Doscientos años antes de la fundación de los Estados Unidos, los territorios de China y América empezaron a estar conectados gracias a una de las rutas comerciales más importantes de la historia, la cual suponía un largo viaje de ida y vuelta a través del océano Pacífico. Hay que remarcar este hecho, especialmente en un momento como el que vivimos, cuando desde la actual administración estadounidense se está haciendo una política internacional de enorme beligerancia y prepotencia que desenmascara su propósito imperialista. Durante los últimos meses hemos leído y escuchado el pretexto de que el canal de Panamá o el puerto de Chancay en Perú, no pueden servir para que China tenga una presencia fuerte en el continente americano.
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos extendieron su hegemonía por todo el planeta, que incluía un amplio dominio en buena parte del océano Pacífico hasta las costas de China, de ahí que sea tan importante el papel que juega la isla de Taiwán, tanto como lo es el papel que juega Japón y el papel que juega Filipinas para mantener un control militar y geopolítico sobre el gigante asiático. Un objetivo que ya se había trabajado desde el año 1898, cuando los Estados Unidos se apropiaron de los restos del Imperio Español en el océano Pacífico, destacando la ocupación de Filipinas después de más de tres siglos de presencia hispana y de comercio con China desde la capital de Manila. La relación de China con los territorios del antiguo Imperio Español ha sido una de las historias más apasionantes de intercambio comercial y cultural entre Europa, América y Asia. En los últimos años, el resurgimiento de este intercambio representa uno de los grandes pilares en los que se apoya la política de la República Popular China con el fin de consolidar una comunidad de futuro compartido para la humanidad, que de este modo ponga fin al dominio anglosajón en el mundo después de dos siglos.
La ruta del “Tornaviaje” entre Filipinas y México aprovechando las corrientes oceánicas. Fuente Wikipedia.
Lo cierto es que estamos hablando de una historia cuyo origen se remonta a más de cinco siglos, concretamente al año 1521, cuando la famosa expedición que completó la Primera Vuelta al Mundo al servicio de la Corona Hispánica llegó al archipiélago de las Filipinas. Al mando de aquella expedición estaba el navegante portugués Fernando de Magallanes, quien perdió la vida justamente en Filipinas a causa de una disputa con un cacique local. En cualquier caso, España estableció el contacto directo con aquel Lejano Oriente donde los comerciantes chinos ya tenían una presencia activa desde hacía siglos. Sin embargo, después del paso de aquella expedición, los exploradores hispanos tardaron más de tres décadas en encontrar una ruta para que los galeones de madera que cruzaban el océano Pacífico desde el Virreinato de Nueva España (actual México y Centroamérica), pudiesen retornar a tierras americanas aprovechando los vientos a favor.
Fue en 1565 cuando definitivamente una expedición española tomó posesión de las Filipinas a nombre del rey Felipe II, de ahí el topónimo dado a todo el archipiélago. Al mando de aquella expedición estaba Miguel López de Legazpi, quien ese mismo año fundó la ciudad de Cebú y en 1571 fundó la ciudad de Manila tras varios años de guerras contra las tribus locales. El año 1571 fue el inicio del gobierno colonial de la denominada Capitanía General de Filipinas, que perduró bajo soberanía española hasta 1898. Pero volviendo al año 1565, lo más trascendente de aquel momento fue descubrir la ruta de retorno desde Filipinas hasta México, un hito conseguido por el navegante español Andrés de Urdaneta. Este descubrimiento se basó en seguir la corriente de Kuroshio, la cual asciende hacia Japón y luego conecta con la corriente del Pacífico Norte hasta las costas de California. Una ruta conocida como el “Tornaviaje”, que daba continuidad al viaje de ida desde el puerto mexicano de Acapulco. De este modo, aquel primer viaje de ida y vuelta inauguró la ruta completa del llamado “Galeón de Manila”, también conocida como la ruta de la “Nao de China”, que perduró durante dos siglos y medio como la ruta comercial transoceánica más larga de la historia.
