¿Cuántos de ustedes saben que hay cosas por cambiar en sus negocios? ¿Cuántos identifican oportunidades, pero las ven pasar por la ventana? ¿Cuántos, más bien, sienten de cuando en cuando un… “si tan solo se me ocurrieran a mí las ideas?
¿Cuántos sienten cierto grado de frustración cuando se les dice que deben innovar?
El mundo hiperconectado e hiper-comunicado en el que vivimos nos expone a diario con ideas brillantes, personas – héroes que a punta de noches largas y capacidades tecnológicas dicen haber transformado sus vidas y sus negocios.
Casos de éxito que nos hacen a más de uno preguntarnos: ¿Y por qué yo no logro eso?
Hey, un secreto: Muchos de ellos son solo pantalla de marketing.
Otros, aunque no lo cuentan en el video flashy de redes sociales, descubrieron un modelo o metodología de trabajo colaborativo con sus equipos (siempre hay un equipo). Una metodología en la que, el rol de ellos, precisamente, es el de mostrarse como el genio innovador.
Luego están las empresas, start ups o corporaciones bien organizadas, que dedican un segmento sustantivo de sus recursos (tiempo y dinero) para acciones de investigación y desarrollo.
Y luego, están todos los demás.
Los que sueñan con innovar, transformar el mundo y no dejar botada – una vez más, la nueva idea que se les ocurrió.
Hoy hablaremos de esos últimos.
De usted o de mí.
De alguien con buenas ideas que no se desarrollan o alguien que sufre porque dice nunca tener buenas ideas.
Cuando se habla de innovación, en automático la gente piensa en: “Buenas ideas”, “creatividad”, “disrupción”.
Y por supuesto, innovación implica todo ello. Innovar lleva intrínseco el cambio y, para el cambio, se requiere de ideas creativas y disruptivas.
Pero la innovación, y en particular la innovación en las organizaciones requiere mucho más que tan solo buenas ideas. Requiere estructura, planeación e implementación de proyectos. Requiere de inversión, seguimiento constante y mejora continua.
Pensar que todo ello lo puede hacer un individuo, como usted o como yo, es iluso. ¡Innovar en las organizaciones requiere formar equipo!
La semana anterior compartí escenario con Stephanie, la Chief People Officer, y John, el Technology Strategy Lead de HLB Internacional en nuestra Conferencia regional de Latinoamérica.
Hablamos sobre innovación para las firmas que componen la red HLB en la región y cómo cada socio puede, desde su mejor rol, impulsar la innovación en sus negocios.
Enfatizo en la palabra rol, de eso trata este artículo.
Como en innovación organizacional es fundamental un equipo, procurar el éxito pasa por entender cuál es nuestro rol en el proceso de innovación.
Aun cuando somos los dueños del negocio o los gerentes generales o gerentes financieros, para los procesos de innovación quizás nuestro mejor aporte está en una etapa que ni siquiera tenemos identificada; según nuestras habilidades, aptitudes y conocimientos.
En la conversación con Stephanie y John compartimos la metodología “6i’s of innovation” creada por Natalie Turner, y cada vez más famosa entre empresas alrededor del mundo.
Se trata de un marco de trabajo que permite a las organizaciones aumentar el valor de las nuevas ideas, a través de la identificación de personas clave para cada etapa en la vida de una idea innovadora, desde su concepción hasta la puesta en marcha y mejora continua.
El modelo plantea que cada individuo debe conocer en qué etapa del proceso de innovación realmente aporta valor gracias a sus conocimientos, comportamientos y actitud.
Hoy quiero compartirles en breve las 6i’s para que reflexionen y piensen dónde creen estar ustedes:
- Identificadores: Son aquellas personas con la capacidad de visualizar e imaginar el futuro. Identifican tendencias y patrones con facilidad y piensan cómo eso puede afectar el negocio. Suelen tener muchos intereses y un apetito por aprender. Buscan oportunidades donde la gente encuentra problemas. En corto, son personas muy curiosas.
- Iniciadores (igniters): Son personas con capacidad de pensamiento lateral. Logran generar conexiones entre diferentes ideas no relacionadas entre sí, incluso fuera de sus áreas usuales de conocimiento. Suelen venir con propuestas que rompen el status quo, siempre en búsqueda de nuevas formas de hacer cosas. Por defecto, son personas creativas.
- Investigadores: Tienen clarísimo la importancia del testeo y la validación de ideas antes de lanzarse a implementar en grande. Les gusta pensar, revisar, analizar con diferentes públicos como clientes, accionistas, proveedores antes de seguir adelante. Buscan que la idea a desarrollar sea realmente valiosa y para eso, apuestan por la exploración y el cuestionamiento de manera sistemática. Son mentes críticas.
- Inversores: Se consideran con las capacidades adecuadas para identificar las buenas ideas de negocios, tomar decisiones pragmáticas y definir adónde alocar recursos. Son buenos influenciadores con otras organizaciones y socios. Son quienes tienen el coraje de tomar el riesgo aún sin la certeza de que la idea vaya a funcionar. Se define como valientes.
- Implementadores: Sus fortalezas están en la capacidad de planeación y organización. Son quienes hacen que las cosas sucedan. Se perciben a sí mismos como personas con alta capacidad para mantener al equipo motivado para que entregue a tiempo y en presupuesto. También suelen ser buenos construyendo sus propios equipos. Son comprometidos.
- Optimizadores (improvers): Son personas que se perciben capaces de generar nuevas maneras de mejorar una idea ya implementada. Siempre están en búsqueda de aprendizaje que les permita el mejoramiento continuo de sus procesos. Procuran que la cultura sea una en la que se entienda que se aprende tanto de los éxitos como de los errores. Son perspicaces.
Lo sé, usted terminó de leer las 6i’s y pensó: ¡Pero yo tengo todas!
Y sí, ese es precisamente el punto. Como estamos hablando de una mezcla de autopercepción (mentalidad), con habilidades y conocimientos, es normal que cualquier líder organizacional sienta que encaja en todas.
A través de la metodología, uno identifica en cuáles de las 6i’s se ubica prioritariamente. Yo, por ejemplo, puntúo más en las de identificador e iniciador.
Lo bueno de la metodología es que, conociendo las i’s prioritarias, usted puede enmarcar mejor sus proyectos de innovación. En lugar de querer ser superman, puede traer a bordo un equipo complementario, que le permita aumentar sus posibilidades de éxito.
También, una vez que conoce sus capacidades, puede definir un plan de desarrollo individual, ya sea para potenciar las áreas fuertes aún más o para mejorar en aquellas i’s que son relevantes para su negocio.
Por supuesto que la metodología es bastante más profunda que estas líneas así que, si usted, como muchos, se siente frustrado al hablar de innovación, quizás sea momento de que conversemos. En Grupo Camacho Internacional y HLB podemos acompañarle en el proceso.





































