El futuro de la Patria se decide en las aulas, no en las tarimas de plazas públicas o su equivalente en redes sociales. Hoy, Costa Rica enfrenta una crisis educativa que no es silenciosa: es ruidosa, evidente, confirmada y reconfirmada. Y sin embargo, seguimos actuando como si fuera un problema de otros. Cada punto que baja la inversión, cada niña y niño que no aprende a leer a tiempo, cada joven que fracasa en matemáticas, es un golpe directo a la médula de la Patria. Una Patria, que si no reaccionamos, quedará reducida a un himno sin voz, una bandera sin color, un aula sin estudiantes y por supuesto, más violencia en los hogares y en las calles.
El Estado de la Educación 2025 es contundente: en los últimos siete años, la inversión educativa cayó del 7,5% del PIB a poco más del 5%, la reducción más drástica en cuatro décadas. Eso significa que, ajustado por inflación, el MEP opera hoy con apenas un 84% del presupuesto real que tenía en 2018. El resultado es visible: infraestructura deteriorada, programas eliminados sin reemplazo y educadores que cargan con la crisis en solitario.
La factura se refleja en el aprendizaje. Según las pruebas PISA 2022, siete de cada diez estudiantes costarricenses quedaron por debajo del nivel mínimo en Matemáticas, y las brechas con el promedio dado por la OCDE, se ampliaron en lectura y ciencias. Se trata de una generación que carga con rezagos que no son su culpa, pero que marcarán sus oportunidades de vida.
Y a este panorama se suma la opacidad: el MEP incluso negó al Estado de la Educación el acceso a datos de pruebas nacionales, obligando a este último, a recurrir a la Sala Constitucional. Cuando un país oculta sus propios resultados, no solo se queda sin brújula: renuncia a corregir el rumbo.
El Informe no se queda en la denuncia: propone una hoja de ruta que el país no puede seguir postergando. Es urgente, actuar en las siguientes acciones:
- Financiamiento sostenido: recuperar gradualmente el 8% del PIB en educación, no como consigna política, sino como piso mínimo para garantizar calidad, equidad y cobertura.
- Priorizar la primaria: garantizar comprensión lectora y matemáticas en los primeros años, con formación docente situada, materiales de aula y seguimiento cercano.
- Una política nacional de evaluación: pruebas claras, útiles para docentes y transparentes para la ciudadanía. Sin datos válidos y públicos, no hay mejora posible.
- Reconstruir el ecosistema digital y pedagógico: retomar lo mejor del PRONIE, con conectividad, dispositivos y acompañamiento, sobre todo en las zonas más vulnerables.
- Un pacto nacional por la educación: un acuerdo que trascienda gobiernos, con metas a 15 años, mecanismos de rendición de cuentas y participación ciudadana activa.
No atender esta crisis tiene costos que ya se sienten a niveles alarmantes y que crecerán: una economía menos productiva, una democracia más vulnerable a la manipulación y una sociedad más desigual. El retroceso en educación no es un problema trivial: es una amenaza directa a la promesa de Costa Rica como nación justa y solidaria.
En mi libro Patria Viva escribí que la Patria no se reduce a una pose en un acto cívico: son los infantes que aprenden a leer, los adolescentes que encuentran su vocación en el colegio, los jóvenes que cuentan con recursos para insertarse en una carrera profesional en una universidad pública y las personas adultas que disponen de oportunidades educativas y técnicas para profesionalizarse y encontrar un trabajo digno. Hoy insisto: la Patria no se salva con discursos vacíos, populistas y autoritarios descalificando la educación pública. Se salva con docentes acompañados, con presupuestos blindados, con evaluaciones transparentes y con una voluntad política que mire más allá del próximo periodo electoral.
La Patria está esperando en el pupitre. Si de verdad creemos en ella, devolvámosle a la educación la centralidad que nunca debió perder. Porque una Patria Viva es, antes que nada, una Patria que educa, que acompaña a sus niñas y niños a la escuela, que forma a sus adolescentes en el colegio y a sus jóvenes les materializa oportunidades de desarrollo humano inclusivo.





































