Nos falló el ICE. Trastabilla en su propia incompetencia. El Plan de Expansión de Generación Eléctrica se quedó solo en planes de escritorio, en los teclados de unos cuantos burócratas. Duele doblemente, porque afecta nuestra capacidad de producción y pone en riesgo al país entero, y porque invertimos mucho dinero en la formulación de estos planes para que solo sirvan para presentaciones bonitas que reciben aplausos de otros burócratas igualmente incompetentes e irresponsables.
Nos atropellan el super Niño y la improvisación institucional. Estas son dos noticias que tomo de muy diferentes fuentes, cuya combinación resulta más que tóxica para el sector productivo, para usted y para mí, y para nuestro abatido país.
El fenómeno de El Niño es una alteración climática de gran escala originada por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Este evento modifica los patrones normales de circulación atmosférica y provoca cambios importantes en el clima de distintas regiones del mundo. Entre sus efectos más comunes se encuentran sequías prolongadas, lluvias intensas, inundaciones, aumento de temperaturas y alteraciones en los ecosistemas marinos y terrestres. Además, El Niño afecta la agricultura, la disponibilidad de agua potable, la pesca y la generación de energía, ocasionando impactos económicos y sociales significativos en numerosos países.
En Costa Rica, El Niño suele producir una disminución considerable de las lluvias, especialmente en la región del Pacífico Norte y el Valle Central. Las temperaturas aumentan y las estaciones secas tienden a prolongarse y las temporadas de lluvia tienen disminuciones e interrupciones, lo que afecta la producción agrícola y eleva el riesgo de incendios forestales. Asimismo, la reducción de precipitaciones impacta los caudales de los ríos y disminuye la humedad de los suelos. En contraste, algunas zonas del Caribe pueden experimentar lluvias irregulares y eventos extremos. Estas variaciones climáticas alteran la disponibilidad de recursos hídricos y generan presión sobre los sistemas de abastecimiento de agua para consumo humano y actividades productivas.
Uno de los sectores más afectados por El Niño en Costa Rica es el de la generación hidroeléctrica. La disminución de lluvias reduce el nivel de los embalses utilizados por las plantas hidroeléctricas, limitando la capacidad de producción de energía. Cuando se prevé que los embalses podrían alcanzar niveles críticos en el futuro cercano, las autoridades comienzan a implementar medidas de ahorro energético -ya escucho en la radio estos mensajes- y una gestión más estricta de los recursos hídricos para garantizar la estabilidad del sistema eléctrico nacional (SEN).
Debemos de tener muy presente de que, en Costa Rica, aproximadamente el 70% de la electricidad proviene de plantas hidroeléctricas, lo que convierte al país en una de las naciones más dependientes del recurso hídrico para su generación energética. Un evento de El Niño “con esteroides”, caracterizado por sequías extremas y temperaturas récord, podría reducir drásticamente el nivel de los embalses hidroeléctricos, comprometiendo la estabilidad del SEN.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA por sus siglas en inglés) y su Climate Prediction Center, reportaron en abril y mayo de 2026 una alta probabilidad -se estima cercana al 60% de ocurrencia- de formación de El Niño durante 2026 y persistencia hacia 2027. Asimismo, el Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos a Plazo Medio (ECMWF por sus siglas en inglés) señaló que algunos modelos proyectan anomalías oceánicas comparables o incluso superiores a los grandes “super El Niño” de 1997–98 y 2015–16. Medios científicos y análisis especializados como Carbon Brief, Reuters y análisis climáticos europeos han utilizado términos como “super El Niño” o “record-breaking El Niño” al interpretar las proyecciones oceánicas de 2026.
Cuando el fenómeno de El Niño afecta a Costa Rica, sus impactos sobre la disponibilidad hídrica y la generación eléctrica también se extienden, en mayor o menor medida, al resto de Centroamérica. Debido a que la matriz energética de varios países de la región depende significativamente de la generación hidroeléctrica, las condiciones de sequía asociadas a este fenómeno provocan déficits simultáneos de energía en los sistemas eléctricos regionales. En consecuencia, durante estos períodos no es razonable asumir que Costa Rica podrá cubrir sus necesidades mediante importaciones de electricidad desde el Mercado Eléctrico Regional (MER), ya que los demás países enfrentan restricciones similares de oferta energética al mismo tiempo.
