Hay lecciones que no llegan en una capacitación ni en un libro, sino en un momento tan simple como quedarse sin luz una mañana. Tenía 20 años y apenas empezaba mi primer año como analista junior de Finanzas en una multinacional. Tenía dos pares de zapatos exactamente iguales, mismo modelo, mismo diseño, la única diferencia era el color: uno negro y otro café. Esa mañana se fue la energía eléctrica en mi casa justo mientras me alistaba, y en medio de la oscuridad, con presión por no perder el bus, tomé un zapato de cada par sin darme cuenta.
Salí de mi casa, me despedí de mis papás, caminé hasta el centro de San Rafael de Heredia, esperé el bus hacia Heredia, y de ahí tomé el bus de la empresa hacia la oficina. En el trayecto conversé con bastante gente, que me veía directamente a la cara, sin que yo supiera que en realidad tenían frente a ellos algo mucho más llamativo.
Entré a trabajar a las 8 a.m. A eso de las 9:30, un compañero me preguntó: "José, ¿por qué anda los zapatos así?". Sentí que “la tierra me tragaba” de la pena. No podía creer que algo así me estuviera pasando a mí, exactamente en mi primer año de trabajo en ese lugar, justo cuando más necesitaba demostrar que merecía estar ahí. A partir de ese momento sentí que cada persona a mi alrededor notaba y miraba directamente mis zapatos, algo que hoy entiendo que no era así, pero que en ese momento sentía completamente maximizado.
Pedí permiso para ir en taxi hasta la casa y cambiarme el zapato incorrecto, pero mi caminar ya era otro. Sentía que todas las personas estaban atentas a mi error. Al subir al taxi, le conté al conductor lo sucedido antes de que dijera nada, como tratando de prevenir sentirme expuesto o juzgado.
Han pasado casi 20 años de esa anécdota, la recordé al conversar con mis dos socios durante la grabación de un episodio del podcast “Off The Record: La sobremesa de LÚMINA”, de la organización de la que soy cofundador, ya que estábamos conversando sobre el síndrome del impostor. Y al mirar hacia atrás, encontré en esta historia un ejemplo perfecto de cómo este síndrome se presenta de formas muy diversas. A veces surge cuando sentimos que no somos suficientes para una tarea, un rol o un proyecto. Pero muchas otras veces, como me pasó a mí esa mañana, nace desde lo que creemos que las demás personas esperan de nosotros, desde una expectativa que nosotros mismos construimos y que probablemente nunca existió de esa forma en la mente del otro.
Ese día, nadie en el bus, en la calle o en la oficina estaba realmente juzgándome con la intensidad que yo imaginaba. La mayoría ni siquiera se había fijado. Pero mi mente construyó una audiencia crítica, exigente, que observaba cada detalle de mi desempeño, cuando en realidad esa audiencia vivía únicamente dentro de mi cabeza.
La investigadora Kristin Neff, pionera en el estudio de la autocompasión, ha explicado que solemos ser mucho más comprensivos con los errores ajenos que con los propios, y que tratarnos con la misma calidez con la que trataríamos a un buen amigo no es debilidad, sino una herramienta poderosa para regular la ansiedad y aprender del error sin quedarnos atrapados en él.
Por eso quiero cerrar con un llamado que me hago a mí mismo tanto como se lo hago a quien lea esto: seamos menos duros con nosotros mismos. La empatía no es solo algo que ofrecemos hacia afuera, es también un camino que debe recorrerse hacia adentro. La próxima vez que sintamos que "la tierra nos traga" por un error, real o imaginado, recordemos que probablemente estamos midiéndonos con una vara que nosotros mismos inventamos, y que la mejor forma de crecer no es castigándonos, sino acompañándonos.
Jose Madrigal Hernández
Máster en Administración Global de Negocios por ADEN University (EE. UU.) y Licenciado en Administración de Empresas con énfasis en Gestión Financiera por la Universidad Nacional de Costa Rica. Cuenta con la Certificación en Gestión Estratégica del Talento Humano del Tecnológico de Monterrey, además de certificaciones como Black Belt en Lean Six Sigma (Mejora Continua), Gestión de Proyectos por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Feedback PDA por PDA University.





































