La literatura clásica a menudo sirve como el espejo más fiel de la realidad humana. En 1886, Robert Louis Stevenson nos presentó "El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde", un hombre que personifica la coexistencia de dos identidades opuestas bajo una misma persona. El bien y el mal se enfrentan en una balanza donde la realidad termina por mostrar una faceta grotesca. Esta lucha no es ajena a nuestra latitud; Costa Rica, bajo su brillante lema de la "Suiza centroamericana", atraviesa hoy su propio drama psicológico.
La máscara y la sombra
Nuestra imagen internacional es una marca país: somos el "Pura Vida" o el país más feliz del mundo. Si bien esta narrativa se fundamenta en valores culturales reales y en la bondad profunda del ser costarricense, también funciona como una pócima que oculta a nuestro propio "Mr. Hyde", el cual es capaz de llegar a cometer actos y situaciones graves fuera de control.
Como en la obra de Stevenson, en la novela “El doble” de Fiódor Dostoievski también un hombre (el señor Goliadkin) es destruido por conocer su otra versión de sí mismo, le enoja y le molesta saber que su doble hace lo que él no se considera capaz de hacer, viendo como queda en vergüenza ante los demás; así también el tico lucha con una dualidad peligrosa. Existe el ciudadano solidario y amable que nos llena de orgullo, el costarricense que es “tuanis”, pero en coyunturas de alta tensión —como la actual campaña electoral— surge un antagonismo violento. Ese "otro" que queremos ocultar emerge con fuerza, revelando una cara hostil que contradice nuestra esencia de idiosincrasia.
Los síntomas de la fractura
Esta metamorfosis negativa se manifiesta hoy en tres puntos críticos que amenazan con herir nuestra democracia:
1. La erosión del pensamiento crítico: Un país que cambió el ejército por escuelas no puede permitirse el deterioro de su educación. La crisis educativa actual no solo afecta el aprendizaje académico, sino que como consecuencia la capacidad de análisis y el pensamiento crítico. Sin argumentos ni información verdadera, el criterio ciudadano se debilita, dejando el campo libre para la intolerancia y las soluciones simplistas.
2. Las redes sociales como campo de batalla: En este contexto electoral, las plataformas digitales se han convertido en "tierra de nadie". Detrás de una pantalla, surge la cara más violenta del costarricense. Las "peleas de comentarios" sustituyen el debate por el ataque personal, olvidando que la libertad de expresión no otorga el derecho al irrespeto. Detrás de cada comentario también hay otro costarricense.
3. La normalización de la violencia: Desde la agresividad en las carreteras hasta la inseguridad ciudadana, parecemos estar cayendo en la ley del más fuerte. Cuando se pierde el respeto como valor esencial de convivencia, la imposición sustituye al diálogo.
El reto del "primer educador"
A pocos días de elegir a un nuevo presidente, debemos recordar que quien ocupe esa silla debe ser, ante todo, el primer educador del país. La democracia no se sostiene con prepotencia ni discursos que incentiven el odio; se resguarda mediante la inclusión de ideas y el respeto a la historia que nos trajo hasta aquí.
El Dr. Jekyll, consumido por su propia sombra, terminó por destruirse a sí mismo al no poder controlar su parte negativa. Costa Rica enfrenta hoy ese mismo antagonismo: o nos dejamos dominar por nuestros problemas y la violencia, o volvemos al camino de la coherencia.
La responsabilidad del ejercicio de nuestra democracia la tenemos cada habitante que está bajo este cielo límpido azul. Tenemos la oportunidad de cambiar el rumbo y recuperar la esencia de lo que realmente significa ser costarricense. En esta lucha entre el bien y el mal social, no hay ganadores ni perdedores individuales; el resultado nos incluirá a todos por igual.
Josué Arias Hernández
Profesor de primaria





































