Dr. Luis Alfredo Miranda Vega
Microbiólogo especialista en recolección, procesamiento y conservación de células del cordón umbilical y director médico de PROVIDA
direccionmedica@bsuprovida.com
Tenemos menos hijos, los medios de comunicación nos lo recuerdan todos los días. No necesariamente porque queramos menos, sino porque tenerlos se ha vuelto más complejo. En muchas familias padre y madre deben trabajar, las redes de cuido han cambiado, el costo de la vida pesa y conciliar la crianza con el desarrollo profesional y personal es un desafío cotidiano.
Pero algo también ha cambiado: cuando decidimos tener hijos e hijas queremos ofrecerles, hasta donde esté a nuestro alcance, una mejor calidad de vida. Buscamos mejor educación, alimentación, seguridad y acceso a una medicina que ofrece posibilidades que nuestros padres y abuelos simplemente no tuvieron.
Una de ellas aparece precisamente en el momento del nacimiento.
La sangre y el tejido del cordón umbilical, que durante generaciones fueron descartados después del parto, contienen células con un enorme valor biológico. Las células madre hematopoyéticas de la sangre del cordón ya se utilizan en tratamientos de algunas leucemias, linfomas, enfermedades de la médula ósea y ciertos padecimientos inmunológicos, genéticos y metabólicos. Las células presentes en el tejido del cordón, por su parte, son objeto de una intensa investigación en medicina regenerativa.
Y aquí está lo extraordinario: la ciencia expande las posibilidades de encontrar herramientas para la medicina desde el material de nuestro propio cuerpo. La investigación en regeneración celular avanza rápidamente, aparecen nuevas aplicaciones y otras continúan en estudio. No sabemos cuáles serán parte de la medicina cotidiana dentro de cinco o diez años y sería incorrecto prometer resultados que la ciencia todavía investiga. Pero la materia prima sigue siendo la misma y existe un momento irrepetible para obtenerla: el nacimiento.
La sangre puede coagularse pocos minutos después de la expulsión de la placenta, por lo que la recolección requiere preparación y personal especializado. Una vez que ese momento pasa, no podemos regresar a buscar esas células.
Por eso resulta fascinante que las familias costarricenses tengan la posibilidad de conservarlas durante décadas, mediante criopreservación, en nuestro propio país. Existen en Costa Rica muestras almacenadas desde hace más de veinte años, algunas de ellas ya fueron utilizadas por las familias, y registros internacionales de células conservadas durante más de sesenta. Su eventual utilidad dependerá siempre de la evidencia científica, la condición médica y las regulaciones existentes cuando se necesiten.
Además, una tecnología que hace algunas décadas podía parecernos lejana hoy está mucho más al alcance. No se trata de comprar una garantía ni de prometer una cura futura, sino de preservar una esperanza.
Tenemos menos hijos y una población que envejece. Precisamente por eso, quizá estamos aprendiendo a pensar de otra manera en lo que significa dar oportunidades a las nuevas generaciones. Algunas son educación, tiempo, afecto y mejores condiciones de vida; otras vienen de la ciencia.
Conservar las células del cordón durante el parto es una oportunidad que las generaciones anteriores no tuvieron. Tener la posibilidad y la experiencia de más de 20 años de hacerlo, aquí en Costa Rica, es una de esas pequeñas maravillas de vivir en una época en la que la medicina continúa ampliando sus fronteras.





































