Georgina Díaz
Gerente General de la Sociedad de Seguros de Vida
Durante setiembre, Costa Rica vuelve la mirada hacia su historia. Las banderas aparecen en las casas, los centros educativos se llenan de actos cívicos y parece que es el mes en el que más se siente a flor de piel, ese orgullo de ser costarricenses.
Pero la democracia no es únicamente una fecha en el calendario. Es una construcción permanente y, entre los carpinteros de esa obra, destacan los trabajadores de la educación, que, desde los centros educativos, cada año abrazan con esmero esta celebración cívica.
Es así como niñas, niños y jóvenes comienzan a observar la actitud de respeto y el nivel de importancia del mes patrio, a escuchar de la historia y su significado y hasta memorizan datos relevantes del proceso de aquella época.
Esto aunado a que inician a comprender que vivir en sociedad implica escuchar a quien piensa diferente, respetar reglas comunes, participar, expresar una opinión, asumir responsabilidades y reconocer que nuestras decisiones también afectan a otras personas.
Por eso, cuando hablamos de educación, hablamos también de ciudadanía, democracia y civismo.
Detrás de ese aprendizaje hay miles de personas trabajadoras de la educación que, desde funciones muy distintas, contribuyen todos los días a formar mucho más que estudiantes. Docentes, personal administrativo, conserjes, de seguridad, entre muchos otros, ayudan a construir espacios donde se aprende a convivir.
Muchas veces ese aporte ocurre lejos de los grandes discursos. Está en la persona docente que abre una conversación para que todos puedan opinar, en quien interviene para resolver un conflicto mediante el diálogo o en el personal que, desde su trabajo cotidiano, enseña con el ejemplo el valor del respeto, el compromiso y el servicio.
Son acciones que pueden parecer pequeñas, pero ahí también se construye democracia.
Costa Rica ha hecho de la educación uno de los pilares de su desarrollo. Esa apuesta nos recuerda que una democracia sólida necesita ciudadanos capaces de analizar, cuestionar, participar y convivir con las diferencias. Y para lograrlo no basta con enseñar contenidos: también se necesitan comunidades educativas donde esos valores puedan experimentarse en la práctica.
En la Sociedad de Seguros de Vida del Magisterio Nacional hemos acompañado por más de un siglo a quienes forman parte de este sector. Esa cercanía nos ha permitido conocer historias de vocación, esfuerzo y servicio que confirman algo esencial: el impacto de una persona trabajadora de la educación rara vez termina cuando concluye una jornada laboral. Permanece en las decisiones, valores y oportunidades de las personas con quienes se cruza.
En este mes de la patria, además de celebrar nuestros símbolos y recordar nuestra historia, vale la pena reconocer a quienes siguen construyendo Costa Rica todos los días.
Porque la democracia también se forma en un aula, en un pasillo, en un comedor escolar o en una conversación que enseña a escuchar antes de responder.
Y detrás de esos espacios hay personas trabajadoras de la educación ayudando, muchas veces de manera silenciosa, a formar la ciudadanía que sostendrá el país del futuro.




































