-Albert Einstein-Este escrito debería incluirse en la sección de «Opinión», pero como el tema constituye un fenómeno mundial que ha crecido de forma alarmante en las últimas décadas,, me tomo la libertad de publicarlo en «Mundo» .
Quienes peinan canas, seguramente mantendrán viva en su memoria, una sección llamada “La Risa, remedio infalible”, de la famosa publicación “Selecciones del Reader´s Digest” conocida también como Selecciones, revista mensual de interés general publicada en español desde diciembre de 1940.
Pues bien, a mi madre le encantaba ya que el humor era parte de su vida y gracias a ese talante alegre y dicharachero, logró superar los innumerables obstáculos y tempestades que azotaron su existencia.
Nacida en Cuba, mamá utilizó durante toda su vida un lenguaje muy pintoresco, el cual aderezaba con refranes ancestrales y una serie de vocablos, que aunque la mayoría de las veces nos sorprendían y hacían reír, estaban reconocidos por la Real Academia de la Lengua y captaban a la perfección, el sentido de algunas cosas, reacciones y actitudes humanas.
En este mundo “globalizado” en el que incluso se emplean palabras en otras lenguas, en detrimento del “buen español” que es nuestro idioma oficial, quisiera hoy poner a disposición de los amables lectores, una muy especial, utilizada con frecuencia por mi progenitora ya que define la forma de actuar -cada vez más frecuente- de una enorme cantidad de gente con la cual, no solo en el nuestro, sino en muchos países del mundo, en algún momento tendremos que lidiar, sea en carretera, en el servicio público, en las tiendas, el gobierno de turno e incluso en el seno de nuestras propias familias.
Se trata de la expresión “socotroco”, la cual también se puede escribir con “z” tal y como lo indica el diccionario.
Y es que socotroco (o zocotroco) “es un término coloquial usado en varios países de Hispanoamérica para referirse a un objeto grande, pesado o incómodo cuyo nombre se desconoce o no se quiere mencionar.” Adicionalmente -para qué mentir- “se emplea de forma un tanto despectiva para describir a alguien lento para comprender, poco inteligente para actuar o realmente torpe en su accionar”.
Por suerte no es una palabra que suene vulgar, por lo que -por ejemplo- en vez de insultar a quienes conducen un vehículo mientras “conversan” o escriben mensajes en su celular al mismo tiempo; o a aquellos que en redes sociales garrapatean barbaridades con grotescas faltas ortográficas y sin siquiera documentarse; o a los políticos de turno que brindan discursos totalmente incoherentes y al final ni dicen ni ofrecen nada concreto, podríamos simplemente calificarlos de “socotrocos”, reírnos a nuestras anchas de la sonoridad del vocablo y de manera totalmente inocua, soltar junto con la palabra, el estrés que semejantes personajes nos provocan a diario.
A aquellos que obstaculizan trámites, que ponen en peligro su vida y las de los demás con sus “ocurrencias” en carretera; que “disparan” opiniones sin fundamento a diestra y siniestra o que simplemente se quedan impávidos, balbuceando incoherencias frente a las peticiones y urgencias del prójimo, no se extrañen si de pronto alguien los califica de “socotrocos” pues efectivamente, calzan a la perfección en dicha categoría.
A mi hoy, en un trayecto de 9 kilómetros, me aparecieron por lo menos tres. Pero gracias a los recuerdos que guardo de mi progenitora, llegué a casa con sonrisa de oreja a oreja y decidida a compartir esta inusual sugerencia
Adriana Núñez
Periodista Visión CR
Expresidenta Colegio de Periodistas





