Cada viaje en galeón entre América y Asia tenía una duración aproximada de entre 2 y 4 meses. Para el viaje de ida desde Acapulco hasta Manila se tomaba el período comprendido entre los meses de marzo y junio, mientras que para el viaje de vuelta desde Manila hasta Acapulco se tomaba el período comprendido entre los meses de agosto y diciembre. Los galeones tenían una longitud de 50 metros, con una capacidad de carga de unas 1.500 toneladas que incluía gran variedad de productos y unas 250 personas a bordo. Entre el primer viaje el año 1565 y el último viaje el año 1821, se llegaron a realizar 662 travesías marítimas mediante 163 embarcaciones. Del total de viajes iniciados, el 86% llegaron a su destino, siempre con envío desde América de gran cantidad de plata procedente de las minas de México y Bolivia. La plata americana en general cubrió el 80% de toda la plata mundial durante tres siglos. Una vez en Manila, muchas monedas de plata eran reselladas con símbolos chinos, un claro indicador del intenso comercio que se estableció a través de los mercaderes asiáticos.
Principales rutas durante el Imperio Español. Fuente Wikipedia.
Hacia el año 1650, la ciudad de Manila tenía una población de unos 45.000 habitantes, que se dividían en unos 20.000 filipinos, unos 15.000 chinos, unos 7.000 españoles y unos 3.000 de otras procedencias. La importante comunidad china, especialmente la mezclada con la población filipina, llegó a adquirir un poder tan grande que el dominio colonial español en Filipinas no hubiera podido perdurar durante tanto tiempo sin su ayuda. Para referirse a esos chinos criollos de las Filipinas se utilizó la palabra “sangleyes”. Con el paso del tiempo, los “sangleyes” de las Filipinas se diferenciaron completamente de los chinos puros procedentes del continente o de Taiwán. En el lucrativo comercio entre América y Asia, el papel de los chinos y de los “sangleyes” monopolizó el intercambio de productos que se movían con la ruta del “Galeón de Manila” a través del océano Pacífico. El puerto de Manilla se convirtió en un auténtico experimento multicultural al atraer a comerciantes de gran número de procedencias, ya fueran europeos de las principales potencias, o ya fueran asiáticos de los países que reconocían la supremacía de la China imperial gobernada por la mítica dinastía Ming. Es importante decir que durante aquel tiempo China ya era la primera potencia mundial por peso demográfico y por volumen económico.
De aquella manera, el puerto de Manila se erigió en el principal punto de intercambio para la compra y venta de productos entre América y Asia haciendo servir la histórica moneda de plata hispanoamericana, conocida como “real de a ocho”, con la cual se negociaba todo. El mercado asiático ofrecía productos tan cotizados como marfiles y piedras preciosas hindúes, sedas, jade y porcelanas chinas, utensilios y muebles de laca japonesa, sándalo de Timor, especias como clavo y nuez moscada de las islas Molucas, canela de Ceilán, alcanfor de Borneo, jengibre de Malasia, así como damascos, lacas, tibores, tapices y perfumes de otras partes de Asia. Pero también desde América llegaban a Manila gran cantidad de productos agrícolas como maíz, cacao, caña de azúcar, tabaco, cacahuete, tomate, calabaza, papaya, pimiento, aguacate, vainilla, además de tintes, zarzaparrilla y cueros.
A todo esto, había que añadir la conexión con la llamada ruta de la “Flota de Indias” a través del océano Atlántico que unía el puerto mexicano de Veracruz y el puerto español de Cádiz, que era por donde llegaba a Europa parte de la mercancía asiática y parte de la plata americana. Desde España, todo este comercio también permitió que llegaran a China productos como el vino, el aceite de oliva, herramientas de construcción y armas de fuego. Por otro lado, hay que mencionar las rutas que se utilizaban desde China hacia Europa a través del océano Índico y la circunnavegación de África por parte de los comerciantes portugueses, holandeses, ingleses, franceses, italianos y suecos. Ese apogeo comercial de mediados del siglo XVII entre Asia y Europa mediante las rutas transoceánicas, puede decirse que significó el inicio de la “globalización” moderna, y con ello se propició la Revolución Industrial liderada por holandeses e ingleses. A su vez, la moneda de plata de “real de a ocho” se convirtió en la primera divisa global. Una moneda que mantuvo su uso hegemónico en gran parte del mundo durante tres siglos. En los Estados Unidos, el “real de a ocho” conocido como “Spanish dollar”, estuvo en vigor hasta mediados del siglo XIX.
