Bajo la presidencia de Rodrigo Chaves a punto de concluir, la República de Costa Rica ha hecho una apuesta de claro alineamiento con el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y con ello deja a la sucesora Laura Fernández una alta hipoteca a pagar. Una hipoteca que en realidad la tendrán que pagar todos los ciudadanos costarricenses, quienes no han sido consultados sobre esta arriesgada política exterior. Se trata, pues, de una decisión personal por encima de cualquier decisión de país, basada en la idea de que los Estados Unidos son el país hegemónico sin discusión.
Mapa de la “Gran América del Norte” que la actual administración de Estados Unidos ha recuperado para justificar sus reivindicaciones.
Con los datos en la mano, lo cierto es que Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de todos los países desde México hasta Colombia, además de que sus turistas representan el 60% del total de turistas en Costa Rica. Con este escenario, el Ministerio de la Guerra norteamericano lanzó recientemente una propuesta llamada “Gran América del Norte”, la cual se fundamenta en un mapa que muestra la zona geográfica considerada como vital para la seguridad nacional de los Estados Unidos, que abarca desde Groenlandia hasta la línea del Ecuador. Este mapa fue creado al acabar la Segunda Guerra Mundial por un grupo de tecnócratas norteamericanos, quienes ya consideraron entonces tanto el espacio geográfico como los recursos clave, desde los ríos canadienses hasta el petróleo venezolano. En este mapa todos los pequeños países centroamericanos quedan bien integrados sin ningún respeto hacia su soberanía, pero eso no parece importarle demasiado al señor Rodrigo Chaves, quien no ha tenido ninguna duda sobre dar total apoyo a la actual administración estadounidense para sus nuevos planes de dominación en las Américas.
En este punto reitero que se trata de una decisión personal y de subordinación, no de una decisión del Estado costarricense que por primera vez en su historia desde el siglo XIX no tiene en este momento una política exterior definida. En cualquier caso, al señor Rodrigo Chaves no le faltan razones para dar este apoyo incondicional según su ideología, aunque ello comprometa a todo el país de cara al futuro. Se entiende muy bien ahora la política de privatizaciones impulsada desde el actual gobierno costarricense, con proyectos que abarcan desde el Banco de Costa Rica hasta la Caja del Seguro Social, pasando por el recorte de los presupuestos destinados a la educación pública, todo muy en la línea socioeconómica del modelo estadounidense en el que priman los intereses privados por encima del bien común. En paralelo a estas decisiones destacan los numerosos planes de recalificación de terrenos para especular con el suelo en muchas partes del país, lo cual ha proporcionado al partido político del señor Rodrigo Chaves una gran cantidad de votos en las respectivas elecciones, tanto en su victoria de 2022 como en su victoria de 2026.
Los presidentes Rodrigo Chaves y Donald Trump se saludan durante la Cumbre del Escudo de las Américas celebrada el pasado 7 de marzo. Foto AFP/Saul Loeb
El mandato de 4 años del gobierno de Rodrigo Chaves concluye con un crecimiento anual de la economía del país de un 5%. Por otro lado, dicho mandato deja episodios como el bloqueo a la empresa china Huawei en sus negociaciones de acceso a la infraestructura nacional de telecomunicaciones 5G, que se saldó con la revocación de visados para numerosos funcionarios y políticos costarricenses por parte de los Estados Unidos. En esta cuestión hay que volver a recordar el peso de las empresas norteamericanas, las cuales representan el 70% del total de compañías internacionales en Costa Rica. Un peso económico que viene acompañado por la línea política del actual gobierno estadounidense, en cuyos principales objetivos está evitar grandes proyectos de la República Popular China en América Latina. Una vez más los intereses privados pasan por encima de las políticas públicas, rompiéndose así un equilibrio de “modelo híbrido” que había perdurado en Costa Rica durante décadas.
Pero dentro de este contexto, Costa Rica como un pequeño país que es, se encuentra en una posición muy vulnerable. Obviamente, los poderes políticos y económicos costarricenses están mucho más en sintonía con Estados Unidos y con la Unión Europea, antes que con la República Popular China. La gran cuestión aquí es si el aumento de las desigualdades sociales y la criminalidad, podrán hacer viable el proyecto de nación costarricense sometida al poder norteamericano. Lo que sí se ve muy claro es que podemos tener grandes riquezas y democracia, pero no las dos cosas a la vez. Y este dilema aplica para casi todos los países occidentales frente a un modelo chino que cada día refuerza el camino exitoso de su democracia popular. El dilema, pues, está entre optar por un poder de los millonarios representado en las grandes empresas norteamericanas, o bien optar por un poder político representado en el socialismo con características chinas.
