“La muerte deja testimonio de todo lo que en el hombre rehúsa a morir”. Albert Camus
¿Es acaso la muerte el final? Para los griegos, la palabra cementerio (koimeterion, pasando luego al latín coemeterium) significa dormitorio, es decir, un lugar de descanso. El cristianismo lo terminó de adaptar dejando el uso de la palabra “necrópolis”, que era la denominada ciudad de los muertos, ya que es más esperanzador tomar la muerte como un descanso temporal hacia algo más transcendental.
De una experiencia:
Hace unos días tuve la oportunidad la oportunidad de visitar nuevamente al Cementerio General de San José. Un lugar que guarda mucha historia; actualmente se le puede considerar un museo debido a los grandes personajes que descansan aquí y, además, su arquitectura de muchos mausoleos y tumbas es impresionante.
Es evidente que todos, como seres humanos, seremos parte de este proceso de pasar por el umbral de la muerte. Es inevitable no pensar en nuestra propia existencia e historia personal al visitar un camposanto. Al igual que las etimologías de la palabra cementerio, cuando los visitamos sentimos respeto y silencio en concordancia con los cuerpos que duermen y habitan dicho lugar.
Del descanso a la posteridad:
Sin embargo, este lugar tiene un elemento diferente; es un libro de historia a cielo abierto. Los próceres y figuras de la historia costarricense están aquí. Al pasar por los pasillos y caminos del cementerio y leer cada placa es como pasar las páginas de la historia de Costa Rica.
La fundación de la República y sus protagonistas: don José María Castro Madriz y su señora doña Pacífica Fernández, creadora de nuestros símbolos patrios. Nuestro héroe nacional y libertador, don Juanito Mora; otros expresidentes como don León Cortés, el Dr. Calderón Guardia, Bernardo Soto. Grandes personajes como el Dr. Moreno Cañas, Carmen Lyra, Aquileo Echeverría, José María Zeledon, Melico Salazar, entre otros.
Tal vez no los conocimos en vida, pero sus nombres son tan cotidianos aún; todos los días se mencionan en las aulas, en libros de historia o de su misma autoría, incluso entre lugares e instituciones que los llevan; nos son familiares y aquí se les puede visitar como si fueran viejos amigos nuestros que han partido. A ellos se les admira, se les respeta, ellos son Costa Rica misma, son parte fundamental de lo que somos hoy, de nuestra cultura, educación e identidad. La Patria siempre estará agradecida. Sus legados aún están vivos y deben seguir vigentes hoy más que nunca.
Lección de humildad:
Es probable que ninguno de nosotros sea recordado así; muchos no estaremos mencionados en los libros, ninguna escuela ni carretera llevará nuestros nombres, nadie al ver nuestras placas y tumbas le resonará lo que hicimos o vivimos; incluso en mucho o poco tiempo, nadie se acordará. Muchos simplemente somos testigos de la historia. La humildad del testigo consiste en que no todos necesitamos un monumento de mármol para que nuestra vida haya tenido sentido. Eso no nos hace menos importantes; tampoco es necesario buscar protagonismos. Marco Aurelio, como parte de su filosofía estoica, tenía presente en sus meditaciones la siguiente frase: “recuerda que un día morirás, podrías dejar la vida ahora mismo; deja que eso determine lo que haces, dices y piensas".
Para Viktor Frankl, la humildad se fundamenta en reconocer nuestra finitud y aceptar la responsabilidad ante la vida. Se trata de entender que no somos dueños absolutos de nuestro destino, sino personas que responden a lo que la vida les exige, enfocándose en el servicio y en mejorar, dejando de lado toda clase de ego.
Pero esta es la diferencia, hoy en tiempos de ansiedad y deseos de poder; en este pasado los héroes y personalidades que forjaron Costa Rica, lejos de cegarse por sus propios méritos no eran orgullosos ni lo que hicieron fue con ese afán, todo lo contrario. Desde el servicio, de ellos debemos tomar ejemplo y aprender, ya que lejos de intereses o proyectos personales, simplemente siempre buscaron estar del lado correcto de la historia y esta misma historia paga muy bien al guardar sus nombres a la posteridad, la cual es una consecuencia y no un objetivo final.
Josué Arias Hernández
Profesor de primaria





































