Por: Lizandro Brenes Castillo, economista.
Costa Rica está a las puertas de una nueva cosecha cafetalera y, como en años anteriores, el escenario exige cabeza fría y decisiones informadas. Las proyecciones del USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos por sus siglas en inglés), a través de su Servicio Agrícola Exterior (FAS), reconocido por sus análisis técnicos globales sobre mercados agrícolas; confirman lo que muchos productores costarricenses ya intuían: la cosecha nacional será menor. Se estima una caída cercana al 10 % respecto al ciclo anterior, ubicándose en torno a 1,170,000 sacos de 60 kg de café oro ya beneficiado.
La reducción responde, en parte, al ciclo natural del cultivo (año bajo), pero también a factores más estructurales: menos área sembrada, escasez de mano de obra y afectación por enfermedades como la roya. A esto se suman las lluvias intensas de finales de 2024, que afectaron floraciones y cuajes en zonas clave.
Pero antes de hablar del precio, es preciso contextualizar: se requieren aproximadamente 1,32 fanegas de café fruta para producir un solo saco de 60 kg de café oro, según el rendimiento promedio nacional de 45,51 kg por fanega, reportado por el ICAFE en el informe de actividad cafetalera 2004–2005.
¿Y el precio? La buena noticia es que el mercado internacional sigue reconociendo el valor del café costarricense. El precio promedio de exportación ha rondado, en abril del 2025, los US $465 por saco de 60 kg de café oro ya beneficiado (un 52% más que el año anterior). Se proyecta que este precio podría mantenerse estable gracias a la demanda de cafés especiales.
Sin embargo, el tipo de cambio juega en contra: un colón más fuerte significa que, al convertir los dólares obtenidos por exportación a moneda nacional, los productores reciben menos colones por cada dólar. Esto reduce directamente sus ingresos en términos reales, a pesar de que el precio internacional del café sea alto. En otras palabras, aunque se venda a buen precio afuera, la rentabilidad local disminuye, encareciendo los costos internos mientras se debilita el poder de compra del productor.
Por ejemplo: si el precio de exportación es de US$465 por saco y el tipo de cambio es de ₡550 por dólar, el exportador podría recibir alrededor de ₡255,750 antes de deducciones. Pero si el tipo de cambio cae a ₡505, ese mismo saco generará ₡234,825: una pérdida de ₡20,925 por saco (8,2 % menos), sin que haya cambiado el precio internacional. Es decir, por cada colón que disminuye el tipo de cambio, el ingreso en colones por saco de café exportado se reduce en ₡465. Esta diferencia se traslada directamente al bolsillo del caficultor.
A este desafío se suma otro golpe externo: la reciente imposición de aranceles por parte del gobierno de Estados Unidos, nuestro principal destino de exportación. A partir de agosto de 2025, Costa Rica enfrenta un nuevo arancel del 15 % sobre sus exportaciones de café a ese país, el cual no existía en la cosecha anterior. Esto significa que, por cada saco valorado en US$465, se pierden alrededor de ₡35,100 adicionales por efecto del arancel. En conjunto, la caída del tipo de cambio y el nuevo arancel pueden reducir los ingresos por exportación en aproximadamente un 21 %, sin que el precio internacional haya disminuido, trasladando el impacto directamente al productor nacional.
Siguiendo la lógica del rendimiento por fanega para obtener un saco en oro de 60 kg, y asumiendo que los productores suelen recibir entre un 30 % y un 40 % del valor FOB por fanega (dependiendo de cada contrato), una fanega en condiciones típicas puede oscilar entre ₡58,125 y ₡77,500. No obstante, para cafés diferenciados como los de Los Santos y otras zonas, el precio por fanega ha rondado los ₡115,000 o más, en función de los contratos de los beneficiadores y las valoraciones por calidad o sostenibilidad. Sin embargo, incluso en estos casos, el impacto del tipo de cambio y de los nuevos aranceles podría neutralizar buena parte del beneficio asociado al aumento del precio internacional.
En síntesis, estamos ante una paradoja: una cosecha más reducida, mejor pagada en el exterior, pero con una rentabilidad real afectada por el tipo de cambio y la política arancelaria estadounidense.
El café puede seguir siendo un negocio rentable. La clave este año será optimizar costos sin comprometer la calidad, prepararse para una recolección más exigente y mantenerse alerta ante los movimientos del mercado, el clima y otras variables. Mejorar la competitividad del país, o al menos no deteriorarla artificialmente mediante la política cambiaria, sería sin duda, un aporte valioso.





































