Msc. María José Picado Flores
mpicadof@ulicori.net
Los 15 de septiembre de cada año las calles de Costa Rica se visten de faroles, banderas, desfiles e himnos, donde al amanecer nos despiertan las dulces dianas de aquellos niños y jóvenes que anuncian la celebración de aquel momento de orgullo de ser una nación independiente. Este año celebramos 205 años de aquel acontecimiento histórico que nos brindó generar los primeros cimientos para la construcción de un futuro bajo los principios de la soberanía y libertad; sin embargo, la verdadera esencia de esta celebración va mucho más allá de un acto cívico. La independencia nos invita a reflexionar si realmente estamos honrando el legado de quienes soñaron con un país libre, democrático y capaz de construir su propio destino, sustentado en valores como el trabajo, la honradez, la solidaridad y el compromiso con el bien común.
Costa Rica desde décadas ha sido reconocida a nivel internacional en aspectos como: su democracia, el respeto de los derechos humanos, inversión educativa, la estabilidad de sus instituciones y el respeto a la separación de los poderes del Estado. Estas características han permitido el desarrollo de una sociedad basada en el diálogo, la paz y la convivencia democrática. No obstante, hoy enfrentamos desafíos que ponen a prueba esos mismos principios y que nos obligan a reflexionar sobre el futuro de nuestra patria. Desde el narcotráfico, el crimen organizado, la corrupción, la falta de transparencia y el debilitamiento de la inversión social, miles de familias costarricenses enfrentan diariamente el alto costo de la vida, la desigualdad y la incertidumbre laboral, estos son retos que representan algunas de las mayores amenazas para nuestra sociedad.
Reflejando un aumento en la violencia e inseguridad, además del deterioro de la confianza de los costarricenses en las instituciones públicas y los poderes del estado. Defender la independencia en el siglo XXI significa también impedir que los intereses criminales condicionen el presente y el futuro de nuestro país.
Una democracia sólida depende tanto de instituciones fuertes como de una ciudadanía informada, vigilante y participativa, honrar y defender nuestra independencia no requiere de gritos, insultos ni descalificaciones. Por el contrario, exige respeto, diálogo y tolerancia. La democracia se fortalece cuando las diferencias se expresan con argumentos, respeto y responsabilidad, nunca mediante la confrontación o la violencia verbal. Nuestras instituciones enfrentan el enorme desafío de responder con transparencia, eficiencia y un firme apego al Estado de derecho.
Un país verdaderamente libre es aquel donde la educación, el empleo digno, la innovación y el desarrollo económico permiten a cada ciudadano construir un proyecto de vida con esperanza y dignidad. Hoy, más que nunca, Costa Rica necesita recuperar el sentido de unidad nacional. Las diferencias políticas, sociales o ideológicas no deben impedirnos trabajar por objetivos comunes, una sociedad más segura, instituciones más fuertes, una economía más inclusiva y un futuro con mayores oportunidades para las nuevas generaciones.
La independencia no es un logro que quedó escrito únicamente en la historia de 1821; es una responsabilidad que renovamos cada día. Se defiende cuando actuamos con honestidad, cuando respetamos la ley, cuando rechazamos la corrupción y el crimen organizado, cuando fortalecemos nuestras instituciones y cuando comprendemos que el desarrollo del país depende del compromiso de cada uno de nosotros.
Que esta celebración no sea únicamente un recuerdo del pasado, sino un llamado a construir la Costa Rica que queremos heredar, un país donde la libertad se viva con responsabilidad y el bienestar sea una realidad para todas las personas, bajo los colores de nuestra bandera, blanco, azul y rojo, donde se pueda seguir construyendo una nación más justa, segura, próspera y solidaria para las generaciones presentes y futuras.





































