El pasado 8 de febrero nuevamente volvimos a recordar el natalicio de nuestro héroe y libertador nacional: Juan Rafael Mora Porras. Don Juanito, como se le llamó en aquellos años en los cuales el pueblo lo aclamaba. El presidente de Costa Rica, un hombre íntegro, gran comerciante cafetalero, visionario de grandes empresas y digno representante de todo lo que implica el ser costarricense. El mayor patriota y modelo de amor nacional siendo el mejor jerarca que ha ocupado nuestra historia.
El héroe que guio la gesta de la Campaña Nacional de 1856, algo que ya suena lejano pero que hoy en día es nuestro mayor legado: la libertad de Costa Rica y Centroamérica, por ende, incluso la libertad de los pueblos hispanos ante las ideas del destino manifiesto de Walker y sus filibusteros. Una hazaña que en coyunturas actuales debe vivirse actualizándose como un memorial y no solo en un vago recuerdo para celebración de cada marzo y abril de las batallas de Santa Rosa y Rivas.
Hoy traigo al recuerdo a don Juanito, en su mes de cumpleaños. Entre la multitud de las gentes que caminan por el bulevar de la calle que lleva su nombre, que comunica la avenida central y la avenida segunda, en el centro de San José, se encuentra en el olvido una gran placa colocada en una base de concreto, recordando que en ese lugar nació y estuvo la casa donde vivió su primera infancia. Dicho monumento se encuentra rayado, sucio y descuidado, además de opacado por los comercios que lo rodean. Hoy sigue ahí en el silencio, en la misma calle donde se fundó la ciudad capital y su primer templo dedicado al santo patrono: la villa de San José de la Boca del Monte. En días nublados la lluvia cae en estos rincones josefinos, como un lavado que cubre la historia nuevamente y, en el día a día, el paso del gentío la hace caer de nuevo en el olvido. De noche, San José puede hablar en el silencio nocturno y clama por nuevos bríos que, lejos de nostalgias, pide recuerdos y herencias de gloria.
Costa Rica no dimensiona la figura de don Juanito, a diferencia de otros pueblos cercanos que celebran y añoran legados de sus próceres; los costarricenses nos quedamos con una lejana historia que nos contaron en la escuela o en el colegio. Ejemplo de esto es la fecha de su natalicio, casi olvidado, e igualmente cada 30 de septiembre, día de su muerte injusta que debería de ser de mayor memoria nacional.
Ya desde antaño un monumento en esta misma calle, colocado en 1929 frente al edificio de Correos de Costa Rica, lo magnificaba, pero ¿cuántos hoy lo ven, y lo determinan y comprenden su importancia? Carmen Lyra se preguntaba en su momento: ¿qué verán esos ojos de mármol en el futuro? Hoy ya hemos superado esa barrera del tiempo y el legado de las gestas del 56 deben seguir resonando en el fervor cívico de los costarricenses. Cada vez que estamos llamados a salir adelante como país, a enfrentar retos importantes y a superar cualquier circunstancia adversa, podemos decir que llega la hora de Juanito Mora. Ante los desafíos actuales, sus palabras resuenan aún con más fuerza; solo basta recordar sus proclamas: “Vamos adelante, que yo marcho al frente del ejército nacional”. El héroe que va delante por el país y que se enorgullece de “llamarnos sus hijos” a todos los costarricenses hasta la posteridad.
El latido del corazón de Costa Rica es el mismo latir de don Juanito; su historia es nuestra misma historia. La defensa del país no siempre se hace con armas. Hoy nuestro ejército es la educación, la cultura y nuestra identidad provenientes de estas páginas históricas, la cual debe seguir los mismos pasos de unidad, lucidez y compromiso por Costa Rica, valores proclamados por él, que deben ser llevados como herencia desde cada una de nuestras realidades para combatir a los filibusteros de nuestros tiempos. El legado morista debe ser un carisma y una esencia del ser y de la identidad costarricense presente en cada prueba y dificultad nacional, así como impulso de la fuerza del trabajo y de la paz. "Vuestra lucha es por la patria, por vuestros hogares, por vuestros hijos, por la libertad y por la civilización." de la Primera Proclama de Don Juanito (1855).
Josué Arias Hernández
Profesor de primaria





































