Cuando escribí el libro Futuro Secuestrado: análisis multidimensional de la inseguridad en Costa Rica (2025), detecté que, si bien la inseguridad se abordaba en el país desde perspectivas multidimensionales y multifactoriales, persistía un vacío teórico, metodológico y empírico en el análisis hemisférico. Esto era necesario para comprender con mayor precisión las redes del crimen organizado transnacional (COT) y su asentamiento en el corredor Panamá– México–Caribe insular. Ese vacío lo ejemplifiqué con casos de la región y con el modo en que el COT transforma territorios, instituciones y economías locales, pasando de “ruta de tránsito” a epicentro de gobernanza criminal.
Con la motivación de comprender el fenómeno criminal desde una perspectiva hemisférica es que nace mi segundo libro: Crimen Organizado Transnacional, una mirada hemisférica . Para ello, invité a especialistas internacionales como son los señores Robert Bacon, Douglas Farah y Pablo Zeballos, cuyos enfoques hemisféricos y extracontinentales suman una mirada integradora de los flujos sur-norte, norte-sur y de la globalización del crimen hacia las realidades de nuestra región. Una región que es, a la vez, ruta y epicentro de las Américas. Sus ensayos nos ofrecieron un enfoque teórico, metodológico y con suficiente evidencia empírica de su ejercicio como profesionales de campo que han estado inmersos en el fenómeno desde la prevención hasta en el mismo campo.
A lo largo de más de quince años, he sostenido una advertencia que hoy resulta ineludible: lo que estaba ocurriendo en América Latina llegaría a Costa Rica. Lo he dicho en múltiples foros y lo he escrito con claridad en medios nacionales e internacionales: el problema no es “la violencia de los otros” ni una suma de hechos aislados, sino la expansión de estructuras.
Hay suficiente evidencia publicada en artículos de opinión en medios nacionales e internacionales o en el repositorio del podcast en YouTube @TMRConsulting donde hay un archivo de más de cien videos de entrevistas y análisis del fenómeno criminal.criminales que desbordan al Estado, fragmentan sus instituciones y ponen en riesgo el Estado social de derecho, cuando señalé que la inseguridad no podía reducirse a estadísticas, sino que debía entenderse como parte de la mutación de las economías criminales globales. Además, insistí en que Costa Rica debía anticiparse y no seguir reaccionando tarde, con medidas coyunturales insuficientes y estructurales inexistentes.
En esa línea, he sostenido que persisten paradigmas no resueltos que dificultan comprender y enfrentar el fenómeno. El localismo es un paradigma que observa el delito desde una perspectiva provincial, aunque este opera en redes hemisféricas. El androcentrismo, invisibiliza la dimensión de género y las violencias diferenciales que enfrentan mujeres y niñas en contextos de reclutamiento, trata, desplazamiento y vinculado a víctimas. Asimismo, se destaca también el populismo punitivo, que se expande en la región con discursos simplistas de “mano dura” y que, lejos de resolver, alimenta la espiral de violencia al politizar la inseguridad y al utilizar el miedo como herramienta de manipulación. Ese populismo, que hoy cobra un lugar central en América Latina, es una de las mayores amenazas porque bloquea soluciones estructurales, legitima la militarización y socava las bases democráticas.
También he advertido sobre la convergencia criminal como rasgo de esta etapa histórica. Las organizaciones ya no actúan en compartimentos aislados; se integran, subcontratan y se diversifican. Narcotráfico, trata, contrabando, tráfico de armas y delitos ambientales se interconectan en ecosistemas criminales que funcionan con lógica empresarial, pero con métodos violentos de control. He registrado cómo estos fenómenos se relacionan con estrategias de desinformación digital y cibercrimen. Esto demuestra que el COT no solo actúa en lugares físicos, sino también en el mundo virtual, lo que aumenta su alcance y disminuye aún más la capacidad de respuesta del Estado.
De igual forma, he señalado que el comercio ilícito financia al narcotráfico y a otras economías criminales. Portafolios diversificados, desde cigarrillos y textiles hasta combustibles y tecnología sostienen la expansión del COT, mediante empresas fachada, triangulaciones financieras, uso de criptomonedas y logísticas de élite. Si no entendemos esa economía.
Ninguna política de seguridad podrá ser integral si continúa sin una real transversalización de género, además, sino tiene a mujeres profesionales tomando decisiones en los puestos críticos. Los enfoques androncéntricos no solo son odiosos y discriminatorios, sino que, además, parcializan la estrategia de intervención.
Molina Rojas, T. (2025).política del ilícito, seguimos atrapados en el discurso penal del delito aislado y no vemos el entramado económico que corroe la recaudación fiscal, distorsiona los mercados y captura instituciones públicas.
Por eso, en el libro abordo este tema con cinco cometidos básicos que buscan articular el análisis empírico con la reflexión teórica y política. Primero, examina la geografía criminal del corredor Panamá–México-Caribe insular, subrayando cómo las infraestructuras logísticas como son los puertos, carreteras, zonas francas y corredores financieros se convierten en nodos funcionales al crimen organizado transnacional. En segundo lugar, identifica las principales rutas ilegales que pasan por esta área, no solo para el tráfico de drogas y armas, sino también para el oro, la fauna, los migrantes y productos de contrabando, destacando su variedad y capacidad de cambio.
En tercer lugar, examina cómo las organizaciones criminales toman control del Estado y el proceso de narcoestatización. Esto muestra cómo estas organizaciones debilitan las instituciones, financian campañas electorales, alteran la contratación pública e influyen en la creación de políticas. Cuarto, presenta casos ilustrativos de penetración criminal, corrupción y alianzas ilícitas, que permiten observar la interacción entre actores transnacionales y élites locales. Y quinto, evalúa los impactos sociales de este entramado criminal, desde el incremento de homicidios y desplazamientos hasta la degradación ambiental y la precarización comunitaria.
El ensayo termina con una sección llamada ‘Panamá–México: ¿corredor logístico o centro del crimen organizado en el hemisferio?’, en la que se cuestiona la idea común de la región como un simple “pasillo de tránsito” y se propone, en su lugar, la idea de que es un centro que conecta diferentes formas de autoridad. De esta manera, se conecta con los ejes desarrollados en los ensayos precedentes: la epistemología de las redes, la cuarta ola del crimen organizado y la dimensión cultural. A la vez, prepara a las personas lectoras para las reflexiones conclusivas de la obra, en las que se interroga el papel de la región en el tablero global del crimen organizado transnacional.
Crimen Organizado Transnacional . Una Mirada Hemisférica
Disponible en Librería Internacional y Amazon.
Editorial D3 , Ediciones Scientia.
Tania Molina
Escritora y criminóloga





































