Este pasado lunes 12 de octubre, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China, a través de su portavoz Mao Ning, anunció sanciones contra el ministro de Comunicaciones de Paraguay, Gustavo Villate, y contra el ministro de Relaciones Exteriores de Belice, Francis Fonseca. En ambos casos las sanciones consisten en la denegación de visas para entrar en territorio nacional chino, incluidos Hong Kong y Macao, así como la prohibición de que organizaciones chinas tengan relaciones comerciales con ellos. Este anuncio se hizo dos días después de que los dos ministros citados enviasen por las redes sociales sendos saludos de felicitación a Taiwán durante un día festivo en la isla que la cancillería china reclama como parte indivisible de “una sola China”.
En este momento, el Gobierno de Taiwán solo es reconocido por una docena de países en el mundo de muy poca relevancia, la mitad pequeñas islasen el Caribe y el Pacífico, además de la Ciudad del Vaticano. El mayor país por población que reconoce a Taiwán es Guatemala, seguido de Haití, Paraguay y Belice. Estos cuatro países ubicados en América Latinason una expresión de los restos de la Guerra Fría y de la utilización que se hace de ellos para mantener la falsa soberanía de una isla que a quien verdaderamente sirve es al imperialismo estadounidense.En este sentido hay que recordar un texto de 2011 del que fuera importante diplomático estadounidense Henry Kissinger, quien dijo que “China debía reconocer que Estados Unidos es también una potencia asiática con legítimos intereses en Asia”. De estas palabras se intuye claramente el porqué de la permanente injerencia para evitar la reunificación de “una sola China” entre los hermanos que viven desde hace milenios a los dos lados del canal de Taiwán.
Asimismo,tampoco hay que olvidar el papel de Japón al respecto, el cual se remonta a su época colonial. El expansionismo colonialjaponés se inició entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX para ocupar dos territorios que consideraba prioritarios de cara a tener el control del mar de China(la península de Corea y la isla de Taiwán, respectivamente). Durante la Segunda Guerra Mundial, Japón ocupó buena parte de la China continental, así como los países del sudeste asiático; Vietnam, Tailandia,Myanmar, Malasia, Indonesia y Filipinas. Durante la guerra, las ocupaciones japonesas se desarrollaron a través de una extrema violencia contra las poblaciones locales, destacando las violaciones masivas de mujeres, las masacres de poblaciones enteras e incluso los experimentos químicos. En China,el saldo final demuertos tras la contienda ascendió hastalos35 millones entre civiles y militares.
Interior del Museo de la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa en Pekín. Foto Sergi Lara
Entre 1945 y 1949, China vivió su última guerra civil que culminó con la fundación de la actual República Popular China, mientras que en la isla de Taiwán se refugió el llamado Gobierno del Kuomintang apoyado por los Estados Unidos, que abogaba por otra forma de sistema político y que defendía su legitimidad para representar a toda China. Después de dos décadas, en 1971, la Resolución 2758 de la Asamblea General de las Naciones Unidas resolvió el problema de la representación de toda China, incluida Taiwán, declarando que solo hay “una sola China”. Desde entonces, cuando la ONU y sus organismos especializados mencionan a Taiwán, se refieren a “una provincia de China”.
Actualmente ya son 183 países del mundo los que reconocen a la República Popular China como el único país legítimo, y por lo tanto la cuestión de Taiwán para reunificarse con el resto de China y mantener más de 2.000 años de unidad nacional sigue siendo un asunto interno pendiente de resolver. Una reivindicación que desde la China continental se mantiene firme con el objetivo de que la reunificación se produzca por medios pacíficos. Desgraciadamente, después de la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos instalaron toda una red de bases militares en el perímetro del mar de China, desde Japón hasta Filipinas, con la clara intención de impedir el desarrollo chino de la parte continental.Sin embargo, durante los últimos cincuenta años la República Popular China ha experimentado un desarrollo que no ha tenido precedentes en ningún país del mundo, lo cual la ha situado en la competencia económica directa frente a los Estados Unidos. El pasado año 2025 las tensiones en todo el planeta se incrementaron con la nueva administración norteamericana, pero en el caso de Japón fue el nombramiento de su primera ministra, la ultraconservadora Sanae Takaichi, loque hizo saltar todas las alarmas tras declarar que, “si China invadiera Taiwán el Ejército Japonés se vería obligado a actuar”. La furibunda reacción china fue inmediata, incluso la propia oposición política en Japón llamó la atención a la primera ministra calificando la declaración de totalmente irresponsable.
Ante el creciente escenario de inestabilidadmundial, Taiwán vuelve a ser uno de los puntos calientes donde lo que verdaderamente se pretende esdesestabilizar a China. Pero en mi opinión, el reciente caso protagonizado por los ministros de Paraguay y Belicees una muestra clara de la utilización que se hace para marcar la posición de los Estados Unidos en América del Sur y en Centroamérica.Si pensamos enAmérica Latina como gran región con enormes recursos y donde China ya es el primer socio comercial de la mitad de los países, el interésestadounidense es frenar la influencia china por todos los medios, de ahí que también se utilice a Taiwán como un elemento de control dentro de los pocos países que todavía no tienen relaciones diplomáticas con Pekín. La presenciacomercial y tecnológica taiwanesa en estos mismos paísesexpresa perfectamente una subordinación total a la principal potencia occidental y también expresa la absurda de división de “bloques geopolíticos”. Una división que nos devuelve a una nueva Guerra Fría cuando parecía que el mundo evolucionaba hacia relaciones más abiertas, fraternales y provechosas para todos. Pero a pesar de este contexto, considero que estas posiciones de injerencia en los asuntos de China acabarán siendo estériles frente al poder de los hechos y el desarrollo de la civilización humana moderna. Tanto en la China continental como en la isla de Taiwán hace tiempo que se trabaja para culminar la reunificación más pronto que tarde, y si observamos el devenir del progreso chino en las últimas décadases bien seguro que este objetivo se logrará para que sea un éxito en beneficio de todo el pueblo chino, y con ello también para el mundo.





















