PhD Esteban Álvarez
Analista político y especialista en inteligencia comercial e investigación de mercados
Durante años se ha utilizado la expresión “pensar fuera de la caja” para hablar de innovación, transformación y creatividad. La invitación parece sencilla: buscar soluciones diferentes, romper esquemas, atreverse a mirar más allá de lo conocido. Pero hay un problema. Seguimos dando por válida la caja.
En las empresas ocurre con frecuencia. Cambian los consumidores, aparecen nuevas tecnologías, se transforman los mercados y surgen competidores que hace pocos años ni siquiera existían. Sin embargo, muchas de las preguntas con las que intentamos entender esa nueva realidad siguen siendo las mismas.
Preguntamos cómo vender más cuando quizá deberíamos preguntarnos por qué alguien debería seguir comprándonos. Buscamos mejorar un producto cuando el cambio puede estar ocurriendo en la categoría completa. Intentamos hacer más eficiente un proceso sin detenernos a pensar si todavía tiene sentido hacerlo de esa manera.
Algo parecido ocurre cuando observamos la realidad nacional. Costa Rica lleva años discutiendo temas como competitividad, infraestructura, educación, empleo o productividad. Cambian los gobiernos, aparecen nuevas propuestas y se acumulan diagnósticos, pero algunas de las preguntas permanecen casi intactas.
Mientras tanto, el país al que intentamos aplicarlas ha cambiado. La estructura del empleo ya no es la misma. Las empresas compiten en mercados mucho más abiertos. La tecnología está transformando profesiones enteras y las decisiones de inversión comparan a Costa Rica con otros países que también buscan atraer empresas, capital y talento.
Quizá por eso algunos de nuestros problemas resultan tan resistentes. Seguimos tratando de resolverlos dentro de las mismas categorías en que los hemos discutido durante años.
Hablamos de educación sin conectarla suficientemente con el empleo que estamos creando. De infraestructura como una lista de obras pendientes y no siempre desde su efecto sobre productividad y competitividad. De inversión extranjera sin preguntarnos solamente por qué llega, sino también qué tendría que ocurrir para que permanezca, crezca y genere nuevas oportunidades.
En las empresas sucede exactamente lo mismo. Marketing analiza al consumidor, Finanzas los costos, Operaciones la productividad y Recursos Humanos el talento. Cada área puede estar haciendo correctamente su trabajo y, aun así, nadie estar viendo el problema completo.
No se trata de eliminar la especialización ni de cuestionar todo por costumbre. Se trata de reconocer que una respuesta puede ser técnicamente correcta y seguir respondiendo a la pregunta equivocada.
Ahí está quizá el ejercicio más difícil. Antes de buscar otra solución, preguntarnos qué estamos dando por sentado, qué dejamos fuera y si el problema que intentamos resolver sigue siendo realmente el mismo.
Eso vale para una empresa que revisa su estrategia y también para un país que lleva años discutiendo algunos de sus principales desafíos.
Tal vez pensar fuera de la caja ya no sea suficiente. De vez en cuando también conviene preguntarse quién construyó esa caja, para qué realidad fue construida y, sobre todo, si todavía sirve para entender la realidad que estamos viviendo.





































