pagana muy ancestral, que sin duda enlaza con todas las civilizaciones euroasiáticas. La coincidencia festiva que abarca territorios tan extensos confirma que la humanidad siempre se ha guiado por la observación de los astros, el sol y la luna principalmente, y ello es la señal más clara de que todos los pueblos de la Tierra tenemos mucho más en común de lo que nos separa.
En esta conexión de civilizaciones con unos 2.500 años de historia compartida, destaca por un lado la antigua Grecia en la cuenca mediterránea, mientras que por otro lado destaca la antigua China como el país central de entre todos los diferentes pueblos del llamado Lejano Oriente. Entre el antiguo mundo grecolatino y el antiguo mundo chino, no fue casual la relativa coincidencia del legado que dejaron los antiguos sabios de cada civilización. Mientras que Aristóteles sigue siendo el gran sabio para las culturas europeas y mediterráneas, Confucio representa lo mismo para la cultura china. Toda una época en la que brotaron grandes fuentes de sabiduría interconectadas, pero durante la cual también irrumpieron con fuerza los conflictos bélicos en las disputas humanas. Conflictos como las guerras entre las ciudades de Esparta y Atenas, o como la gran campaña dirigida por el rey Alejandro Magno para crear un imperio euroasiático que también incluía a Egipto. Conflictos siempre por el control de los recursos, de entre los cuales ya formaba parte la legendaria Ruta de la Seda, la ruta comercial más importante de la historia entre Asia, África y Europa.
En China, justo antes de aquellas guerras mencionadas, la visión de sus pensadores en algunos temas estaba más avanzada que la visión de los pensadores occidentales, destacando en este caso el tratado conocido como “El arte de la guerra” escrito por el estratega Sun Tzu. Un tratado tan avanzado a su tiempo que actualmente se sigue consultando para cuestiones que van más allá de la estrategia militar, también como manual para la diplomacia, para la gestión empresarial o para la administración pública. Por otro lado, hay que recordar que la construcción de la Gran Muralla China se inició dentro de aquel contexto, hace más de 2.000 años, con el fin de proteger al territorio chino de las invasiones de los pueblos bárbaros del norte. En este sentido, los chinos denominan a su país con la palabra Zhongguó, que significa “el país del centro”. Un centro de antiguos reinos que se fueron unificando hasta lo que hoy conocemos como China, y que si lo trasladamos al momento actual seguiría siendo el centro geopolítico de una parte del mundo con un perímetro formado por otras potencias como son Rusia, India, Indonesia y Japón.
Dentro del proceso de la historia universal desde hace unos 1.000 años, es interesante destacar las diferencias entre China y Europa. En el caso europeo, su fragmentación en diferentes territorios dirigidos por una ambiciosa burguesía mercantil dio lugar al fenómeno del colonialismo global que perdura hasta nuestros días. En cambio, la China que ya había inventado el papel, la imprenta, la pólvora y la brújula cuando Cristóbal Colón llegó a América, era entonces un Estado con bases muy sólidas que se apoyaba en una civilización milenaria. Aquella China del siglo XV construyó la mayor flota de barcos que jamás se había conocido en el mundo, la cual trasladó a miles de personas por las costas de Asia y de África, pero sin que la palabra colonialismo formara parte de su vocabulario. De hecho, las siete expediciones navales realizadas entre los años 1405 y 1433 bajo el mando del almirante Zheng He, se conocieron como “los viajes del tesoro”, sin más afán que mostrar el poder y la riqueza de China. Tras la muerte de aquel almirante, China entró en una etapa de aislacionismo.
Es muy significativo destacar los últimos cinco siglos de historia colonial en el mundo por parte de grandes potencias, a diferencia del repliegue de China que finalmente acabó siendo invadida por ingleses y japoneses. El inicio del renacimiento chino no llegó hasta la fundación de la República Popular China el 1 de octubre de 1949, un proceso que vemos día a día con el objetivo de recuperar la condición de primera potencia mundial, como ya lo fue antes del siglo XVIII.
Conmemoración del Año Nuevo Chino 2026, gentileza de la Embajada de la República Popular China en la República de Costa Rica.
El repaso de la historia de China en relación con el mundo cristiano, europeo y americano, visto desde un pequeño pero hermoso país como es Costa Rica, a mi juicio es algo que permite obtener una visión maravillosa de la unión de civilizaciones. Y afirmo esto después de ver el acertado diseño del cartel con el que la diplomacia china ha querido celebrar el Año Nuevo Chino en tierras costarricenses. En mi condición de geógrafo e historiador, esta combinación de elementos pone luz al camino que debe seguir toda la humanidad. Por un lado, la seda china y la Gran Muralla, un patrimonio cultural milenario que conecta con el resto del mundo. Por otro lado, el paisaje de volcanes y la biodiversidad centroamericana, un patrimonio natural de incalculable valor como ejemplo de un medio ambiente que debemos preservar.
