Costa Rica atraviesa un momento decisivo en la discusión sobre el futuro de sus océanos. La ampliación de áreas marinas protegidas, el fortalecimiento de las Áreas Marinas de Pesca Responsable, la implementación de estrategias de economía azul, la adaptación al cambio climático y la búsqueda de nuevos mecanismos de gobernanza oceánica forman parte de una agenda nacional cada vez más visible. Sin embargo, detrás de muchos de estos debates persiste una pregunta fundamental: ¿es posible conservar la biodiversidad marina y, al mismo tiempo, mantener pesquerías sostenibles que sostengan el bienestar de las comunidades costeras?
La respuesta es sí. Pero lograrlo requiere abandonar enfoques simplistas que presentan a la pesca y la conservación como objetivos incompatibles. Durante décadas, la gestión pesquera se concentró principalmente en aspectos biológicos y económicos, prestando relativamente poca atención a las dimensiones humanas que determinan el éxito o fracaso de las políticas públicas. Hoy existe un creciente reconocimiento de que las pesquerías son sistemas socioecológicos complejos, donde los resultados ecológicos dependen tanto del estado de los recursos como del comportamiento de las personas que dependen de ellos.
Este cambio de paradigma tiene profundas implicaciones para Costa Rica. Los pescadores no toman decisiones únicamente en función de ganancias económicas. Sus acciones también están influenciadas por conocimientos tradicionales, identidad cultural, percepciones de riesgo, relaciones sociales y niveles de confianza en las instituciones. Ignorar estos factores puede conducir a regulaciones bien intencionadas, pero ineficaces, generando incumplimiento y conflictos sociales no previstos.
Precisamente por ello, las discusiones actuales sobre la expansión de áreas marinas protegidas deberían evolucionar desde una lógica de exclusión hacia una lógica de integración. La evidencia internacional demuestra que las medidas de conservación generan mejores resultados cuando incorporan participación efectiva, aprendizaje continuo y corresponsabilidad entre usuarios y autoridades. La gobernanza adaptativa, entendida como la capacidad de ajustar decisiones conforme surge nueva información, constituye un principio esencial para gestionar sistemas marinos sujetos a incertidumbre ecológica, económica y climática.
Las Áreas Marinas de Pesca Responsable representan una oportunidad particularmente valiosa en este contexto. Más allá de ser instrumentos de ordenamiento pesquero, constituyen espacios donde puede materializarse el co-manejo entre Estado, comunidades pesqueras, academia y organizaciones de la sociedad civil. Su verdadero potencial radica en generar confianza, incorporar conocimiento ecológico local y fortalecer el cumplimiento voluntario de las medidas de manejo. Cuando los usuarios participan activamente en la construcción de las reglas, aumenta la legitimidad de las decisiones y mejora la efectividad de la gestión.
El cambio climático añade un nivel adicional de complejidad. El aumento de la temperatura del mar, la alteración de corrientes oceánicas y la creciente frecuencia de eventos extremos están modificando la distribución de especies y la productividad de los ecosistemas. Frente a esta realidad, los esquemas rígidos de gestión resultan insuficientes. Las instituciones necesitarán desarrollar capacidades de monitoreo, aprendizaje y ajuste continuo, integrando tanto información científica como conocimiento local.
En este escenario, la economía azul ofrece una visión prometedora, siempre que no sea reducida a un simple eslogan. Una verdadera economía azul implica reconocer que la salud de los ecosistemas marinos constituye un activo estratégico para el país. La conservación no debe entenderse únicamente como una obligación ambiental, sino también como una inversión en seguridad alimentaria, empleo costero, resiliencia climática y competitividad económica.
Sin embargo, para que esta visión funcione, es necesario superar una narrativa que todavía aparece en algunos espacios de discusión pública. Las deficiencias históricas de la gestión pesquera no deberían utilizarse para justificar la idea de que la pesca es una amenaza que debe eliminarse progresivamente. Por el contrario, dichas deficiencias deberían motivarnos a construir mejores sistemas de gestión, más transparentes, participativos y basados en evidencia científica. El problema no es la existencia de la pesca; el problema es la ausencia de mecanismos efectivos que permitan compatibilizar el uso sostenible de los recursos con la conservación de los ecosistemas.
La experiencia internacional demuestra que las comunidades pesqueras pueden convertirse en aliadas estratégicas de la conservación cuando cuentan con incentivos adecuados y espacios reales de participación. En muchos casos, son precisamente los pescadores quienes poseen el conocimiento más detallado sobre las dinámicas locales de los ecosistemas, acumulado a través de generaciones de observación directa.
Costa Rica tiene condiciones excepcionales para liderar una nueva generación de políticas oceánicas. La combinación de áreas marinas protegidas, Áreas Marinas de Pesca Responsable, investigación científica, monitoreo participativo y mecanismos de co-manejo podría convertir al país en un referente internacional de gobernanza marina. Pero ello requiere abandonar visiones polarizadas y reconocer que los desafíos oceánicos del siglo XXI no se resolverán enfrentando conservación contra pesca, sino integrándolas dentro de un mismo marco de sostenibilidad.
El futuro de nuestros océanos dependerá menos de elegir entre proteger o producir, y más de nuestra capacidad para diseñar instituciones que permitan hacer ambas cosas simultáneamente. La verdadera pregunta no es si podemos conservar y pescar al mismo tiempo. La pregunta es si estamos dispuestos a construir la gobernanza necesaria para lograrlo.
Helven Naranjo-Madrigal, Ph.D
Científico Pesquero, Investigador Interdisciplinario, Egresado de Programa Postdoctoral, School of Aquatic and Fisheries Science, University of Washington, Seattle, USA / Consultor Lynker-University of Washington / Auditor MSC





