Por otro lado, las noticias nos informan que el Estado se apura a hacer una inversión en generadores térmicos. El proyecto original impulsado por el ICE contemplaba una inversión cercana a los 400 millones de dólares para la construcción de la planta térmica Moín IV en Limón, con una capacidad aproximada de 200 megavatios. Según el ICE, esta planta tendría como objetivo fortalecer la estabilidad del sistema eléctrico nacional y servir de respaldo ante la creciente incorporación de energías renovables variables, como la solar y la eólica. El proyecto también buscaba sustituir el alquiler temporal de plantas térmicas y garantizar la continuidad del suministro eléctrico durante períodos de sequía y alta demanda.
Sin embargo, en los últimos días comenzaron a aparecer en medios nacionales informaciones sobre una versión más acelerada y ajustada del proyecto, cuyo costo ronda ahora los 340 a 350 millones de dólares. El gobierno y el ICE han argumentado que la urgencia de esta compra responde a la necesidad de asegurar el abastecimiento eléctrico ante posibles crisis energéticas internacionales, el aumento de la demanda nacional y los riesgos climáticos asociados a eventos extremos de El Niño, como mencioné en párrafos anteriores. La nueva propuesta contempla un procedimiento de contratación expedito para instalar rápidamente capacidad térmica de respaldo en Moín.
El argumento de que la compra de nuevas plantas térmicas responde principalmente a las “crisis energéticas internacionales” resulta débil y, en muchos sentidos, falaz, porque precisamente esas crisis afectan con mayor fuerza a los países que dependen de combustibles fósiles importados para producir electricidad. En el caso de Costa Rica, la dependencia histórica de fuentes renovables había permitido amortiguar durante décadas los impactos de las fluctuaciones internacionales del petróleo. Apostar ahora por una expansión significativa de generación térmica basada en búnker y diésel no reduce la vulnerabilidad energética; por el contrario, la profundiza y expone al país a una mayor volatilidad de precios internacionales, conflictos geopolíticos y aumentos abruptos en los costos de generación eléctrica.
Más que una consecuencia inevitable de factores externos, la necesidad urgente de instalar generación térmica evidencia problemas internos de planificación, previsión e inversión oportuna por parte del ICE. Durante años, distintos sectores técnicos señalaron la necesidad de modernizar la matriz eléctrica mediante ampliación de transmisión, geotermia, generación distribuida, energía solar a gran escala, eólicas, y yo personalmente he venido insistiendo en la incorporación de gas natural y energía nuclear. Sin embargo, la ausencia de decisiones estratégicas oportunas y de planes de expansión suficientemente robustos dejó al sistema eléctrico más vulnerable frente a sequías prolongadas y eventos extremos asociados a El Niño.
Además, las crisis energéticas internacionales derivadas del petróleo solo se magnifican cuando un país incrementa su dependencia de combustibles importados para producir electricidad. Cada megavatio adicional generado con diésel o búnker queda atado al precio internacional del crudo, al costo del transporte marítimo, a la volatilidad cambiaria y a eventuales interrupciones del suministro global. Esto significa que, ante guerras, tensiones geopolíticas o aumentos del precio del petróleo, las tarifas eléctricas nacionales tenderían a subir con mayor rapidez. En lugar de fortalecer la seguridad energética, una expansión acelerada de generación térmica podría erosionar una de las principales fortalezas históricas de Costa Rica: una matriz eléctrica mayoritariamente renovable, relativamente estable y menos expuesta a los shocks energéticos internacionales.
Con esta inversión, improvisada según mi criterio, caminamos en la dirección equivocada. Es imperativo que tengamos planes de generación más robustos; que tengamos más visión; que tengamos más responsabilidad en la generación de energía. La vulnerabilidad del SEN quedó al desnudo y también el país. Hoy no podríamos traer otra empresa como hicimos con Intel al final del siglo pasado, no tenemos energía que ofrecer. Las contradicciones están a la vista. Por un lado, impulsamos el incremento de vehículos eléctricos, y por el otro, generamos la electricidad con que funcionan con búnker y diésel. Para afuera nos declaramos verdes y por dentro nuestra matriz eléctrica es cada día más petrolizada.
Los 400 millones de dólares originales se debieron haber invertido en una planta de gas natural de ciclo combinado para generar electricidad, en un primer paso con gas importado; en un segundo paso con nuestro propio gas natural.
Debemos abandonar las dobles poses y la hipocresía, y buscar afanosamente nuestra seguridad energética. Aunque en este momento nos estén atropellando la combinación de El super Niño y la improvisación institucional, en el futuro podemos enmendar y tomar las decisiones correctas y oportunas.
Eugenio G. Araya
Físico
American Nuclear Society Member
TEDx Speaker





