La República de Costa Rica fue pionera en reivindicarse como un país de paz cuando el 1 de diciembre de 1948 declaró la Abolición del Ejército tras concluir una guerra civil. La historia posterior en todo el mundo ha vivido una escalada militar impulsada principalmente por la mentalidad imperialista que sigue buscando la división y el enfrentamiento, con el propósito de expoliar recursos y esclavizar a los pueblos. Desde los tiempos de la antigüedad, seguimos viviendo bajo esta mentalidad de dominación que en algún momento deberá tipificarse como delito contra la vida en la Tierra.
En Costa Rica ya hace muchas décadas que se optó por el camino de las relaciones pacíficas entre los pueblos, mientras que hoy desde China se habla de una “comunidad de futuro compartido para la humanidad”, recuperando así el espíritu de “los viajes del tesoro” comandados por el almirante Zheng He en el siglo XV. La idea china en este momento con el fin de lograr los objetivos globales ligados a la paz, la cooperación y la sostenibilidad recibe el nombre de Iniciativa de la Franja y la Ruta, una adaptación de la vieja Ruta de la Seda para el siglo XXI. Al final volvemos al mismo dilema de hace cinco siglos atrás, entre si se opta por la hermandad de los pueblos para un provecho mutuo, o si se opta por perpetuar la “ley del más fuerte” sin importar las consecuencias globales.
El mensaje desde China y desde Costa Rica es el más poderoso que podemos enviar al mundo, con la cultura y la biodiversidad como banderas hacia el gran objetivo de una “comunidad de futuro compartido para la humanidad”. En el lado totalmente contrario a este mensaje se sitúa la principal potencia del mundo occidental y algunos de sus aliados, cuyos representantes políticos están decididos a declararle la guerra a todo el Sur Global. ¿Y por qué quieren declarar la guerra a países vulnerables en vías de desarrollo? Pues sencillamente porque por primera vez en la historia de los últimos cinco siglos, la mayoría de los países del Sur Global están alzando la voz para reclamar sus derechos y su soberanía, y esta posición choca frontalmente con la política económica basada en el expolio y la especulación. Tal declaración de guerra, en realidad va en contra de la humanidad y del planeta en su conjunto. ¿Creen algunos costarricenses que apoyando la posición de las mayores potencias occidentales van a tener un país mejor? Es evidente que no, sobre todo si pensamos en una aplicación efectiva de las políticas de desarrollo sostenible como garantía para la preservación de los ecosistemas y los paisajes de Costa Rica, y también si pensamos en una aplicación efectiva de las políticas sociales en favor de la igualdad de oportunidades para toda la ciudadanía.
Desde mi humilde opinión, el gran reto al cual nos enfrentamos solo puede tener como ganadores a todos los que apostamos por un mundo de paz y prosperidad dentro de una “comunidad de futuro compartido para la humanidad”. De esto no me cabe duda porque el Sur Global es mucho más numeroso, tiene una población mucho más joven y es mucho más fuerte que aquellas sociedades donde impera la obesidad y las drogas. Cuando en una sociedad hay millones de personas con la mente y el cuerpo destruidos, solo se puede esperar el colapso. Es por lo que considero que, desde las tierras de paz en un mundo en guerra, la clave de nuestro futuro pasa por reivindicar una humanidad multirracial, frente a la falsa idea de superioridad del “hombre blanco”. Ya no hay más margen de maniobra, es ahora o nunca cuando podemos ganar esta guerra y hacer que reine la paz perpetua en la Tierra.
Cataratas Nauyaca (Costa Rica). Foto Sergi Lara
Concluyo el artículo entre dos fotos de tierras de paz y dos citas:
“La Nueva Frontera está ante nosotros, lo queramos o no; áreas todavía no exploradas de la ciencia y del espacio, problemas no resueltos de la paz y la guerra, restos inconquistados de ignorancia y prejuicios, cuestiones no solucionadas de pobreza y excedentes.”
John Fitzgerald Kennedy, político estadounidense (1917-1963).
“Algún día no nos separarán orígenes étnicos, ni chovinismos nacionales, ni fronteras, ni ríos, ni mares, ni océanos, ni distancias. Seremos, por encima de todo, seres humanos llamados a vivir inevitablemente en un mundo globalizado, pero verdaderamente justo, solidario y pacífico. Ese día hay que ganarlo luchando.”
Fidel Castro, político cubano (1926-2016).
Parque Longtan en Pekín (China). Foto Sergi Lara
El concepto de “comunidad de futuro compartido para la humanidad” fue propuesto por el presidente Xi Jinping en noviembre de 2012 durante el 18° Congreso del Partido Comunista de China. En 2015, el mismo concepto fue presentado durante el 70ª Asamblea General de las Naciones Unidas. De este modo, la República Popular China hace más de 10 años que está comprometida con un concepto que busca implementar el desarrollo pacífico y construir un mundo armonioso. En este 2026, el Año Nuevo Chino es el Año del Caballo, acompañado por el Fuego. En la astrología china esto significa que entramos en un año muy dinámico, potente y lleno de impulso. El Caballo simboliza movimiento, avance, energía y expansión. Un año para avanzar en la consolidación de una “comunidad de futuro compartido para la humanidad”, de tierras de paz que pongan fin a todas las guerras.






















