Una de las primeras noticias importantes con las que se inició este año fue la operación de captura del presidente de Venezuela, el señor Nicolás Maduro. Una operación ejecutada por fuerzas militares de los Estados Unidos como muestra de que todos los discursos realizados en la sede de la Organización de las Naciones Unidas respecto al “derecho internacional” o respecto a la “soberanía nacional” y la “integridad territorial”, son papel mojado cuando se trata de los intereses del país norteamericano. Pocos días después de esta noticia se realizó una encuesta en los países de América Latina para medir el apoyo que daba la ciudadanía del continente a tal operación. Mientras un país como México quedó en un nivel de aprobación por debajo del 10% de la población consultada, en el primer puesto de entre todos los países se situó Costa Rica con un nivel de aprobación alrededor del 80%. Yo mismo quise comprobar cuál era el apoyo que los costarricenses daban, preguntando a una decena de personas de mi entorno personal qué opinaban sobre la captura del presidente Maduro. Y la respuesta de la mayoría de estas personas fue apoyar la captura sin tomar en consideración que un país invada la soberanía nacional de otro país, justificando que el presidente Maduro era un dictador que había hecho mucho daño a su propio pueblo.
A lo largo de los últimos dos siglos, los Estados Unidos han realizado más de un centenar de operaciones de agresión o de conspiración en todos los países de América Latina, ya sea para imponer dictaduras o ya sea para desencadenar guerras civiles, con el fin de controlar los recursos y los gobiernos. En la misma Costa Rica se vivieron algunos episodios a mediados del siglo XIX, e incluso podría decirse que el triunfo revolucionario que llevó a Pepe Figueres hasta la presidencia del país en 1948 tuvo el apoyo de la inteligencia estadounidense.
Justo durante aquellos años posteriores a la Segunda Guerra Mundial se produjeron gran cantidad de conflictos nacionales para determinar las líneas políticas que debían dirigir los países en función del área de influencia de las principales potencias, la mitad occidental del planeta bajo la órbita de los Estados Unidos y la mitad oriental del planeta bajo la órbita de la Unión Soviética. En este sentido, la aprobación de una gran cantidad de costarricense a ciertas políticas y a una parte del estilo de vida en los Estados Unidos tiene mucho que ver con el proceso de construcción del Estado moderno que surgió a partir de la guerra civil de 1948 y la posterior fundación de la Segunda República de Costa Rica. La figura de José Figueres Ferrer, popularmente conocido como Pepe Figueres, fue clave para entender este proceso y las contradicciones que se han sucedido hasta la actualidad.
El personaje de Pepe Figueres vino al mundo el 25 de septiembre de 1906 en el pueblo de San Ramón. Hijo de inmigrantes catalanes, su padre Mariano fue médico y creó una de las mejores clínicas privadas del país, mientras que su madre Francisca ejerció de maestra. En la casa de los Figueres Ferrer solo se hablaba en lengua catalana, el español lo tuvo que aprender en la calle y en la escuela. Después de realizar estudios de ingeniería en el Instituto de Tecnología de Massachusetts de la ciudad de Boston, entre 1924 y 1928, aquel joven Pepe Figueres adquirió una avanzada visión de la vida y de la política. Una vez consolidado como empresario agrícola en pleno contexto de la Segunda Guerra Mundial, Pepe Figueres denunció la corrupción generalizada en el país a través de un discurso radiofónico emitido el 8 de julio de 1942, lo cual le obligó a exiliarse durante dos años por varios países de Centroamérica. De vuelta a Costa Rica en 1944, y con el fin de una guerra que situaría a los Estados Unidos como la principal superpotencia del mundo, Pepe Figueres consiguió toda una serie de apoyos, tanto nacionales como internacionales.
Estos apoyos fueron vitales para enfrentarse de nuevo con los grupos de poder que querían controlar el país en febrero de 1948, cuando se produjo un intento de fraude electoral en la lucha por la presidencia de la República. La insostenible situación política y social hizo estallar una pequeña Revolución civil-militar entre los meses de marzo y abril de 1948, liderada por el propio Figueres desde su finca "La Lucha". Aquella corta guerra civil dio como resultado la creación de una Junta Fundadora de la Segunda República de Costa Rica durante 18 meses, etapa de transición que tuvo su momento más simbólico el día 1 de diciembre de 1948, cuando Pepe Figueres declaró en el interior del Cuartel Bellavista la Abolición del Ejército en Costa Rica.
La icónica foto tomada por el fotógrafo Mario Roa el 1 de diciembre de 1948, cuando el presidente Pepe Figueres golpeó con un mazo uno de los muros del Cuartel Bellavista para simbolizar el decreto de Abolición del Ejército en la República de Costa Rica.
