Gratitud, es el reconocimiento y aprecio que se realiza por las contribuciones y esfuerzos de los demás, se convierte en una herramienta poderosa para fomentar un ambiente laboral positivo, equitativo y productivo. De allí, que los abuelos a mediados del siglo pasado, hayan dado preponderancia a los principios cristianos de justicia social, basados, en la buena fe, lealtad, comunicación oportuna, buen trato, legalidad, esmero, entre otros.
Entonces, a través de más de 80 años, de existencia de la legislación laboral nacional unificada en un cuerpo legal general, precisamente los principios generales del derecho laboral, se han convertido en el bastión de protección en el bienestar de los entornos laborales, tanto de lo privado como de lo público. Ya que cuando se transgreden, se incurre no solo en climas laborales pesados, sino en rompimientos contractuales con responsabilidades para las partes, junto con las posibles infracciones laborales.
Y esto llevado, al mundo laboral, el cual cada vez, se encuentra más interconectado y marcado por avances tecnológicos vertiginosos, la gratitud como parte de los principios, se viene a erigir como un valor fundamental, que puede transformar no solo la cultura organizacional, sino también la relación entre empleadores y empleados. E inclusive trasciende hacia la ciudadanía en general, junto con el sello reputacional, tanto nacional como internacional, dentro del actual mundo globalizado y en donde la información, transcurre en tiempo real, rompiendo las barreras del espacio.
Es que, ante la frialdad de la Inteligencia Artificial, la robótica, el ciber espacio y el metaverso, la empatía humana, se convierte en un arma poderosa. En donde, las nuevas generaciones de personas trabajadoras, están demandando -ya no solo de la persona empleadora- del Estado, reconocimiento personal, como parte del salario emocional, dentro de un entorno de óptima salud mental, en las diversas ocupaciones.
La gratitud consciente, como bien expresa Inma Mora Sánchez, no elimina las dificultades, pero sí transforma nuestra relación con ellas. En el ámbito laboral, cultivar la gratitud puede disminuir el estrés y fomentar vínculos más sólidos entre colegas y líderes. Cuando las personas trabajadoras se sienten valoradas y reconocidas, su compromiso y productividad aumentan, lo que repercute positivamente en el rendimiento general de la organización (https://ethic.es/gratitud-hacia-vida).
La tecnología viene transformando -a través de la historia humana- la manera en que se desempeñan las labores. En este nuevo contexto, las plataformas digitales pueden ser utilizadas para expresar gratitud de formas innovadoras. Por ejemplo, sistemas de reconocimiento en línea pueden destacar los logros de las personas empleadas, promoviendo una cultura de apreciación que trascienda las barreras físicas de la oficina y no solo publicándose sanciones, despidos o acosos sexuales, como se ha venido decantando la legislación patria, en los últimos años, ejemplo de ello, las disposiciones de la Ley Marco de Empleo Público y la de Hostigamiento Sexual en el Empleo y la Docencia.
No, por el contrario, se debe pensar, en expresar públicamente -también- el reconocimiento y aprecio hacia las personas trabajadoras del sector público/privado, con lo cual se estaría promoviendo cohesión y el fortalecimiento de lealtad organizativa y del arraigo laboral.
Eric Briones
Doctor y Profesor en Derecho Laboral




































