La juventud costarricense es heredera de una democracia construida con esfuerzo y diálogo, pero también es la generación que más se ha distanciado de la política. En los últimos procesos electorales, el abstencionismo entre los menores de 35 años supera el 50 %. Esa desconexión no es indiferencia: es una señal de desconfianza en un sistema que muchas veces no escucha ni representa las voces jóvenes. La política androcéntrica y adultocéntrica desestimula la participación activa y diversa.
Las causas son evidentes. La falta de oportunidades laborales, la precariedad educativa, el costo de la vida y el desencanto con la clase política han generado una brecha generacional en la participación política. Muchos jóvenes sienten que el país no les pertenece o que las decisiones se toman lejos de sus realidades. Pero la democracia no puede avanzar sin su energía, su crítica y su visión de futuro.
Resulta oportuno plantear de manera resumida, algunas ideas y propuestas para atender de manera urgente esa desconexión:
Primero, la educación cívica ha perdido fuerza. Durante años dejamos de enseñar el valor del voto, el papel de las instituciones y la historia de nuestras conquistas sociales. Recuperar ese conocimiento no es un lujo: es una urgencia. Sin memoria democrática no hay ciudadanía plena.
Segundo, las redes sociales se han convertido en el nuevo espacio de participación de las juventudes. Allí los jóvenes debaten, opinan, denuncian y movilizan causas, pero pocas veces traducen esa energía digital en acción electoral, es decir, en acudir a una urna el día de las elecciones. Es necesario transformar la indignación en incidencia plena, y el activismo en votos concretos. Las democracias no se sostienen con “likes”, sino con decisiones colectivas, compromiso y movilización social.
Tercero, el sistema político debe renovarse para incluir verdaderamente a la juventud. No basta con hablarles, hay que escucharles. La participación no es decorativa: implica abrir espacios de liderazgo, reconocer nuevas formas de organización y confiar en su capacidad de proponer. Escuchar y conversar, dejar actuar y conectar. Siempre se busca la forma de atraer a las juventudes, pero no se les dan los espacios reales de participación; basta con ver los directorios, comités ejecutivos y delegaciones de los partidos políticos.
Costa Rica necesita a su juventud no solo como observadora, sino como protagonista. La innovación, el pensamiento crítico, la defensa del ambiente, la lucha por la igualdad y los derechos humanos han nacido, una y otra vez, de la mano de las nuevas generaciones.
He sido enfática en afirmar que el futuro no se hereda: se construye desde la niñez, la adolescencia y las juventudes. Y hoy, más que nunca, la historia necesita su voto. Porque cuando los jóvenes se ausentan, las personas adultas deciden por ellos; pero cuando participan, no sólo eligen, sino que se comprometen con su propio futuro. La juventud tiene el poder de transformar nuestro presente y construir el futuro de la Patria.





































