Los próximos días 18 y 19 de noviembre se celebrará en la ciudad china de Shenzhen la 33.ª Reunión de Líderes de la APEC (Asia-Pacific Economic Cooperation). Esta organización fue creada en 1989 y actualmente cuenta con 21 miembros entre Estados y otras entidades políticas que tienen el océano Pacífico como espacio común, desde Australia hasta Canadá, pasando por Chile, Perú, México, Estados Unidos, Rusia, China, Corea del Sur, Japón, Filipinas. Vietnam, Tailandia, Indonesia y otros. Una organización que concentra casi el 60% del PIB mundial, el 46% del comercio global y el 38% de la población del planeta. Dentro de este importante contexto geográfico, político y económico, la reunión de la APEC de este año con la presencia de los presidentes Xi Jinping, Donald Trump y Vladimir Putin, ha creado una gran expectación de cara a rebajar tensiones y a mejorar las perspectivas económicas globales hacia la gran apuesta china de una gobernanza global que asegure un nuevo orden mundial más justo y equilibrado.
La presente edición del evento de este año con China como país anfitrión, tiene este lema: “Construir una comunidad de Asia-Pacífico para prosperar juntos”, en inglés “Building an Asia-Pacific Community to Prosper Together”. Un lema que sin duda se aproxima mucho al llamamiento que está haciendo la diplomacia china durante los últimos años para que todos los pueblos y naciones del mundo cooperen hacia el gran objetivo de consolidar una “comunidad de futuro compartido para toda la humanidad”. Asimismo, China ha propuesto para esta última Reunión de Líderes de la APEC tres ejes prioritarios a tratar entre todos los participantes:
- Apertura, innovación y cooperación.
- Transformaciones económicas clave; digital, tecnológica y ecológica.
- Enfoque en el desarrollo de pequeñas y medianas empresas (PYMEs), seguridad alimentaria, economía digital e inteligencia artificial.
El desarrollo económico global de las últimas décadas no puede entenderse sin el llamado “proceso de deslocalizaciones” de las grandes empresas occidentales, con China como principal receptor de las industrias para convertirse en pocos años en la “fábrica del mundo”. Un proceso que de manera muy simbólica se inició en 1979, a los 30 años cumplidos desde la fundación de la República Popular China. El líder chino que inició su mandato en aquel entonces, Deng Xiaoping, pilotó con toda la determinación un país gigantesco en geografía física y humana, el cual todavía se movía en bicicleta y que tenía a más de la mitad de su población viviendo en la pobreza. Pero para el pensamiento chino, unas cuantas décadas son un suspiro a diferencia del pensamiento occidental moderno que siempre lucha contra el tiempo. Entre 1949 y 1979, para el Partido Comunista de China la prioridad fue consolidar la revolución socialista y asentar las bases del futuro desarrollo industrial, que sin duda fue un proceso con enormes sacrificios y grandes costes humanos. A pesar de todo, un dato que considero destacado fue la creación de cientos de universidades repartidas por todo el país, las cuales formaron a los primeros profesores que empezaron a diseñar las líneas maestras de la modernidad china. Los conocidos “planes quinquenales” de economía planificada socialista se fueron sucediendo uno tras otro hasta alcanzar el punto de inflexión que supuso el inicio de la apertura del país a partir de 1979, cuando se activó la segunda etapa de desarrollo.
La famosa cita de Deng Xiaoping, “no importa de qué color sea el gato, lo importante es que cace ratones”, se puso en práctica como plan piloto para construir el modelo denominado “un país, dos sistemas”, escogiendo la frontera con la hoy excolonia británica de Hong Kong, entonces una zona agrícola entre manglares y arrozales en pleno delta del río de las Perlas, con un pueblo de pescadores llamado Shenzhen, topónimo que significa “zanjas profundas” en referencia justamente a las zanjas de los arrozales. Tierra adentro sobre el río de las Perlas se encuentra la histórica ciudad de Cantón, el primer puerto franco que los antiguos emperadores chinos autorizaron para comerciar con las potencias occidentales a partir del siglo XVIII. Pero volvamos a Shenzhen para entender la dimensión del desarrollo chino en las últimas cuatro décadas, una localidad que en 1979 tenía unos 30.000 habitantes y que hoy ronda los 20 millones de habitantes, la cual se conoce como el “Silicon Valley de China”, pues es allí donde nacieron algunas de las principales compañías tecnológicas chinas como Huawei, Tencent o BYD.
Entre 1979 y 2009 se cumplió de manera milimétrica la segunda etapa del desarrollo chino moderno, otros 30 años más para sumar un total de 60 años desde la fundación de la República Popular China. La organización de los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008 simbolizó con toda la pompa el salto definitivo de China para convertirse en una superpotencia. Sin embargo, un dato que pasó desapercibido en esta etapa fue la admisión de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC), hecho ocurrido el 11 de diciembre de 2001, justo dos meses después del gran atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York. En apenas dos generaciones, China había pasado de la absoluta miseria a la industria aeroespacial, un hecho sin precedentes en la historia humana. Y si hay un lugar que simboliza el progreso chino en todos los ámbitos, ese es Shenzhen. Es por todo ello que la diplomacia china bien seguro decidió escoger esta impresionante ciudad de rascacielos y modernidad como la sede para acoger la Reunión de Líderes de la APEC 2026. El marco no puede ser más idóneo para todos los temas que se han propuesto tratar entre el comercio global y la alta tecnología, ambos pilares de absoluta importancia para la China de hoy.
A inicios del siglo XXI, los productos chinos todavía eran conocidos por ser de bajo valor agregado o poco eficientes, pero justo en ese momento se dio un giro de 180 grados para que la producción china fuera cada año más eficiente y puntera en el plano tecnológico. Hoy China es el país con el mayor número de ingenieros del mundo y su economía ha crecido 18 veces respecto a hace 30 años (la economía estadounidense solo ha crecido 3 veces en este tiempo). Esto significa que hoy un joven licenciado chino tiene una formación y unas condiciones de vida muchísimo más elevadas que sus padres quienes todavía vivieron en condiciones de pobreza, y no digamos respecto a sus abuelos que vivieron en condiciones de miseria. Pero el dato más impresionante sobre el desarrollo chino durante el primer cuarto del siglo XXI lo marca su red de líneas de tren de alta velocidad, que ha pasado de 0 kilómetros a 50.000 kilómetros en 25 años, es decir, a un ritmo de 2.000 kilómetros al año. Esto nos da la idea del crecimiento económico chino gracias al comercio y la tecnología, que de manera directa ha impactado en un aumento considerable del poder adquisitivo para los ciudadanos de una clase media que crece año tras año. En esta edición de la APEC 2026, China quiere mostrar que su modelo funciona como ningún otro para generar riqueza y progreso social, un referente para ese nuevo orden mundial en construcción que ya es imparable.
Sergi Lara, geógrafo y escritor






