Pero más allá de los símbolos y las proclamas, lo relevante del contexto internacional que se vivió durante aquellos años posteriores a la Segunda Guerra Mundial fue la lucha por la hegemonía ideológica. La irrupción del comunismo en todo el mundo a partir de la entrada triunfal de las tropas soviéticas en la ciudad de Berlín en 1945 fue un hecho histórico de enorme trascendencia. Sin embargo, en el continente americano los Estados Unidos tenían una gran ventaja geopolítica para impedir la penetración del comunismo. En 1947, un documental sobre Costa Rica realizado por la productora Metro Goldwyn-Mayer, expresó el gran interés de los Estados Unidos por conservar sus posiciones en Centroamérica gracias al poder ganado durante medio siglo a través de la mítica United Fruit Company. Pero tampoco fue casual que entre 1948 y 1949 se produjesen simultáneamente revoluciones y guerras civiles en lugares muy distanciados del mundo, destacando por un lado el inicio de la “guerrilla colombiana” y por otro lado la fundación de la República Popular China. En Costa Rica, el “campo de batalla” ideológico unió a políticos socialcristianos y políticos comunistas, quienes no pudieron frenar a la mayor fuerza de los grandes propietarios de tierras y la oligarquía criolla con Pepe Figueres nombrado presidente interino.
Mientras el 1 de octubre de 1949, el líder Mao Zedong proclamó la República Popular China, en Costa Rica su nueva constitución política prohibió la inscripción de cualquier partido político con ideología comunista. Aquel fue un escenario enormemente contradictorio, pues la base de las garantías sociales costarricenses se estableció con la alianza de socialcristianos y comunistas durante los años previos a la Revolución encabezada por Pepe Figueres. Al final lo que estaba en juego era si la propiedad de las tierras debía ser colectiva (modelo comunista), o bien si debía quedar en manos privadas (modelo capitalista defendido por la United Fruit Company). Es evidente qué modelo fue el ganador en Costa Rica y por qué hasta el día de hoy hay un rechazo tan grande de la palabra “comunismo”, lo cual se ha confirmado con la aprobación mayoritaria de la población costarricense a la reciente intervención militar en Venezuela, fruto de 75 años de un modelo de “Estado con características costarricenses”.
Pero sin duda, Pepe Figueres hizo valer toda su inteligencia y perspicacia durante el momento histórico que le tocó vivir como líder político, especialmente durante sus dos mandatos presidenciales tras ser elegido en diferentes elecciones democráticas, el primero entre 1953 y 1958, y el segundo entre 1970 y 1974. Un cuarto de siglo de cambios fulgurantes en todo el mundo, que el Partido Liberación Nacional fundado en 1951 por el propio Figueres, capitalizó a la perfección para aglutinar un gran poder en todo el territorio de Costa Rica. Mediante aquel partido político que se convirtió en hegemónico durante décadas, el mítico presidente impulsó la construcción del Estado moderno costarricense incorporando a su acción de gobierno a políticos y técnicos que oscilaban entre la centroderecha y la centroizquierda. Si bien la palabra “comunismo” quedó siempre alejada del vocabulario de Pepe Figueres, sí abrazó la palabra “socialismo” como un hecho inevitable y necesario, muy al estilo de las socialdemocracias europeas que fueron su referente.
Una de las célebres citas de Pepe Figueres. La Costa Rica liderada por él consolidó un Estado moderno, con estabilidad política y bienestar social, pero no evitó las grandes desigualdades del capitalismo.
Poco después de que Pepe Figueres concluyese su último mandato presidencial de la República de Costa Rica, el país ya tenía muy bien trazadas sus líneas maestras en lo que respecta a la parte social, destacando la escolarización pública (el nivel más alto de toda América Latina), la cobertura sanitaria pública o el acceso al agua potable y la electricidad. El país seguía siendo mayoritariamente rural pero también se hizo una apuesta fuerte por atraer visitantes extranjeros de cara a una incipiente industria turística que aportaría mucha modernidad al país, que de paso propició mayor conciencia medioambiental. Todo esto pasaba en Costa Rica a finales de los años 70 del siglo XX, mientras que en el otro extremo del mundo destacó un hecho que iba a marcar un punto de inflexión para la geopolítica global, como fue el inicio del liderazgo de Deng Xiaoping en la República Popular China.
Entre 1979 y 1989, la figura de Deng Xiaoping en China podría resumirse con una de sus reflexiones más determinantes: “No importa de qué color sea el gato, lo que importa es que cace ratones”. ¿Y a qué se refería aquel carismático líder tras 30 años de Revolución Comunista en China? Pues sencillamente al proceso de reforma y apertura con el que China afrontaría sus próximas décadas para distanciarse definitivamente del modelo soviético y acercarse a un modelo híbrido de “capitalismo de Estado”. Un modelo de “socialismo con características chinas” en el que el sistema económico controlado por el Estado estaría al servicio de todo el país. Las empresas estatales, la gestión de los recursos y la productividad en general, funcionarían bajo los mismos mecanismos de acumulación de capital, pero en este caso con un fin político diferente al que experimentaban las principales potencias occidentales. Un verdadero “gobierno del pueblo para el pueblo”, o como les gusta decir en China, un Gobierno Popular regido por una Democracia Popular. Un Estado como garante de derechos para toda la ciudadanía, el cual mantiene el esquema de la planificación quinquenal para todos los proyectos estratégicos del país, siempre bajo la supervisión del Partido Comunista Chino y con una premisa clara: Que haya el mayor número de población dentro de una clase media.