Para el señor Rodrigo Chaves la elección es muy clara desde el momento en el que proclama que “hay que limpiar al hemisferio de comunistas”. Sus votantes respaldan en buena medida este pensamiento, a pesar de que la mayoría de las personas en Costa Rica desconocen por completo el camino exitoso de China gracias a su modelo político y económico. En Costa Rica, hasta cierto punto es lógico que se piense mayoritariamente que la propiedad privada debe estar por encima del espacio público, pues el modelo individualista norteamericano es el que prevalece en el país desde hace más de un siglo. Por lo tanto, siempre se verá con mayor simpatía a Estados Unidos que a China en términos generales. En esta cuestión también entran en juego los valores religiosos de la cultura judeocristiana en todos los países americanos, desde Alaska hasta la Patagonia. Es por todo ello que la posición de Costa Rica bajo el liderazgo norteamericano no está en disposición de plantear un cambio en su relación de alianzas. La visión de China y su influencia todavía se perciben como algo lejano y extraño. En realidad, la cultura china y sus valores son absolutamente desconocidos, una civilización ligada a la armonía y la paciencia.
Mientras la Embajada de Estados Unidos en Costa Rica hace planteamientos de cooperación descaradamente hegemónicos, la Embajada de China en Costa Rica hace justo lo contrario. Como ejemplo dentro del marco del 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos que se celebra este año, destacan las “subvenciones” que la embajada estadounidense concede a todos aquellos proyectos culturales que muestren la aportación norteamericana para el progreso de Costa Rica a todos los niveles. Es decir, una visión de Estados Unidos como salvador de los pobres países latinoamericanos, algo que la historia misma desmiente. En el lado opuesto, los proyectos de cooperación chinos siempre buscan una incidencia real en las políticas de gobernanza pública para la mejora de las condiciones de vida. Sin duda, toda una batalla ideológica.
La Embajadora Wang Xiaoyao y el ministro de Relaciones Exteriores costarricense, Arnoldo André Tinoco, tras la firma de acuerdos de cooperación en 2025. Foto República Popular China en Costa Rica
Pero tal como se ha señalado, el peso cultural y religioso es demasiado grande entre Costa Rica y los Estados Unidos para beneficio directo de las relaciones capitalistas. En los últimos 80 años, miles de inmigrantes costarricenses que han vinculado su vida laboral al paso por tierras norteamericanas, ha tenido un impacto en el plano económico que ha permitido un indiscutible progreso material para muchas familias. Este es un resultado real, aunque supeditado a los altos costes de asumir un estilo de vida basado en el endeudamiento familiar. Sin embargo, para un político como el señor Rodrigo Chaves este es un modelo de éxito, y por lo tanto su alineamiento personal con el señor Donald Trump está por encima de cualquier otra consideración. En este tipo de ideología los negocios van primero antes que los derechos humanos, pero esta mentalidad es también la que puede llevar al desastre a toda una sociedad, e incluso a todo un país.
La gran ventaja para el continente americano, gracias a su mayor aislamiento geográfico y a sus propios recursos, es que se puede ver menos afectado que el resto de los continentes frente a una situación de gran inestabilidad global ligada a fuentes de recursos energéticos, como es el caso del Golfo Pérsico. Esta es la baza que quiere jugar Donald Trump junto a sus aliados del Escudo de las Américas, pero quizás no están calculando que dentro de este “juego de intereses” hay muchas variables, y que un país como China dispone en este momento de mecanismos muy poderosos para hacer tambalear al mundo entero. En mi opinión, la arriesgada política exterior de Costa Rica vinculada al actual mandatario de la Casa Blanca puede suponer un gran problema en el futuro para el país si la situación dentro de los Estados Unidos vive convulsiones profundas. A efectos económicos, Costa Rica ya es un país excesivamente caro, con gran parte de la población viviendo al límite de sus posibilidades. En Estados Unidos el panorama social está todavía más tensionado, pero algunos quieren seguir creyendo en viejos modelos que ya no tienen ningún futuro. Por el contrario, el mundo del mañana ya se está escribiendo desde Asia, pero esto es algo que no se quiere asumir en Occidente.





















