Tras más de dos décadas de intensos debates legislativos, giros políticos y revisiones constitucionales, Costa Rica se encamina hacia la votación final de las llamadas jornadas laborales extraordinarias o esquemas cuatro por tres.
El reciente cierre de la discusión de miles de mociones en el Plenario marca un hito en un trámite histórico.
La iniciativa busca permitir que los trabajadores de sectores productivos específicos laboren doce horas diarias durante cuatro días consecutivos a cambio de tres días completos de descanso semanal.
Este acontecimiento reaviva una discusión profunda sobre la modernización de las relaciones de trabajo, la competitividad de las inversiones y la protección de los derechos de la clase trabajadora en el siglo veintiuno.
Para situar adecuadamente la propuesta costarricense en el contexto global, resulta imprescindible establecer una distinción conceptual fundamental entre dos corrientes que suelen confundirse en el debate público: el modelo de jornada comprimida y el modelo de jornada reducida.
El esquema cuatro por tres costarricense pertenece estrictamente al primer grupo, pues no implica una disminución en la cantidad de horas trabajadas por semana, sino su reagrupamiento en turnos extendidos de doce horas para liberar un día adicional de descanso.
En contraste, la tendencia emergente en varias naciones europeas apunta hacia la reducción de la semana laboral a treinta y dos horas distribuidas en cuatro días, manteniendo intactos los salarios bajo la premisa de que una mayor frescura mental se traduce en una productividad equivalente o superior.
Al observar el panorama de la Unión Europea, la legislación laboral costarricense comparte una sólida raíz histórica con la tradición del derecho continental europeo o civil law, la cual concibe el código de trabajo como un estatuto tutelar destinado a equilibrar las asimetrías entre el patrono y el trabajador.
Dentro del bloque europeo, Bélgica representa el referente más cercano a la fórmula de la jornada comprimida.
A través de su reforma laboral de febrero de 2022, el entonces ministro de Economía y Trabajo de Bélgica, Pierre-Yves Dermagne, defendió la iniciativa afirmando: “El objetivo es dar a los trabajadores y empresas más flexibilidad para organizar su tiempo de trabajo. El mundo laboral ha cambiado y la legislación debe adaptarse a la vida moderna de los ciudadanos”.
Por su parte, la República Checa ofrece un punto de comparación sumamente ilustrativo para Costa Rica, dado que ambas economías operan como plataformas de atracción de inversión extranjera directa especializadas en manufactura avanzada, tecnología y centros de servicios globales.
El ordenamiento checo, articulado en su Código de Trabajo (Zákoník práce), mantiene una jornada semanal ordinaria de cuarenta horas pero permite la programación de turnos de hasta doce horas continuas en industrias con procesos productivos ininterrumpidos.
La diferencia estriba en que la flexibilidad checa se articula mediante esquemas de contabilidad de horas y convenios colectivos sectoriales que imponen pausas obligatorias de al menos once horas continuas entre turnos y periodos de descanso semanal prolongados, garantizando certidumbre operativa sin descuidar la salud ocupacional.
En contraste con Bélgica o Chequia, países como Alemania, el Reino Unido y España han enfocado sus esfuerzos en pruebas piloto orientadas a la semana reducida de cuatro días.
Los experimentos británicos en particular han demostrado que reducir la jornada a treinta y dos horas semanales produce disminuciones sustanciales en las tasas de agotamiento laboral y ausentismo, al tiempo que sostiene los niveles de facturación corporativa.
Andrew Barnes, fundador de la organización 4 Day Week Global, respaldó estos ensayos en junio de 2022 señalando que “la semana de cuatro días no se trata de trabajar más duro o comprimir el cansancio en menos días; se trata de trabajar de manera más inteligente. Cuando reduces el cansancio, la productividad por hora se dispara”.
Sin embargo, figuras de la industria alemana han cuestionado esta premisa.
Jan-Wilhelm Prinz, representante de la Asociación Alemana de la Industria de Maquinaria e Instalaciones (VDMA), advirtió en 2023 que “en la industria manufacturera no se puede producir en 32 horas lo mismo que en 40. La reducción de jornada sin reducción salarial encarece los costos de producción y resta competitividad frente a Asia”.
Asimismo, desde la perspectiva sindical europea, la Confederación Europea de Sindicatos (ETUC) manifestó su rechazo a la modalidad comprimida en 2022, subrayando que “comprimir 40 horas en 4 días de 10 a 12 horas aumenta exponencialmente el riesgo de accidentes laborales, fatiga crónica y problemas de salud mental”.
América Latina también ha comenzado a adecuar sus marcos normativos para incorporar mayor flexibilidad.
En abril de 2023, durante la promulgación de la Ley de 40 Horas en Chile, el entonces presidente Gabriel Boric remarcó: “Demostramos que es posible avanzar en calidad de vida para los trabajadores sin destruir la economía. Trabajar para vivir, no vivir para trabajar, es el norte de las reformas laborales modernas”.