El Estado representado como un gato cuya misión es cazar ratones, al fin y al cabo, es el ideal de cualquier país moderno. Otra cosa es que un Estado esté controlado por corporaciones, oligarquías o intereses privados, que en el caso chino es lo que se trata de evitar a toda costa. En este punto es donde la visión de un verdadero estadista que sepa combinar el pragmatismo y la determinación puede hacer posible que un país siga su rumbo hacia un modelo híbrido. En el caso de Costa Rica, su modelo híbrido ha quedado ligado por siempre a la figura de Pepe Figueres, con un Estado de fuerte componente social sin ser socialista. En el caso de la República Popular China, su modelo híbrido ha quedado ligado por siempre a la figura de Deng Xiaoping, con un Estado de fuerte componente capitalista en lo económico, pero sin perder las bases del comunismo en la estructura social y territorial.
Monumento a la Revolución China en la Plaza Tiananmén de Pekín. Foto Sergi Lara
Pepe Figueres murió el 8 de junio de 1990 en San José de Costa Rica, medio año después de la caída del Muro de Berlín que puso punto final a la “Guerra Fría” entre los dos bloques ideológicos enfrentados en el planeta. En China, Deng Xiaoping pasó el relevo a Jiang Zemin, quien continuó con el proceso de modernización y apertura del gigante asiático. Hubo que esperar hasta el 19 de febrero de 1997 para que Deng Xiaoping concluyese su vida, un visionario líder nacido en 1904. Tanto él como Pepe Figueres fueron hijos del siglo XX de principio a fin, cada cual, asumiendo sus respectivas responsabilidades en países bien dispares, pero con aspectos comunes.
A inicios del siglo XXI, ambos países normalizaron por fin sus relaciones diplomáticas y sellaron un Tratado de Libre Comercio. En los últimos años es bien sabido el colosal avance a todos los niveles que ha experimentado China, y que sigue imparable sin cesar. Un avance en forma de progreso social y desarrollo tecnológico que no ha tenido precedentes en el mundo por su rapidez. Este avance de China ha dejado en evidencia al modelo capitalista occidental, ocasionando una auténtica “deconstrucción” en las sociedades del llamado “primer mundo”, cuyos efectos y alcance todavía no logramos vislumbrar. En Costa Rica el Estado sostiene las estructuras que permiten vivir razonablemente bien a esa clase media de raíces rurales que rápidamente incorpora el estilo de vida urbano. En China, la proclama de su actual líder Xi Jinping marca la hoja de ruta del futuro más cercano, que no es otro que consolidar una “sociedad modestamente acomodada”. Tanto en el caso costarricense como en el caso chino, la población en general no quiere perder el tren del futuro y del bienestar, pero hoy el mundo bajo la crisis climática y la incertidumbre económica es ya muy diferente a los tiempos de liderazgo de Pepe Figueres y de Deng Xiaoping. En cualquier caso, hoy China sí que tiene una enorme ventaja respecto al resto de países del mundo, como es la fortaleza de su Estado que aplica políticas con total determinación hacia una modernización masiva en todos los rincones del país.
El pasado 15 de diciembre de 2025, el servidor que escribe este artículo me encontraba en el último día de una estancia de 4 meses en China. Y ese día no pudo acabar mejor que participando en la entrevista que la Televisión China le hizo al embajador de Costa Rica, el señor Alfredo Ortuño Victory. Una entrevista para conocer la opinión que tiene un diplomático extranjero sobre China después de un tiempo en el país, algo en lo que el embajador costarricense fue muy claro: “China es ya un referente para el mundo, no solo en desarrollo y tecnología, también en progreso social”. Concluyo el artículo con esta reflexión sobre la percepción del “socialismo con características chinas”, que nada tiene que ver con lo que se vivía en Venezuela a inicios de este año, pero que en cualquier caso es un modelo dirigido bajo el liderazgo del Partido Comunista Chino. Y aunque en un país como Costa Rica la palabra “comunismo” no es bien recibida, estoy seguro de que más pronto que tarde podrá ser entendida si se observa el mundo en clave china.
Imagen del autor de este artículo entre el secretario y el embajador de Costa Rica en Pekín, junto a una presentadora de la Televisión China. Foto CGTN (China Global Television Network).





















