Estamos a pocas semanas de las elecciones de febrero de 2026.
Al fin la campaña está calentando con los debates y poco a poco el aire se está saturando de jingles pegajosos, banderas de colores y, sobre todo, de esa especie de ficción literaria que llamamos "planes de gobierno".
Si usted pone atención, todos los candidatos parecen haber descubierto la pólvora: prometen bajar el costo de la vida, reducir impuestos, aumentar la seguridad y eliminar la burocracia con la misma facilidad con la que un mago saca un conejo de un sombrero.
Pero mientras los candidatos se abrazan en las ferias del agricultor y prometen que "ahora sí" el dinero alcanzará para todos, usted tiene un negocio que dirigir o una familia que mantener.
La realidad, lamentablemente, no tiene presupuesto para publicidad política.
El ciclo es predecible.
En enero prometen eliminar el impuesto a las sociedades o reducir los tramos de renta para las PYMES. Pero en mayo, cuando el ganador se sienta en la silla de Zapote y se da cuenta de que el hueco fiscal es más profundo que los huecos de nuestra poderosa red vial, el discurso cambia.
De la "reactivación económica" pasamos al "ajuste necesario por el bien de la patria".
El problema es que el empresario tico suele ser optimista por naturaleza.
Muchos cometen el error de postergar decisiones de inversión o ajustes de costos esperando que el "nuevo mesías" de turno cumpla su promesa de alivio fiscal.
La historia nos dice que, sin importar el color de la bandera, el Estado costarricense tiene una inercia propia: gasta más de lo que tiene y siempre busca a quién cobrarle la diferencia.
¡Todos sabemos quién termina pagando los platos rotos!
Para navegar este 2026 sin encallar en las promesas vacías, la única ideología que usted debe seguir es la de su propio estado de resultados.
El presupuesto de "peor escenario": Proyecte su año con cifras reales, no las que dicen los candidatos.
Use la realidad de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas y los ajustes que ya están programados. Si un candidato dice que va a bajar el IVA, sonría para la foto, pero mantenga su flujo de caja proyectado al 13%. Es mejor que le sobre dinero a final de año a que le falte porque creyó en un eslogan de campaña.
Liquidez como escudo: El tipo de cambio y tasas de interés en los años electorales son volátiles, movidos por el miedo y la especulación. Mantenga una reserva de liquidez mayor a la habitual.
En "la finca", el gobierno puede cambiar de manos, pero las deudas de Hacienda y la Caja no se olvidan de nadie.
Desconfianza institucional preventiva: Si planea realizar una inversión grande que dependa de una exoneración o un incentivo prometido, espere a que esté publicado en La Gaceta.
Entre el dicho del candidato y el hecho del burócrata, hay un abismo de tres años de trámites y diez recursos de amparo.
Vote por quien le dicte su conciencia, pero gestione su empresa con el rigor de quien sabe que, pasadas las elecciones, el cobrador de Hacienda y la Caja va a llegar a la misma hora de siempre.
La verdadera independencia financiera en 2026 no vendrá de un decreto presidencial ni de un discurso en la Asamblea Legislativa.
Vendrá de su capacidad para proteger sus finanzas empresariales y personales de decisiones políticas irresponsables.
El mejor plan de gobierno es el que usted mismo ejecuta en sus libros contables, asegurándose de que, sin importar cuánto intenten "repartir" lo ajeno, su empresa siga siendo suya y no una sucursal del Ministerio de Hacienda.





