Moneda de “real de a ocho” del año 1783 con el rostro del rey Carlos III de España, resellada con caracteres chinos. Fuente Wikipedia.
Justo a mediados del siglo XVII, cuando las principales potencias europeas ya tenían diversas colonias consolidadas en Asia, o bien tenían en su punto de mira crear futuras colonias, se produjo el cambio de dinastía imperial en China. La dinastía Ming que había gobernado el país más poblado y poderoso del mundo desde el año 1368, se vio obligada a ceder el trono a la dinastía Qing en el año 1644 a causa de diversas crisis y revueltas internas. Este cambio dinástico supuso a su vez un cambio en las relaciones de China con el exterior, que quedó expresado cuando en 1684 el emperador Kangxi permitió el comercio directo entre las potencias occidentales y cuatro puertos chinos. El principal de estos puertos se encontraba en la ciudad de Cantón, en el tramo final del río Perlas antes de alcanzar la gran bahía donde se localizan los enclaves de Macao y Hong-Kong. En Cantón, el decreto imperial permitió crear un distrito especial fuera de la ciudad donde se levantaron 13 Factorías comerciales que servían de almacén y oficinas. Posteriormente, entre los años 1757 y 1842, todo el comercio entre China y Occidente se centralizó en este distrito como el único punto legal donde los mercaderes extranjeros tenían permitido comerciar con sus homólogos chinos. El histórico comercio entre el Virreinato de Nueva España y China a través de la colonia de las Filipinas, concluyó en 1821 con la independencia de México, si bien la presencia colonial española en Asia perduró hasta el año 1898, un dato ya mencionado.
Pintura mural en el Museo de las 13 Factorías en la ciudad de Cantón. Foto Sergi Lara
A mediados del siglo XIX, China inició el período más decadente de su historia, generado por las Guerras del Opio que ingleses y franceses desencadenaron para conseguir sus objetivos coloniales en el mar de la China Meridional. A todo ello se sumó una gran corrupción política en la corte imperial china con el resultado de una crisis económica que llevó a la miseria a millones de chinos. Muchos de estos chinos empobrecidos se vieron obligados a emigrar durante la segunda mitad del siglo XIX a través del océano Pacífico, con rumbo directo hacia la costa oeste de los Estados Unidos y el resto de los países de Hispanoamérica, donde fueron reclutados para la construcción de líneas de ferrocarril. Estos inmigrantes crearon los primeros barrios chinos en el continente americano, cuyos descendientes hoy son parte esencial de las sociedades y las economías locales. Unos descendientes que observan con orgullo como la actual República Popular China ha abierto una nueva etapa de proyección internacional gracias a su enorme progreso a todos los niveles para recuperar su grandeza como potencia.
En su camino de modernización masiva, China ya ha conseguido ser el primer socio comercial de la mayoría de los países del mundo, capaz de liderar la llamada Cooperación Económica Asia Pacífico. Este foro creado en 1989 cuenta con 21 países miembros que representan el 60% del Producto Interior Bruto mundial y el 45% del comercio global. El mapamundi completo del planeta, por primera vez ha dejado de tener a Europa en su centro, y ese espacio lo ocupa ahora el océano Pacífico. Un espacio que China y Estados Unidos se están disputando y que abre un nuevo paradigma planetario. Si por un lado la capacidad militar y tecnológica estadounidense se mantiene firme, por otro lado, la capacidad militar y tecnológica china está en una etapa de expansión. El factor diferencial en el ámbito estrictamente marítimo es que China construye cada año cientos de barcos que se están desplegando por todo el vasto océano, ya sean pesqueros, cargueros o militares. Con este contexto en la relación entre China y todo el continente americano a través del océano Pacífico, se está escribiendo un nuevo capítulo en la historia geopolítica del mundo de consecuencias inciertas.
Mapa de los 21 países miembros de la Cooperación Económica Asia Pacífico. Fuente Aduana News.





















