Los resultados de PISA 2025 deberían obligarnos a mirar con seriedad hacia dónde estamos llevando la educación costarricense. Costa Rica logró mejorar en ciencias respecto de 2022, pero continúa por debajo del promedio de la OCDE en ciencias, matemática, lectura y resolución computacional de problemas. El dato más preocupante aparece en matemática: apenas el 30 % de nuestros estudiantes alcanzó el nivel mínimo de competencia, frente al 65 % de la OCDE.
Ante este escenario, hablar de educación STEAM es necesario, pero insuficiente.
STEAM: Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Artes y Matemáticas, ofrece una extraordinaria oportunidad para superar la enseñanza fragmentada y conectar conocimientos con problemas reales. Su aplicación adecuada puede fortalecer el pensamiento crítico, la creatividad, la innovación, la resolución de problemas, la alfabetización tecnológica y científica, el trabajo colaborativo y la capacidad de diseñar soluciones.
Costa Rica ya tiene experiencia en esta dirección. El Ministerio de Educación Pública incorporó la educación STEAM como estrategia nacional desde 2019, con el propósito de desarrollar habilidades para la vida, reducir brechas y fomentar vocaciones científicas y tecnológicas.
Sin embargo, existe un riesgo que debemos discutir: convertir STEAM en una etiqueta y no en una transformación pedagógica.
STEAM puede decirnos qué conocimientos integrar, pero no necesariamente cómo lograr que el estudiante construya aprendizajes profundos. Allí adquiere especial importancia el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP).
El ABP coloca al estudiante frente a una situación auténtica que exige investigar, formular preguntas, analizar información, tomar decisiones, construir soluciones, equivocarse, mejorar y presentar resultados. En otras palabras, transforma al estudiante de receptor de información en protagonista de su aprendizaje.
Por eso, en la educación superior costarricense no deberíamos preguntarnos si debemos utilizar STEAM oABP. La pregunta correcta es cómo podemos integrar ambos enfoques.
Cuando en la educación utiliza exclusivamente STEAM, corre el riesgo de concentrarse demasiado en la integración de disciplinas, la tecnología y las competencias técnicas, pero sin garantizar que exista un proceso pedagógico suficientemente estructurado para convertir esas experiencias en aprendizaje profundo. Puede haber laboratorios, tecnología, programación, robótica, diseño e innovación, pero eso no significa automáticamente que exista una educación transformadora.
El problema no es STEAM. El problema es utilizar STEAM como fin y no como medio.
La educación (primaria, secundaria y universitaria) del futuro necesita profesionales capaces de resolver problemas complejos, pero también de comprender su contexto, comunicarse, trabajar con otros, cuestionar información, tomar decisiones éticas y generar valor para la sociedad.
Por eso propongo una ecuación educativa diferente:
STEAM + ABP + pensamiento crítico + humanismo + evaluación auténtica = formación profesional pertinente.
No se trata de abandonar la enseñanza disciplinar ni de convertir todas las asignaturas en proyectos. Se trata de utilizar el proyecto como vehículo para integrar conocimientos y demostrar que lo aprendido puede aplicarse a situaciones reales.
La experiencia de algunas universidades costarricenses demuestra que esto es posible. ULACIT, por ejemplo, declara un modelo de aprendizaje activo basado en proyectos, problemas, retos, indagación y servicio, colocando problemas reales y productos auténticos en el centro de la experiencia educativa.
Los resultados de PISA 2025 deberían ser, entonces, más que una estadística: deberían convertirse en una llamada de atención para todo el sistema educativo, incluida la educación superior.
Costa Rica no necesita simplemente más estudiantes que sepan utilizar tecnología. Necesita personas capaces de utilizar conocimiento, tecnología, creatividad y criterio para resolver problemas reales.
El desafío de la educación no consiste en elegir entre STEAM y ABP. Consiste en construir una educación donde ambos enfoques se complementen y donde el conocimiento deje de ser solamente algo que se estudia para convertirse en algo que se utiliza para transformar la realidad.
El futuro de Costa Rica no dependerá únicamente de cuánto conocimiento acumulemos, sino de nuestra capacidad para convertir ese conocimiento en soluciones.
Dionisio Rojas
CEFOLOG de Costa Rica, Director




































