Dr. Marlon Rojas
Gastroenterólogo Clínica Equilibrium
Como gastroenterólogo, cada diciembre veo repetirse la misma escena: agendas llenas, mesas rebosantes y, pocos días después, salas de espera igualmente llenas. Las festividades tienen un encanto especial, pero también una capacidad silenciosa para poner a prueba al sistema digestivo de incluso los más disciplinados. No se trata de satanizar la comida, que es parte esencial de nuestra cultura y nuestras relaciones, sino de entender que el cuerpo también participa en la celebración y merece ser escuchado.
En esta época aumentan tres actores habituales: el reflujo gastroesofágico, la gastritis y la colitis. El primero, impulsado por comidas grasas, chocolates, frituras y bebidas alcohólicas o carbonatadas, suele manifestarse con ese ardor incómodo que aparece justo cuando deberíamos estar disfrutando. La gastritis, por su parte, no perdona el exceso de irritantes ni la acumulación de estrés que caracteriza el cierre de año. Y la colitis, especialmente en sus formas funcionales, encuentra terreno fértil cuando combinamos horarios irregulares, carbohidratos en abundancia y una notoria ausencia de fibra.
Sin embargo, desde una perspectiva de negocios y hablo también a quienes viven diciembre entre cierres fiscales, entregas finales y múltiples eventos corporativos, vale recordar que la salud digestiva no es un asunto menor. Un malestar que se normaliza puede traducirse en menor productividad, menor claridad mental y, finalmente, en la necesidad de atención médica cuando ya el daño está hecho. La prevención, en este contexto, no es solo una recomendación clínica; es una estrategia de rendimiento personal.
Disfrutar sin sacrificar bienestar es posible cuando entramos a la temporada con planificación. Respetar horarios regulares, aunque haya múltiples compromisos, evita llegar a la mesa con un apetito desbordado que suele terminar en excesos. Combinar platos tradicionales con opciones más frescas permite mantener el equilibrio sin renunciar al sabor. Comer despacio, cambia por completo la experiencia digestiva y moderar el alcohol no solo protege el estómago, también mejora la calidad del sueño, otro pilar esencial en semanas de alta demanda emocional y laboral.
Además, conviene reconocer que el estrés influye tanto como la comida. Cerrar el año con prisas y presiones genera tensiones que se proyectan directamente en el sistema gastrointestinal. Tomarse pausas breves, priorizar el descanso y cultivar espacios de calma no es un lujo, es parte del tratamiento preventivo.
Mi recomendación final es clara: disfrute, pero hágalo con conciencia. El cuerpo siempre avisa, y cuando lo escuchamos a tiempo, diciembre deja de ser un reto digestivo para convertirse en lo que realmente debería ser, un mes de conexión, gratitud y equilibrio. La salud, al final, también debe celebrarse.





