Colombia también avanzó en un proceso gradual similar para recortar su tope semanal, mientras que México ha mantenido intensos debates sobre la flexibilización de los esquemas de descanso, reconociendo que la rigidez horaria puede convertirse en una traba para la atracción de capitales en sectores estratégicos.
En Costa Rica, el pulso político refleja posturas fuertemente encontradas entre la administración, los sectores empresariales y los grupos de oposición.
En mayo de 2023, el presidente Rodrigo Chaves Robles defendió la propuesta argumentando que “no estamos imponiendo nada a nadie; estamos dándole libertad a la gente que quiere trabajar cuatro días y descansar tres, y atrayendo las empresas de alta tecnología que hoy se nos van a otros países porque el Código de Trabajo de 1943 quedó desfasado”.
Respaldando esta visión, Sergio Capón, presidente de la Cámara de Industrias de Costa Rica (CICR), afirmó el 17 de septiembre de 2026: “Después de 20 años de discusión, Costa Rica no puede seguir postergando una decisión de esta importancia... Estamos hablando de competitividad y de atraer inversión nacional y extranjera, pero, sobre todo, de generar fuentes de trabajo formal y bienestar para los costarricenses”.
En contraste, las fuerzas de oposición política y los sindicatos han mantenido una resistencia férrea.
El 17 de septiembre de 2026, tras concluirse el trámite de mociones en el Plenario, el diputado y líder del Frente Amplio, José María Villalta, declaró: “La lucha contra las jornadas extenuantes y explotadoras de 12 horas continúa... Lo presentan como algo moderno, pero en el fondo es legalizar la explotación de 12 horas sin pagarle horas extras a los trabajadores. Le están quitando a la gente trabajadora ese derecho que está en la Constitución”.
En la misma línea, Albino Vargas, secretario general de la ANEP, calificó la medida en 2024 como “un retroceso de un siglo en conquistas laborales que destruye la salud ocupacional del trabajador para favorecer únicamente la acumulación de capital corporativo”.
Más allá de los estrados legislativos y las cúpulas gremiales, en los pasillos de los parques industriales de la Gran Área Metropolitana la recepción del proyecto por parte de los propios trabajadores es diversa y llena de matices.
Para una fuerza laboral joven, capacitada y técnica que busca altos salarios y dinamismo, la jornada cuatro por tres se divisa como una herramienta atractiva de movilidad social.
Un ingeniero de procesos de una zona franca en Alajuela resume este sentir: “Para los que no tenemos hijos pequeños y queremos ahorrar o estudiar, trabajar cuatro días intensos a cambio de tres días libres seguidos es un golazo. Te cambia la vida tener un día entero entre semana o un fin de semana de tres días sin sentir que el domingo en la tarde ya se te acabó el descanso”.
Esta perspectiva coincide con la necesidad de sortear uno de los mayores problemas urbanos del país: el colapso vial.
Un analista de datos y contabilidad en un centro de servicios compartidos en Heredia destaca el impacto del transporte: “El problema no es trabajar 12 horas dentro de la empresa con aire acondicionado y buena infraestructura; el problema son las dos horas de presa de ida y dos de vuelta. Si la empresa ofrece teletrabajo o transporte privado para la jornada 4x3, la mayoría del personal joven firma de una vez”.
Sin embargo, para profesionales con responsabilidades de cuido familiar, la extensión del turno diario a doce horas plantea dudas estructurales sobre la conciliación personal y la equidad de género.
Una técnica en control de calidad y madre de familia en Cartago evidencia esta brecha: “En el papel suena muy bonito tener tres días libres, pero para las que somos mamás es inviable dejar a los chicos solos desde las 5 de la mañana hasta las 8 de la noche. Si las empresas o el Estado no ofrecen soluciones de cuido nocturno o extendido, la ley nos deja por fuera de los mejores puestos”.
El motivo por el cual Costa Rica observa finalmente una resolución a este prolongado debate tras más de veinte años de estancamiento responde a la transformación estructural de su matriz productiva.
La economía nacional transitó de un modelo fuertemente agrícola a convertirse en un nodo clave de dispositivos médicos y servicios corporativos en zonas francas, sectores que requieren esquemas operativos continuos insostenibles bajo el régimen rígido redactado en el Código de Trabajo de mil novecientos cuarenta y tres.
La urgencia de mantener la atracción de inversiones frente a competidores regionales, sumada a las correcciones normativas introducidas para delimitar la ley exclusivamente a industrias veinticuatro siete y proteger a poblaciones vulnerables, ha permitido consolidar las mayorías parlamentarias necesarias para llevar la reforma a su etapa decisiva.
SOBRE EL AUTOR: Nacido en la República Checa, Jan Kozák es licenciado en Ciencias Políticas por Macalester College y cuenta con un máster en Estudios Internacionales de la Paz por la Universidad para la Paz de las Naciones Unidas. En 2003 fue galardonado con el premio Hubert H. Humphrey-Walter F. Mondale de Ciencias Políticas por Macalester College. Es analista y comentarista político; actualmente escribe sobre la disolución del orden global y paralelos históricos en jankozak2026.substack.com.



































