Hace una semana, el World Economic Forum presentó una nueva edición de su Travel & Tourism Development Index 2026, elaborado en colaboración con Zurich Insurance Group. Es la décima edición de una iniciativa que comenzó en 2007 y que hoy analiza 110 economías a través de 17 pilares para entender qué tan preparadas están para desarrollar un turismo competitivo, sostenible y resiliente.
El reporte llega cuando el turismo mundial ya dejó atrás la conversación sobre la recuperación pospandemia. En 2025 se registraron 1,520 millones de turistas internacionales, la contribución total del turismo a la economía mundial alcanzó un récord de US$11.6 billones y el sector sostuvo 366 millones de empleos, aproximadamente uno de cada nueve puestos de trabajo en el planeta. El gasto de los visitantes internacionales llegó a US$2.02 billones.
La pregunta ya no es solamente cómo hacer crecer el turismo, sino cómo convertir ese crecimiento en prosperidad para los países, los destinos y, especialmente, las comunidades que los habitan.
Entre 2024 y 2026, el 92% de las 110 economías evaluadas mejoró su puntuación y el promedio mundial aumentó 2.1%, el avance más rápido desde 2019. Japón ocupa ahora el primer lugar, seguido por Estados Unidos, España, Australia y Francia. Nueve de los diez primeros puestos corresponden a economías avanzadas; China es la única excepción.
Sin embargo, crecer no significa que todos los problemas estén resueltos. Tres de cada cuatro economías perdieron competitividad en precios durante los últimos dos años. Persisten brechas de talento, inversión e infraestructura y aumentan las presiones sobre vivienda, servicios públicos y recursos naturales. Más importante todavía: el WEF advierte que más visitantes y más gasto no se traducen automáticamente en mayores beneficios económicos y sociales.
¿Y Centroamérica?
La región tiene activos turísticos extraordinarios, pero también diferencias importantes en las capacidades para aprovecharlos.
Costa Rica aparece en la posición 51 del mundo, con 4.16 puntos sobre 7. Panamá ocupa el puesto 65, con 3.96; El Salvador, el 87, con 3.53; Guatemala, el 94, con 3.43; Nicaragua, el 100, con 3.28; y Honduras, el 103, con 3.22. Belice no forma parte de las 110 economías evaluadas.
Entre Costa Rica y Honduras hay 52 posiciones de diferencia. Compartimos una geografía relativamente pequeña y muchos activos naturales y culturales, pero las capacidades para convertirlos en desarrollo turístico son muy distintas.
Además, mejorar no necesariamente significa ganar competitividad. Costa Rica aumentó su puntuación 1.4% desde 2024, pero perdió dos posiciones. Panamá mejoró 2.1%, pero cayó tres lugares. Guatemala también mejoró ligeramente y retrocedió dos posiciones. No es una contradicción: otros países avanzan más rápido. En competitividad, correr no siempre es suficiente si los demás corren todavía más.
El Salvador presenta una dinámica distinta, mejoró su puntuación 3% entre 2024 y 2026 y 5.8% frente a 2019, ganando cinco posiciones desde ese año. Es el mayor crecimiento acumulado entre los países centroamericanos incluidos en el índice. Nicaragua también avanza, aunque continúa en el puesto 100. Honduras es el único cuyo puntaje de 2026 permanece por debajo del nivel recalculado para 2019.
El WEF identifica a Norte y Centroamérica como una subregión con una fortaleza importante en recursos naturales. Pero la naturaleza, por sí sola, no garantiza competitividad. El turismo depende también del entorno de negocios, seguridad, capital humano, infraestructura digital, conectividad, servicios turísticos, sostenibilidad ambiental y capacidad para distribuir sus beneficios.
Ahí está buena parte de nuestro reto
Centroamérica no tiene un problema de falta de atractivos. Tenemos volcanes, playas, biodiversidad, ciudades coloniales, sitios arqueológicos, gastronomía y culturas vivas. El desafío es convertir esos activos en experiencias de calidad y posteriormente en desarrollo.
Una playa extraordinaria necesita agua potable, manejo de residuos, seguridad, carreteras y conectividad digital. Un parque natural necesita conservación, acceso y comunidades que encuentren valor económico en protegerlo. Un destino cultural requiere patrimonio bien gestionado, movilidad, espacio público y emprendimientos locales capaces de participar en la cadena de valor.
La naturaleza puede atraer al turista; las capacidades determinan cuánto valor genera su visita y cuánto permanece en el territorio.
De contar turistas a medir progreso
En países pequeños, ambientalmente frágiles y con infraestructura limitada, el objetivo tampoco debería ser simplemente maximizar visitantes. Puede ser mucho más inteligente aumentar el valor generado por cada visita: mayores estadías, mejores servicios, encadenamientos productivos y más gasto distribuido entre empresas y comunidades locales.
Eso también cambia la conversación sobre competitividad. Competir por precio tiene límites. Competir por valor significa ofrecer biodiversidad, cultura, seguridad, sostenibilidad, gastronomía, servicio y experiencias difíciles de replicar.
Durante décadas hemos medido el éxito turístico con llegadas internacionales, ocupación hotelera, gasto y entrada de divisas. Son indicadores fundamentales, pero ya no suficientes. También debemos preguntar cuánto de ese gasto permanece en las comunidades, qué empleos genera, qué oportunidades crea para mujeres y jóvenes, cuántas pequeñas empresas participan en la cadena de valor y si estamos protegiendo los ecosistemas que sostienen la actividad.
Y necesitamos mirar más allá de los promedios nacionales. El turismo sucede en territorios concretos. Dos destinos de un mismo país pueden tener condiciones completamente diferentes de seguridad, agua, conectividad, vivienda o empleo. Por eso necesitamos mejores datos a nivel de destinos y comunidades, que permitan pasar de la promoción turística a una verdadera gestión del destino.
El reporte del WEF confirma que el turismo mundial seguirá creciendo. Para Centroamérica, esa es una enorme oportunidad. Pero aprovecharla no dependerá solamente de atraer una mayor proporción de los más de 1,500 millones de viajeros internacionales. Dependerá de nuestra capacidad para transformar visitantes en prosperidad económica y progreso social.
Porque, al final, un destino turístico exitoso no debería ser solamente un buen lugar para visitar. También debería ser un buen lugar para vivir.
Fuente principal: World Economic Forum, Travel & Tourism Development Index 2026, septiembre de 2026, elaborado en colaboración con Zurich Insurance Group.





































