Uno de los elementos esenciales en la comunicación colectiva, y en su enfoque hacia la transparencia y objetividad, radica precisamente en la aplicación de un criterio claro y técnico que permita la transmisión de un mensaje determinado, un acontecimiento, o bien, la explicación de un fenómeno particular de forma clara y sin tergiversaciones, recurriendo para estos efectos al uso de fuentes de información confiables y que señalen tener una línea de opinión, no solamente, adecuada y objetiva, sino también, que demuestren contar con un dominio preciso de la temática de fondo que se está abordando, logrando así que la idea final plasmada en el mensaje enviado sea aquella que mejor refleje la realidad material del suceso.
Para estos efectos, y con base en la teoría básica de la comunicación colectiva y periodística, deben respetarse dos preceptos esenciales, los cuales plantean en primer lugar, el uso de fuentes de información directas que sean confiables, ya sean aquellas que son parte del fenómeno acontecido, o bien, que hayan sido participes de su observancia en primera línea, entiéndase, que sean testigos sensoriales o anecdóticos de la dinámica que desea comunicarse. En segundo lugar, se tiene el concepto primordial de la fuente con criterio experto, la cual funciona a manera de un refuerzo y de resorte en la ampliación de la explicación de fondo referente a las variables del hecho o evento de interés comunicativo, siendo un elemento de extrema relevancia, puesto que es quien tiende a darle contenido explicativo y analítico a aquello que desea transmitirse.
En aras de definir de forma precisa el concepto del criterio experto, este debe ser analizado a la luz de su etimología propia, donde es necesario señalar que una persona que sea definida así por un medio de comunicación, o bien, por un comunicador, debe cumplir una serie de parámetros mínimos obligatorios a la luz de la semiótica y semántica comunicacional, donde resaltan entre otros, contar con una formación sólida en el área de análisis, presentar una demostrada experiencia práctica en el campo técnico sobre el cual se está investigando, contar con una línea objetiva, o por lo menos, no influenciada por aspectos sociológicos, políticos, religiosos u otros que pudiesen tergiversar su opinión, y quizás con mayor preponderancia, contar con la acreditación que le permita gestionar a manera de especialista en una determinada área de las ciencias o el conocimiento, esto en los casos que la normativa lo solicite, en especial para aquellas carreras académicas que requieran incorporaciones a colegios profesionales.
En línea de lo anterior, cabe indicar que aunque existen ciertas áreas técnicas y profesionales que no requieren una colegiatura específica, la mayoría de las ramas de ejercicio requieren este requisito de forma obligatoria, tema, que aunque no asegura un mayor o mejor dominio de una temática específica, al menos brinda una certeza jurídica y funcional ligada a la existencia de parámetros mínimos de cumplimiento para hacerse llamar un profesional en una determinada carrera. Claramente, este punto no debe ser visto a manera de una limitante a la libertad de expresión, no obstante, una cosa es la posibilidad de emitir opiniones abiertas sobre un tema, y otra es hacerse llamar experto o graduado en un segmento del conocimiento sin serlo, tema que es de especial relevancia, esto al considerar que puede incluso ser tipificado como ejercicio ilegal de la profesión con su responsabilidad derivada.
Ahora bien, pueden encontrarse dos conceptos de interés, el criterio de experto y el juicio, siendo el primero aquel que debe respetar elementos estrictamente técnicos y no plantear posición alguna, sino que debe ser dado desde una forma casi positiva (evidente) de la realidad, donde las opiniones y creencias individuales no deben afectar, mientras que el segundo es dado por la interpretación de un determinado fenómeno social, económico, político, conductual, entre otros, y proceder a detallar una posición reactiva hacia dicho funcionamiento, pero siempre a la luz de la ciencia y la técnica, nunca bajo una concepción ideológica, religiosa o política. Puede entonces definirse que para ambos casos la línea de objetividad debe respetarse, siendo primordial que estos preceptos se reverencien en la escogencia de estos expertos para notas comunicativas, mensajes masivos e información generalizada.
Al analizar lo anterior y al hacer una rápida reflexión del contenido comunicativo de algunos sectores mediáticos e informativos, surge la interrogante ¿se están respetando los criterios técnicos para la escogencia de los expertos para las notas, programas y noticias?, la respuesta parece deslindar en varias aristas de interés, las cuales señalan distorsiones de atención en este tema. Lo anterior toma especial relevancia al observar medios de comunicación con una clara línea editorial parcializada, esto a favor o en contra de una determinada corriente política, donde esta subjetividad ideológica, sin duda repercute en la generación de lo que señalaría ser un perfil por sesgo de alineamiento en la escogencia de expertos, siendo que solamente aquellos afines a su línea de pensamiento parecen tener cabida en el medio en cuestión, esto sin importar si cumplen o no, con el perfil técnico y formación de utilidad.
En adición a lo anterior, y siempre en la línea del respeto al criterio experto, debe recordarse que este elemento debe ser definido por factores técnicos y estrictamente ligados al dominio de fondo de la persona electa para fungir como la fuente experta, mismos que no debiesen ser definidos por afinidad e ideología alguna, menos aún por un aspecto estrictamente mediático, entiéndase en este punto, la escogencia de una persona supuestamente conocedora de una temática, quien no cuenta con ningún elemento probatorio de su aparente dominio técnico. En este punto destaca la elección de expertos meramente por su alcance en redes sociales, donde sus logros obtenidos en el campo profesional y de conocimiento parecen limitarse a la generación de posteo, vídeos y demás, que si bien es cierto pueden ser de interés, no señalan tener un respaldo de índole científico, como si lo pudiese ser la publicación de artículos científicos en revistas indexadas, libros publicados con editoriales de trayectoria, entre otros.
Otro punto de interés radica en la escogencia política de los expertos, acción que podría ser una de las más lesivas al principio de fuente técnica y su esencia, esto pues, en este caso, parece el medio o el comunicador dejar de lado por completo el análisis técnico del evento analizado y sus aristas funcionales, para enfocarse únicamente en su abordaje desde una única perspectiva favorable a cierta posición ideológica de orden político, la cual no admite un criterio en contrario, y se crea una especie de falacia de validación previa, donde cualquier posición en contrario se descarta, así como a su postulante, importando poco o nada la capacidad técnica del mal llamado experto seleccionado, siempre y cuando este sea afín con la idea política que desea transmitirse.
Un último punto de especial atención en la distorsión del concepto de elección del experto como fuente en comunicación es dado por la línea de creencia religiosa, la cual pudiese derivar en temas políticos, donde en ocasiones parece privarse la elección de personas que cuando la vigencia lo cree necesario destacan por su intempestiva profesión de una particular religión, esto aún cuando históricamente su postura nunca ha sido tan marcada en esta línea. Este tema señala ser bastante peligroso para el planteamiento técnico, puesto que, al definirse una elección de personas mal llamadas expertas por este punto, claramente se cae en una discriminación abierta de cualquier profesional que no profese a conveniencia o de forma real el mismo dogma religioso.
La reflexión sobre el tema debe ser profunda, esto tanto para las personas consumidoras de información, así como para los mismos medios, señalando la preocupante y creciente tendencia a la elección de falsos expertos por encima de criterios objetivos, todo por ganar mayor audiencia.Dr. Juan Diego Sánchez Sánchez, Ph.D
Juan Diego Sánchez
Asesor y analista financiero, abogado, profesor e investigador





























